Estimados lectores, la Liturgia de la Iglesia Católica nos propone para nuestra reflexión las siguientes lecturas: Sabiduría 18, 6-9; el Salmo 32 con el estribillo “dichoso el pueblo escogido por Dios”; Hebreos 11, 1-2.8-9 y el Evangelio según san Lucas 12,32-48. Propongo la siguiente reflexión que nos ayude a “sacar” un mensaje de las lecturas a través de tres momentos: texto, contexto y pretexto.
¿Qué dice el texto? El Evangelio de nuestro Señor Jesucristo ilumina todo el Antiguo Testamento y es la clave de lectura de la Palabra de Dios, porque es la promesa hecha por el Padre para nuestra salvación y es el cumplimiento de nuestras esperanzas. El texto de este domingo tiene tres momentos: primero, una invitación a buscar el tesoro en los bienes del cielo; segundo, estar preparados para la llegada de nuestro Señor, como los criados de aquellos tiempos que estaban con velas encendidas esperando a su amo; y tercero, dos ejemplos de lo que está hablando Jesús en el texto: un padre de familia y un administrador: los dos deben vivir el don recibido no como dueños sino como “administradores”.
¿Cuál es el contexto? El Evangelio de hoy viene después de los textos anteriores que hablan de la avaricia: “aunque uno sea rico, su vida no consiste en sus posesiones”, y de la parábola del rico insensato: “tienes tantas cosas buenas almacenadas para muchos años; descansa, come, bebe, diviértete…así será el que acumula tesoros para si, pero no es rico en lo que importa a Dios”. El texto de hoy es una invitación a la fidelidad, a la prudencia y a la confianza en las promesas de Dios.
¿Por qué se habla de una “segunda venida”? Los primeros cristianos creían y esperaban que su Señor y Maestro vendría pronto. Para ellos la destrucción de Templo de Jerusalén era un evento clave. Sin embargo, cuando sucedió y no llegaba, extendieron la espera. Hoy todavía existen “iglesias” que ponen fecha a este acontecimiento. Sin embargo, dice la Palabra de Dios que “nadie sabe el día ni la hora” (Mc. 13,32), pero el tiempo de la Iglesia es el que transcurre entre la Ascensión de Jesús y su segunda venida llamada “Parusía” (Mt 24,30; Ap. 1,7).
Pretexto: ¿para qué se escribió este texto y este mensaje?. Primero, porque Dios no miente, y si Él dijo que iba a regresar, regresará. Segundo, porque nuestra meta definitiva no es vivir para siempre en la tierra, sino llegar a donde está Él, es decir, a ese lugar llamado “cielo”. Tercero, porque lo que somos y tenemos se nos ha dado en “préstamo”, es decir, somos “administradores”, de manera que debemos dar cuentas de lo que hemos hecho con ello: si lo guardamos por miedo, si lo invertimos haciéndolo rendir, si lo compartimos con los demás, si hicimos el bien. Y el dueño de lo que se nos ha confiado regresará a pedir cuentas de sus cosas.
¿Qué mensaje propongo de todo esto y de una mirada general de las lecturas? Para muchas personas este tipo de textos, como el del Evangelio, les puede causar temor. Sin embargo, no tiene esta finalidad, sino invitarnos a la fidelidad y a la prudencia en nuestra vida, ya considerar con seriedad lo que dice la Biblia, siempre desde la óptica de la fe, como un mensaje de salvación para nuestra vida y nuestros días.
Abraham y Sara (segunda lectura) son un ejemplo para nosotros de lo que dice la frase de la primera lectura (la firmeza de las promesas en las que habían creído) y que nos hace pensar en dónde ponemos nuestra confianza, nuestra esperanza, el fundamento de nuestro diario vivir. Un cristiano es un bautizado que puede dar testimonio de haber sido salvado (como el pueblo de Israel), no por sus méritos sino por el amor desmedido del Padre; es una persona que ha sido rescatada, de sus pecados y del egoísmo que puede anidarse en el corazón; es una persona que ha sido invitada por el Señor a vivir un camino de fe, donde el faro es su Palabra, sus promesas y los valores del Reino; es una persona que reconoce que lo que tiene es un “préstamo” y que, tarde o temprano, deberá dar cuentas.
¿En quién creemos?, ¿en qué creemos?, ¿qué promesas nos han hecho?, ¿las conoces? ¿qué es lo que le da firmeza a tu vida, a tu futuro? Allí es donde brota la necesidad de buscar conocer la Palabra de Dios y la voluntad de Dios sobre la creación, donde estamos incluidos.
Queridos lectores: que la firmeza de nuestra vida no esté en la cuenta bancaria, en los conocimientos que tengamos, en la experiencia de vida, sino en una persona: Jesucristo; y en su Palabra. Toda la Biblia está llena de ejemplos de esto. Que nuestra vida también sea eso: un testimonio de la firmeza de creer y de esperar en Dios, porque Él no defrauda. ¡Y sabemos en quién hemos puesto nuestra esperanza!
Que María santísima nos ayude a ser discípulos y misioneros de esa esperanza. Bendecido domingo.
P. José David Huerta Zuvieta







Discussion about this post