Ciudad de México (3 de noviembre de 2026).- La reducción de la jornada laboral a 40 horas semanales representaría un desafío económico para las empresas mexicanas, debido al incremento en los costos de operación y la necesidad de reorganizar sus plantillas para mantener los niveles de producción.
La estimación que da título al análisis plantea que el impacto podría alcanzar los 10 mil millones de dólares, alrededor de 180 mil millones de pesos, conforme al tipo de cambio.
El cambio no contempla una reducción de salarios ni prestaciones para los trabajadores, por lo que las empresas deberán cubrir sus obligaciones con menos horas ordinarias de trabajo.
La reforma establece una aplicación gradual: en 2027 la jornada máxima será de 46 horas semanales; en 2028 bajará a 44; en 2029 será de 42 y en 2030 llegará a 40 horas.
Uno de los principales retos estará en las actividades que requieren mantener operaciones durante más tiempo, como la industria manufacturera, el comercio, los servicios y las empresas con turnos continuos.
Para cubrir las horas que dejarán de laborarse, algunos negocios podrían recurrir a nuevas contrataciones, reorganizar horarios o utilizar jornadas extraordinarias, dentro de los límites establecidos en la legislación.
El impacto será distinto dependiendo del tamaño de cada empresa, su actividad y la cantidad de trabajadores que tenga.
La transición obligará a revisar presupuestos, productividad y esquemas de contratación para evitar que la reducción de horas afecte la continuidad de las operaciones.
La reforma busca beneficiar a los trabajadores sin disminuir sus ingresos, pero su aplicación también pondrá a prueba la capacidad financiera de las empresas.

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