El temor a nuevas réplicas llevó a numerosos habitantes de Panamá a pasar la primera noche después del terremoto de magnitud 7.7 fuera de sus viviendas, mientras comerciantes y vecinos permanecían en las calles vigilando sus negocios y evaluando los daños provocados por el movimiento telúrico.
El sismo ocurrió el viernes 9 de octubre de 2026 y tuvo su epicentro cerca de Tonosí, en el sureste del país. Aunque los primeros reportes no registraron víctimas mortales, las autoridades informaron de importantes afectaciones materiales y cerca de una treintena de personas con heridas leves.
Habitantes vigilan sus negocios ante el temor de nuevos derrumbes
En Penonomé, una de las localidades más afectadas, algunos comerciantes permanecieron durante la noche frente a sus establecimientos para vigilar las estructuras dañadas y evitar posibles robos.
Entre los inmuebles afectados se encuentra un hotel de cuatro niveles cuya fachada y balcones colapsaron, dejando escombros sobre vehículos estacionados en el exterior. También resultaron dañadas una de las torres de la iglesia local y la sede de la Gobernación.
Los habitantes describieron momentos de angustia durante el temblor, que sorprendió a trabajadores y residentes mientras intentaban evacuar edificios. Algunos optaron por permanecer en espacios abiertos por miedo a que las construcciones dañadas no resistieran nuevos movimientos.
Casi un centenar de réplicas mantienen la preocupación
Durante las horas posteriores al terremoto se registraron numerosas réplicas, algunas de magnitud considerable. El Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá contabilizó cerca de un centenar de movimientos entre la noche del viernes y la mañana del sábado, lo que dificultó el descanso de la población.
Los reportes oficiales señalaron daños en alrededor de 400 edificaciones en distintas zonas del país, además de afectaciones en carreteras e infraestructura pública. También se reportaron problemas en plantas potabilizadoras, mientras los equipos técnicos revisaban las condiciones de los inmuebles para determinar cuáles podían seguir utilizándose de manera segura.
El terremoto alcanzó una magnitud de 7.7, de acuerdo con el Servicio Geológico de Estados Unidos, y activó temporalmente alertas de tsunami en zonas del Pacífico.
Las autoridades continuaron las inspecciones y el monitoreo de la actividad sísmica para evaluar los daños y reducir los riesgos para las comunidades afectadas. Mientras tanto, numerosas familias permanecieron fuera de sus hogares a la espera de tener condiciones seguras para regresar.

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