“Nadie puede hacerte daño sin tu permiso. La felicidad depende de una persona: de Ti”
Mahatma Gandhi.
Todo ser humano vive en comunidad, somos seres gregarios y difícilmente alguien puede alejarse a vivir a una cueva en medio de la nada y decir yo no necesito de nadie.
En cambio, en la convivencia familiar ahí es otra cosa, pues por conveniencia y a pesar de la resistencia de alguno de los miembros es necesario aplicar reglas básicas como: respeto, colaboración mutua, agradecimiento.
Es muy importante que haya un equilibrio sano en la interacción misma que se puede aplicar en cualquier organización grupal como es la escuela, el trabajo o incluso en el ámbito social.
Observo que hay familias en donde un solo miembro sostiene la relación familiar por consiguiente hay un desgaste físico y emocional muy fuerte en él o ella.
Hoy les comparto algunas ideas sobre como trabajar para lograr un sano equilibrio.
Poner límites es un acto de amor propio. Nadie es más o menos importante que otro. Todos son importantes, grandes, pequeños. Es una actitud de ganar- ganar.
La persona que es subestimada tiene que cuidarse, proteger lo más valioso: su equilibrio mental, emocional, espiritual. Cuando se ponen reglas claras se delimitan fronteras de participación de cada miembro, de esta manera, todo funciona mucho mejor.
Quien se anima a poner límites es porque tiene claridad en el esquema familiar y con su colaboración y experiencia hace que todos la tengan también evitando duplicación de tareas o quejas. Poner límites es darle importancia y prioridad a la vida familiar.
Por último, y no por ello menos importante, es tener una comunicación abierta para expresar con puntualidad y respeto lo que es molesto y lo que duele de los demás.
De esa forma al tener reglas claras y precisas de cómo se deben llevar a cabo las relaciones familiares, se van a ahorrar un sin número de problemas a futuro.
“Trata a los demás como quieras que te traten a ti”
Regla de Oro.
PAZ Y BIEN

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