Francia vivió una nueva jornada de protestas estudiantiles con enfrentamientos en París y Nantes, mientras miles de personas exigen mejoras educativas y rechazan los recortes al sector público.
Las manifestaciones del martes 13 de octubre se intensificaron en distintos puntos de Francia. En París, los enfrentamientos entre grupos de manifestantes y policías antidisturbios se concentraron cerca de la plaza Vauban, junto al complejo de Los Inválidos.
Durante los disturbios, agentes utilizaron gases lacrimógenos y cañones de agua para dispersar a los manifestantes, mientras algunos participantes lanzaban objetos contra las fuerzas de seguridad. También se reportaron barricadas improvisadas y vehículos incendiados en la capital.
El Ministerio del Interior francés calculó que alrededor de 161 mil 500 personas participaron en las movilizaciones en todo el país, incluidas 41 mil 500 en París. Los sindicatos elevaron la cifra a aproximadamente 480 mil participantes.
Aunque se registraron episodios violentos, las autoridades señalaron que la mayoría de las concentraciones transcurrió de manera pacífica. Organizaciones defensoras de los derechos humanos, sin embargo, cuestionaron el uso de la fuerza policial y pidieron garantizar la seguridad de los jóvenes que participan en las protestas.
Estudiantes reclaman mejores escuelas y mayor inversión
Las movilizaciones comenzaron en septiembre, impulsadas por estudiantes de secundaria que denuncian la falta de profesores, el deterioro de las instalaciones educativas y la saturación de las aulas.
Con el paso de las semanas, las protestas se extendieron a ciudades como Marsella, Lyon y Nantes, donde alumnos, docentes y representantes sindicales se sumaron a las manifestaciones para exigir mejores condiciones en las escuelas y rechazar los recortes al gasto público.
La activista sueca Greta Thunberg también participó en una concentración en Saint-Denis, al norte de París. Durante su intervención, criticó la falta de inversión educativa y afirmó que los jóvenes no están siendo escuchados por las autoridades.
El movimiento representa un nuevo desafío para el Gobierno francés, que enfrenta una creciente presión social en medio de las discusiones presupuestarias. Los manifestantes buscan que sus demandas sean atendidas y que se destinen más recursos para mejorar la calidad de la educación pública.

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