La movilidad urbana debe ser lo más ágil posible y segura para el bien de la sociedad que cohabita en una ciudad, sea esta, chica, mediana, grande o metropolitana.
Y por ello, debe haber reglas claras bien difundidas entre automovilistas y las familias en general, pues atañen a los peatones, transporte público, ciclistas, motociclistas, automovilistas y transporte de carga, entre otros.
Cd. Victoria, la capital tamaulipeca, es una ciudad entre pequeña y mediana con más de 300 mil habitantes que debería ser ejemplo de buena movilidad urbana, pero ocurre lo contrario, es compleja y riesgosa.
La mayoría de sus calles en todo el centro y decenas de colonias y fraccionamientos son de un solo sentido, con muy pocas avenidas de doble sentido y bulevares o libramientos.
La nomenclatura del centro es quizá única en el país. Aunque las calles tienen nombre se conocen más por el número y en lugar de ser nones al oriente y pares al poniente como es ordinario, son números progresivos al poniente y números de ceros al oriente. Algo muy confuso para los foráneos.
Hay pocas calles o avenidas que conectan con agilidad de norte a sur en los dos sentidos y los pares viales no funcionan en forma adecuada.
La ciudad tiene banquetas pésimas en el centro de la ciudad, en las colonias y en los fraccionamientos populares e incluso residenciales, de tal forma que los peatones deben circular la mayor parte de sus rutinas, por las calles.
El transporte público de pasajeros es de muy mala calidad por el estado mecánico deficiente de la mayoría de las unidades, la conducción riesgosa de los operadores y la deficiente conectividad de los sitios de mayor dinámica social.
Ello obliga a que miles de personas caminen de sus hogares a los centros de trabajo, las escuelas o al supermercado, entre otros sitios de recurrencia.
Siguen circulando por calles angostas, avenidas secundarias y bulevares o periféricos miles de bicicletas sin protección, luces, placas y de acuerdo a las reglas de vialidad. Muchos circulan en contra o por las pocas banquetas en estado regular.
Cada vez hay más motocicletas circulando en sustitución de bicicletas, autos chocolates o como primer vehículo para los jóvenes. Muchas de ellas para los servicios de entregas a domicilios de restaurantes, tiendas, paqueterías, aboneros etc.
Y lamentablemente buena parte de ellos sin placas, sin casco, sin licencia, sin la ropa adecuada, sin respetar las reglas de vialidad en velocidad y respeto a semáforos y señalamientos de alto y otros.
El deficiente servicio de transporte público también obliga a que en las familias cuando ambos padres laboran y los hijos van a diferentes escuelas, deban existir dos, tres y hasta cuatro autos para cubrir las necesidades de las familias, lo que dispara el número de unidades circulando.
Los ingresos bajos, regulares o medianos de los victorenses obligan a que los autos sean añejos o chocolates, de tal forma que en el paisaje vehicular transitan pocas unidades de modelos recientes y con placas y seguro en orden. Más de la mitad de más de diez años de uso, muchos con placas vencidas, sin placas y obviamente sin seguro.
A ello hay que agregarle una muy deficiente autoridad municipal — ahí donde debe haber un gobernante de verdad, pero cuya silla ocupa Eduardo Gattás Báez– con un pésimo servicio en la Dirección de Seguridad, Tránsito y Vialidad, porque no hay elementos suficientes, carecen de patrullas y equipo apropiado, no hay cobertura de patrullajes preventivos ni fomento a la cultura vial.
Y, por si fuera poco, la señalización vial preventiva en cientos de cruceros es muy deteriorada, sus anuncios quemados por el sol, derribados por accidentes, cubiertos por follaje de árboles, macetas, autos chatarra o simplemente no existen.
La falta de cultura vial, estacionamientos públicos, los autos chatarra abandonados en las calles, la tolerancia a los talleres mecánicos que invaden las calles con unidades descompuestas u olvidadas por sus dueños, la invasión de áreas públicas por yonques, vendedores semifijos, taqueros, carretoneros, los “boteros”,” franeleros”, “lavacoches” y “Viene Viene”, entre otros, por la miopía o negligencia de Livio Flores Rodríguez complican la movilidad urbana.
Todo este rosario de deficiencias e irregularidades en materia de movilidad urbana y vialidad hacen de la capital tamaulipeca una ciudad de muchos riesgos para los peatones, ciclistas, motociclistas, transporte público, transporte de carga, automovilistas y todos los que circulamos por las calles deterioradas y mal pintadas de la calurosa Cd. Victoria.
Hay un crucero en el centro de la ciudad con choques fuertes y muy frecuentes. Me refiero a las calles 18 y Zaragoza, al que he bautizado como “Choques a Domicilio”.
Y es que se trata del crucero en donde está un domicilio de la familia del Director de Seguridad, Tránsito y Vialidad, sin que su conocimiento pleno del punto permita tomar las medidas correctivas necesarias para reducir los accidentes.
Hay que precisar que se trata de la calle Zaragoza con sentido de oriente a poniente, que viene libre para los automovilistas desde la calle 10 al 17 donde está un semáforo y al cruzarlo, el conductor va con la idea de que la calle será libre hasta donde encuentre otro semáforo, pero resulta que al cruzar de inmediato en las calles 18 y 19 es alto obligatorio, en el 20 es libre y en el 21 y 22 es otra vez alto obligatorio.
En el 18 Zaragoza, el follaje de los árboles de la esquina noreste muchas veces cubre el alto obligatorio, por lo que pusieron otro señalamiento de alto en la esquina suroeste. Sin embargo, a pesar del doble alto la inercia de haber cruzado un semáforo y venir de calle libre de altos, hace que el conductor circunstancial, omita el alto y provoque los choques.
Seguramente usted, apreciado lector tendrá una historia similar o parecida cerca de su casa o en el trayecto de su hogar al centro laboral o la escuela de sus hijos.
Y ni la Dirección de Seguridad, Tránsito y Vialidad del Ayuntamiento, en la que despacha por segunda vez Livio Flores Rodríguez, ni la Secretaría de Desarrollo Urbano y Medio Ambiente a cargo de Cristina Lavín Sada (según la página oficial del Ayuntamiento) cumplen su función de “enderezar el jorobado vial” en que convertimos a Victoria.
Claro que la población somos corresponsables, pues no cumplimos con la parte que nos corresponde.
Pero cuando hay una autoridad torpe, miope, ausente, tolerante, irresponsable, comodina o que hace de esas deficiencias un negocio particular, las consecuencias son pérdidas económicas cuantiosas, lesiones que pueden se definitivas o pérdidas de vidas que pudieron evitarse.
Ante ese cúmulo de deficiencias en la materia de vialidad y la indiferencia de las autoridades municipales que encabeza Euardo Gattás Báez, tenga mucho cuidado y precaución al caminar, pedalear, conducir motocicleta o manejar su auto, porque nuestra pequeña o mediana Ciudad Victoria tiene alto grado de riesgo en su movilidad urbana y vialidad.
Buen domingo.
Dios le proteja con su familia.
Si coincide con el comentario comparta, contribuyamos a una mejor ciudad, la casa de todos.

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