Históricamente, la Facultad de Ciencias, Educación y Humanidades (FCEH) de la Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT) ha sido un espacio de lucha política y, para muchos, donde la izquierda ideológica se arraigó desde su fundación. Primero, con los maestros que vinieron de la Ciudad de México, y después, con los alumnos que, convertidos ya en profesores, desarrollaron una larga tradición del pensamiento crítico (categoría que está muy de moda, pero que en aquellos tiempos resultaba peligrosa para el oficialismo).
Ciencias de la Educación, como se conoce a la FCEH, siempre fue una facultad convulsa, donde los directores no duraban en el cargo. Incluso un viejo maestro de la Facultad contaba que, siendo estudiantes, un día a su grupo se le ocurrió hacer un paro para exigir la destitución del director en turno, y cuando les preguntaron por qué lo querían quitar, argumentaron: “porque hacía mucho no quitamos a alguien de la dirección”.
Ahí se refugiaron figuras emblemáticas de la izquierda, como Pedro Alonso Pérez y Luisa Álvarez Cervantes, quienes, a la postre, se convirtieron en académicos e investigadores de prestigio. Ahí también se ha formado una pléyade de figuras que actualmente se dedican a la política o se desempeñan en el ámbito gubernamental, como la diputada Yuriria Iturbe.
Pero, sin duda, esta Facultad, dedicada inicialmente a formar educadores y, posteriormente, sociólogos, historiadores y lingüistas, ha sido para la UAT un distintivo que muestra tolerancia a las ideas, a la crítica y a la resistencia, y la elección del director es compleja.
Desde el fracasado intento de un grupo de alumnos para destituir a la Maestra Cristina Cárdenas cuando era directora en tiempos rectorales de Humberto Filizola, los directores han completado sus periodos de cuatro años y algunos se han reelecto, aunque su designación no han sido del todo tersa después de la llegada del Maestro Valentín Ávila Márquez, quien pertenecía al núcleo tradicional de maestros con mayor arraigo en la Facultad, a partir de ahí, la tensión y el conflicto han sido ingredientes que han acompañado la sucesión.
La llegada del Maestro Pedro Espinoza Baca, estuvo acompañada de voces que lo cuestionaban por no ser Licenciado en Ciencias de la Educación como era la tradición; sino, sociólogo egresado de la Universidad Autónoma de Nuevo León aunque cumplía con el requisito de pertenencia ya que la maestría la había cursado en la Facultad; la elección de su segundo periodo, Luisa Álvarez Cervantes cuestionó su candidatura e intentó postularse para el cargo; después llegó el maestro Ovidio Sánchez a la dirección con el apoyo de su sobrino que en ese entonces era Secretario de Administración de la UAT y aunque era egresado de la licenciatura en ciencias de la educación y maestro en la facultad, nadie lo conocía porque su carrera laboral la había hecho en oscuras oficinas de la administración central, lo que provocó inconformidad entre la comunidad de la entonces Unidad Académica Multidisciplinaria de Ciencias, Educación y Humanidades (UAMCEH), su designación tuvo como resultado cuatro amargos años de hostilidad laboral hacia los maestros, torpeza en decisiones académicas y un ambiente laboral tóxico.
A la llegada de José Suárez a la rectoría, designaron como candidato a Rogelio Castillo Walle pero entonces la Maestra Gabriela Leal se lanzó como candidata evitando que la elección fuera tersa, pero se complicó aún más cuando a la llegada de Guillermo Mendoza a la rectoría designó como candidata a la Doctora Elsa Fernanda González Quintero, la oposición a su candidatura desató un movimiento que llevó a repetir la elección y desembocó en el despido de algunos profesores y una protesta frente a palacio de gobierno.
Por eso, concluido el periodo de cuatro años de la doctora Fernanda, marcado por conflictos laborales que afectaron a la planta docente, la elección resultaba complicada: primero, por la incertidumbre sobre si habría reelección y, en caso de que esta no se diera, qué perfil elegir que no provocara turbulencias, lo que, en cualquier caso, resultaba una decisión difícil para la rectoría.
Finalmente, hace algunas semanas conocimos la propuesta de la candidatura de la Doctora Evelia Reséndiz Balderas, una conocida matemática que durante años se ha dedicado a la investigación y a la cátedra, discreta, afable y con prestigio académico.
De manera unánime, todos los profesores de las más diversas disciplinas sumaron su apoyo, convirtiendo la sucesión en un proceso histórico al realizarse de forma festiva y unánime. Demostrando nuevamente la sensibilidad humanista del rector Dámaso Anaya Alvarado al proponer perfiles empáticos para puestos que requieren atender a la parte más importante de la universidad: los docentes y los alumnos.
La llegada de la Doctora Evelia Reséndiz Balderas representa para la FCEH una oportunidad de crecer en lo verdaderamente importante: el desarrollo académico con seriedad y profesionalismo, donde los profesores tendrán tranquilidad para trabajar y los alumnos tendrán espacios de oportunidad científica. Con ella se inicia una era donde se quedan atrás las pugnas políticas, los cotos de poder, las grillas ociosas, los conflictos, que han empañado el gran trabajo que sus académicos han desarrollado en los años recientes, se abre así un espacio de desarrollo donde la ciencia, la investigación y la cultura serán los ejes de una administración que conoce los problemas de fondo, las dificultades, las limitaciones y los talentos de quienes integran su planta docente.
Porque si algo conoce la Doctora Evelia es el trabajo que se realiza desde el cubículo y el aula; conoce, por su experiencia, la realidad que día a día viven los investigadores, los docentes y los alumnos, porque durante años ha estado ahí, haciendo talacha.
Finalmente, quisiera zanjar la discusión sobre el candidato único, que muchos sostienen que no es democracia; pues bien, el asunto funciona de la siguiente manera: la propuesta del candidato históricamente sale de la oficina rectoral, pero para ser electo director, el elegido debe reunir el 70 por ciento de los votos de la comunidad universitaria que integra la facultad; de no alcanzarlos, no puede ser considerado ganador. El proceso democrático no consiste en elegir entre varias opciones, sino en aprobar o no la propuesta que la rectoría presenta a la escuela; el poder del electorado radica en otorgar o no su voto. De ahí que el triunfo de la doctora Evelia, quien superó ampliamente el 70% de la votación, envíe un mensaje de unidad, aceptación y aprobación de la FCEH hacia su figura. Vaya, desde aquí, mi felicitación a la Doctora Evelia y un agradecimiento al Rector Dámaso por tan acertada propuesta.
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