Parece que fue ayer, pero hace ya 76 años, que se traducen en 912 meses o 332 mil 880 días en que, un 18 de septiembre como hoy, iniciaron las clases en las dos instituciones que dieron vida a lo que llamamos Universidad Autónoma de Tamaulipas.
Ello ocurrió en la ciudad y puerto de Tampico, donde algunos ciudadanos y profesionistas se organizaron para impulsar en el año de 1950 el arranque de las escuelas de Derecho y Medicina.
Ya había el antecedente, en 1929 de una escuela de Enfermería. Por lo que, a mediados de siglo, Medicina era un gran y necesario paso.
Sin embargo, fue hasta seis años más tarde, el 1 de febrero de 1956, cuando el Congreso del Estado expidió el Decreto No. 156, que estableció la Ley Constitutiva de la Universidad de Tamaulipas.
Y el 4 de febrero de 1956, el decreto fue promulgado por el entonces gobernador Horacio Terán Zozaya y el día 11 de ese mismo mes y año fueron publicados los Decretos 156 y 157, correspondientes a la Ley Constitutiva y la Ley Orgánica de la UAT.
Fue la Asociación Civil “Educación Profesional de Tampico” la impulsora de la institución, por lo que hay que reconocer el esfuerzo de sus precursores y fundadores, entre ellos el Dr. Alfredo E. Gochicoa, Artemio Villafaña, Lic. Natividad Garza Leal, Lic. Francisco T. Villarreal, profesor Tirso Saldívar, Dr. Miguel Asomoza Arronte y el profesor Julián Terán, quienes operaron como administradores.
Formalmente despacharon como rectores de la UAT Issac Sánchez Garza, Rodolfo Gil Zayas, Roberto Eliozndo Villarreal, Natividad Garza Leal, Francisco A. Villarreal, Federico F. Lugo, Eduardo Garza Rivas, Enrique Luengas Piñeiro, Rubén David Rivera Sánchez y Leonardo González Gamboa hasta 1974.
Posteriormente llegó a la rectoría el Lic. Jesús Lavín Flores quien fue reelecto y duró cerca de 9 años, siendo relevado por otro tampiqueño, José Manuel Adame Mier; quien a su vez fue sustituido por el victorense Ing. Humberto Filizola Haces quien estuvo 12 años en la responsabilidad.
Luego llegó el abogado victorense Jesús Lavín Santos del Prado, quien no concluyó su periodo y fue reemplazado por el reynosense Ing. José María Leal Gutiérrez.
Más adelante fue electo el tampiqueño avecinado en Victoria Enrique Carlos Etienne Pérez del Río, quien a su vez fue relevado por el yucateco avecinado en la entidad Ing. José Andrés Suárez Fernández.
Posteriormente llegó el Contador Público victorense Guillermo Mendoza Cavazos dejando inconcluso el periodo, entrando al relevo como interno Dámaso Leonardo Anaya Alvarado, electo después para un periodo que está en curso.
Son, hasta el momento, veinte directivos que ha tenido la Universidad Autónoma de Tamaulipas en estos poco más de tres cuartos de siglo y quienes de una u otra forma han contribuido a lo que es hoy la institución.
Vale recordar la sede de la Rectoría inició en Tampico y después se trasladó a Ciudad Victoria, donde prevalece por ser el punto intermedio de la entidad más propicio para la interacción con los diferentes Campus.
Y es que la universidad pública de la entidad tiene actualmente infraestructura en las ciudades de Nuevo Laredo, Reynosa, Río Bravo, Valle Hermoso, Matamoros, Victoria, El Mante y Tampico-Madero.
De forma global en sus 28 facultades y unidades académicas se imparten 93 programas de licenciatura y posgrado, acreditados al 100% por organismos evaluadores nacionales.
En reconocimiento a su primera sede y al esfuerzo de sus fundadores, este 18 de septiembre del 2026 se realizó en el Campus Tampico-Madero de la UAT la ceremonia de los 76 años de la institución.
Acompañaron al rector MVZ Dámaso Leonardo Anaya Alvarado la directora de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, Elda Ruth de los Reyes Villarreal, y el director de la Facultad de Medicina de Tampico, Raúl de León Escobedo, titulares de los planteles fundadores de la UAT.
Ambos tuvieron la oportunidad de intervenir en la ceremonia y en sus menajes destacaron el legado histórico, la calidad académica y la transformación humanista que vive la Universidad.
Por su parte, Anaya Alvarado reafirmó el compromiso de preservar este legado mediante una profunda transformación humanista centrada en el estudiante, tanto en su desarrollo profesional como humano.
“Como rector tengo claro mi compromiso de preservar este legado, honrándolo con resultados y una transformación profunda que coloque a la UAT como una universidad moderna, dinámica, humanista y comprometida con la sociedad y sus sectores productivos”, aseveró.
A lo largo de sus 76 años, la UAT ha formado a generaciones de profesionistas en todas las disciplinas, consolidando una universidad con identidad tamaulipeca.
De igual forma, subrayó el trabajo coordinado con el Gobierno de Tamaulipas presidido por el Dr. Américo Villarreal, en una alianza estratégica que permite multiplicar resultados y llevar la investigación e innovación directamente al beneficio de la sociedad.
Tiempos, los actuales, para la consolidación de cada una de las Facultades, Escuelas o Unidades Académicas en donde ya no son limitantes la falta de infraestructura y equipamientos, además de que se dispone de docentes, e investigadores calificados, agrupados en cuerpos académicos vinculados con los sectores productivos y otras instituciones hermanas para la producción científica a innovación pertinentes con las realidades y demandas de la sociedad tamaulipeca en sus diferentes regiones.
Mantener esa visión, compromiso e interacción con la sociedad y los tres niveles de gobierno debe llevar a la UAT a convertirse en la plataforma para el desarrollo económico de la entidad, por la calidad de sus profesionistas y el trabajo de investigación e innovación al servicio de sus seis regiones: Frontera, Valle de San Fernando, Centro, Altiplano, Cañera y Sur.
Tamaulipas requiere, reclama y exige de una Universidad Luz, que olvide las sombras de las épocas porriles de los setentas y ochentas, los excesos y abusos administrativos de hace un lustro y se enfoque al cien por ciento en la academia, innovación, investigación y vinculación que la reivindique, pues a sus casi ochenta años debe ser una sabia abuela que cosecha los frutos de lo bien sembrado por sus hijos y nietos.

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