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¿Se agotan los ciclos?

Por: Alejandro de Anda
septiembre 14, 2026
in Opinion
Los cambios electorales dolorosos
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LO CLARO. El convenio “Auditoras y Auditores Universitarios”, suscrito entre la Universidad Autónoma de Tamaulipas y la Auditoría Superior de la Federación, abre a los estudiantes la posibilidad de realizar su servicio social participando directamente en tareas de fiscalización del gasto público, con capacitación especializada en transparencia y anticorrupción.

Para la comunidad universitaria significa llevar la formación académica a problemas reales y conocer desde dentro cómo se administran y vigilan los recursos; para la sociedad tamaulipeca representa formar profesionistas con herramientas para cuidar el dinero público, exigir cuentas y fortalecer una cultura de responsabilidad e integridad que finalmente beneficia a toda la comunidad.

LO OSCURO. Hay una fiesta que se está acabando y México parece seguir bailando como si apenas fueran las once.

Algo está pasando en el mundo y comienza a ser demasiado grande para llamarlo coincidencia. Argentina puso a Javier Milei en la Presidencia en 2023. Perú giró con Keiko Fujimori. Colombia también cambió de lado.

Y en Alemania, donde la palabra “derecha” pesa toneladas por razones bastante conocidas, Alternativa para Alemania acaba de rondar 44% en Sajonia-Anhalt; en 2021 tenía 20.8%.

Cuando países distintos empiezan a moverse en la misma dirección, la pregunta interesante deja de ser quién ganó cada elección, sino por qué todos están volteando hacia el mismo lado. La historia ya hizo esta travesura antes.

En 1808 Napoleón invadió España y puso en crisis a la monarquía. Dos años después comenzaron los movimientos en México y Buenos Aires y el incendio terminó recorriendo toda la América española.

La idea de fondo era la misma… el viejo orden había dejado de convencer.

El siglo XX repitió la fórmula con otro disfraz. La Revolución mexicana de 1910 abrió una época de justicia social y nacionalismo; después la Guerra Fría dividió al continente entre izquierdas, derechas, revoluciones y dictaduras.

Décadas más tarde llegó otra ola, Chávez en Venezuela en 1999, Lula en Brasil en 2003, Evo Morales en Bolivia en 2006 y Correa en Ecuador en 2007. América Latina se pintó de izquierda.

México llegó tarde. López Obrador alcanzó la Presidencia hasta 2018.

Mientras México apenas consolidaba su gran proyecto de izquierda, varios países que habían llegado antes comenzaron a cansarse. Porque las ideologías son maravillosas hasta que… cansan.

El ciudadano puede entusiasmarse con justicia social y programas públicos; también quiere empleo, dinero, seguridad y un gobierno que funcione. Cuando esas cosas empiezan a fallar, la paciencia ideológica dura aproximadamente lo que tarda en llegar la siguiente elección.

Milei tomó el enojo económico y convirtió una motosierra en símbolo político. Bukele capitalizó el miedo y convirtió la seguridad en su principal carta. Europa agregó la migración a la mezcla. Son recetas diferentes para una misma enfermedad… hartazgo.

La gente está empezando a pedir menos explicaciones y más resultados. Quiere gobiernos que cuesten menos y sirvan más. Desconfía ya de una clase política que lleva años explicándole por qué las cosas siguen igual.

El péndulo funciona así; primero una idea resuelve problemas, después se convierte en sistema, luego el sistema se acomoda, finalmente alguien descubre que vivir de él resulta bastante agradable. Entonces aparece el ciudadano con la desagradable costumbre de votar.

México todavía parece caminará sobre lo andado. Morena conserva alrededor de 41% de intención de voto rumbo a 2027; PAN y Movimiento Ciudadano rondan 12% cada uno y PRI cerca de 8%.

A primera vista, la ola mundial termina exactamente en nuestra frontera. Sería cómodo creerlo. México llegó entre once y diecinueve años después que varios países de la primera marea de izquierda latinoamericana. Resulta bastante lógico pensar que también tarde algunos años más en salir de ella.

Que el mexicano se canse de Morena significa que se cansó de Morena. El PRI carga cerca de 60% de opiniones negativas y el PAN alrededor de 50%. Suponer que millones de desencantados correrán automáticamente hacia ellos sería como salir de un matrimonio desastroso y celebrar regresando con la ex anterior.

El espacio político que viene puede estar en otra parte. La próxima derecha mexicana quizá jamás se llame derecha. Puede llamarse ciudadana, liberal, independiente o inventarse cualquier etiqueta políticamente digerible.

Tendrá que hablar menos de doctrina y más de seguridad; menos de izquierda y derecha y más de empleos, inversión, corrupción, servicios y resultados.

Deberá ofrecer autoridad sin parecer autoritaria, mercado sin parecer elitista y cambio sin cargar el cadáver de los partidos que los mexicanos ya castigaron. Por eso 2027 puede ser apenas el aviso y 2030 algo todavía más interesante… la aduana.

Morena tiene hoy fuerza suficiente para pensar seriamente en conservar la Presidencia también en 2030. Su estructura territorial, los programas sociales, la debilidad opositora y una marca todavía poderosa hacen perfectamente posible otro sexenio guinda.

Si Morena gana en 2030 llegará al final de ese sexenio con dieciocho años consecutivos gobernando México. Para entonces habrá jóvenes de treinta años que prácticamente habrán vivido toda su vida adulta bajo gobiernos de Morena.

El partido que llegó culpando al régimen anterior tendrá que explicar sus propios resultados. La inseguridad será su inseguridad. La economía será su economía. La corrupción que exista será su corrupción.

Después de dieciocho años resultará bastante complicado seguir culpando a Calderón.

Argentina ya cambió. Perú y Colombia también. Alemania manda señales desde Europa. México conserva su propio ritmo, como siempre.

Quizá 2030 todavía sea de Morena. Incluso puede ganarlo con claridad.

México llegó tarde a la fiesta de la izquierda. Puede quedarse hasta el final. El problema de quedarse hasta el final es que uno termina viendo cómo le tocará cerrar la puerta…

COLOFÓN: Ya intentamos todo. Monarquía, bipartidismo, pluripartisimo, cacicazgos, patriarcado, matriarcado… y ¿qué tal buen gobierno?

[email protected]

@deandaalejandro

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