Hace exactamente 46 años, allá por la década de los años ochenta del siglo pasado, la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de Cd. Victoria, tenía un reconocido prestigio académico que la ubicaba como tercera a nivel nacional, solo después de UNAM y Veracruz.
Era la mejor opción para la formación de profesionistas de esta disciplina para el norte y centro de la república mexicana y así lo registraba su nutrida matrícula, en la que había incluso alumnos de Sudamérica, Centroamérica, El Caribe y Estados Unidos.
Pero la mayoría, se conformaba por estudiantes mexicanos venidos de Sonora, Chihuahua, Coahuila, Nuevo León, San Luis Potosí y norte de Veracruz, de gran tradición ganadera.
No era fácil el acceso a esta importante Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la UAT. Había que superar un difícil examen de admisión, aunque en aquellos tiempos de alguna forma “las recomendaciones” de algunos funcionarios daban el pase automático, aún por encima de los mejor calificados.
También había una tradición: Las Mega-Novatadas.
Porque no eran unas novatadas sencillas ni cortas. Se prolongaban por varios meses y eran realmente duras.
Cito algunos puntos a los que se sometía a los novatos:
1.- De entrada, se les rapaba con maquinita, fuera todas las cabelleras, desde las menos pobladas hasta las melenas de león. Y habría que mantenerse así para la identificación como “perros”, pues así se denominaba a los de nuevo ingreso.
2.- Cada mañana a la hora de concluir clases, alumnos de niveles superiores esperaban a que salieran los maestros y en los propios salones empezaban las novatadas. Había que cantar, gritar, ladrar, aullar y lo que marcaran los “novateadores”.
3.- Ellos llevaban bolsas de chile serrano, jalapeños y hasta habaneros que tenías que morder y disfrutaban verte super enchilado. Algunos se compadecían de ti y te lanzaban una cebolla para que mordieras y pasaras el suplicio. Sabían a gloria hasta para quienes no la consumíamos.
4.- Te hacían quitarte la camiseta, casi todos íbamos de pantalón de mezclilla y camiseta blanca, sencilla como la que se usa bajo la camisa, para no echar a perder “las de vestir”. Y una vez sin ella, te pasaban por la espalda o pecho pencas de maguey, que eran muy irritantes para la piel. Incluso te las ponían en las mejillas. Ese tipo de acciones erran las más comunes y casi a diario.
5.- El último día de clases de la semana reunían a los alumnos de nuevo ingreso y la novatada era más severa. A algunos les exigían que imitaran a animales de diversas especies, fuesen perros, vacas, caballos, puercos o aves.
6.- Si se te olvidaba quitarte el cinto vaquero o los tenis de marca, te los quitaban y hacían que anduvieses descalzo por el pavimento caliente y te los colgaban de los cables de alumbrado. Los cintos simplemente desaparecían, pues a alguien le gustó y se lo quedó.
7.- Había una “ceremonia especial”. El baño de pozo. A varios alumnos de primer ingreso los ponían a cavar un pozo de unos dos metros de ancho por tres de largo y casi dos de profundidad. Lo llenaban de estiércol de vaca y puerco, así como de vísceras obtenidas del rastro de la posta zootécnica de la escuela y luego rellenaban con agua. Ahí se nos hacía sumergir como si fuese una alberca, brincando o lanzándonos de avión o clavado. Era la prueba para que perdiésemos el miedo al estiércol y a las vísceras.
8.- El día del baño de pozo, así como salíamos, nos formaban y desde “La Loma”, el Centro Universitario donde estaba la Facultad de Veterinaria, nos bajaban hasta el Paseo Méndez y céntricas calles para que la comunidad nos viera. Algunos lograban quitarse el estiércol y olores pestilentes en baños del plantel y otros en las pequeñas corrientes del rio San Marcos.
9.-Para el final de la época de novatadas, se organizaba un desfile de novatos en el que había que disfrazarse y empezaba en la tarde en los patios de la Facultad de Veterinaria en el CU Victoria, para concluir en la noche en la Plaza Juárez, frente al Palacio de Gobierno o bien en “El Patinadero” de la Unidad Deportiva Ruiz Cortines. Ahí se hacía la tradicional “Venta de Novatos”. Si te subastaban. A la mayor parte les compraba su familia, la novia, el amigo. A los menos suertudos, se los llevaba un ranchero, un jefe de albañiles, quienes les ponían a trabajar por 24 horas que era el tiempo de “la compra”. A quienes nos tenían marcados “los porros” por ser familiares de un grupo adverso, nos retenían para darnos escarmientos más severos.
10- Las novatadas solamente de suspendían en casos de algún incidente de gravedad. A lo largo de esos meses de novatada de 1980, se suspendieron una semana porque de desvaneció un alumno proveniente de Chihuahua que tenía un padecimiento cardiaco y tuvo que ser llevado de urgencia a la atención médica. Al recuperarse, desistió de seguir los estudios y retornó a su estado natal. Las novatadas continuaron ese año y muchos años más.
Esas prácticas que nada tenía que ver con las actividades académicas, eran toleradas por los directores y maestros y de alguna forma dirigidas por los líderes estudiantiles, los jugadores de fútbol americano y de beisbol, grupos en los que se refugiaban los entonces famosos “porros”.
Eran los tiempos de directores como Jorge Luis Uriegas García (+) que luego fue secretario Académico de la UAT y de Jorge Luis Zertuche Rodríguez, también luego prominente funcionario de los gobiernos estatal y federal.
Y de los “rorros” de aquellos tiempos que orquestaban las novatadas, figuraba al sonorense Martín Rivera, después catedrático de Veterinaria, bueno en el manejo del bat, por tanto, impulsor del béisbol y actualmente director del CONALEP Victoria; “El Apache” Peralta, quien era jugador y entrenador de fútbol americano con el equipo de casa “Cuerno Largos” y el gordo tamaulipeco Martín Araujo, que se refugió luego en las áreas de regulación sanitaria de la SS.
En aquellos tiempos no había una Comisión Estatal de Derechos Humanos que interviniera para impedir los excesos en que derivaban las novatadas.
Tampoco había internet, telefonía celular y redes sociales que pudiesen ventilar lo que ahí ocurría.
Era una tradición tolerada incluso por la comunidad victorense, pues casi solo veían la parte alegre del desfile de novatos y la “Subasta” que terminaba para la mayoría en baile popular.
De todo ese ajetreo y tradición de novatada, eran excluidas las pocas mujeres que cursaban la carrera.
Hago este recuento añejo en virtud de un incidente que fue reportado en la misma Facultad con un alumno Ángel Tadeo que se sintió mal en el plantel, luego de recibir ciertas presiones por otros estudiantes.
Hoy la realidad es diametralmente opuesta.
El 54% de la matrícula de la FMVZ de Victoria son mujeres
Las novatadas de antaño desaparecieron hace algún tiempo.
Hay nuevas reglas al interior de las escuelas, que incluyen la Defensoría de los Derechos de los Universitarios.
Y de ello no escapa la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia.
Así lo indica su actual director Dr. Octavio Merino Charrez, quien reafirmó su compromiso por aclarar los hechos en los que resultó afectado un estudiante foráneo de nuevo ingreso que presentó complicaciones de salud fuera del programa académico de la institución.
Señala que la Defensoría de los Derechos Universitarios de la UAT interviene para llevar a cabo una investigación interna y exhaustiva y a la par la institución colabora con las autoridades correspondientes para el total esclarecimiento.
Merino cita que aun cuando él no se encontraba en la ciudad al momento del suceso, la administración activó los protocolos internos de atención en cuanto se tuvo conocimiento de que el alumno Ángel Tadeo presentaba malestar físico, personal del área médica de la Facultad le prestó los primeros auxilios y le trasladaron al IMSS y estuvieron al pendiente hasta que se dio de alta.
Añade que, desde el primer momento, la dirección de la Facultad entabló comunicación con la familia del estudiante para poner a su disposición todo el apoyo logístico, administrativo y de acompañamiento.
Asienta que este tipo de prácticas entre estudiantes no forman parte del calendario académico ni están autorizadas por la institución subrayando la postura de cero tolerancias ante actividades que arriesguen su integridad.
Habrá que esperar el resultado final de la Comisión Defensora de los Derechos de los Universitarios, así como de la fiscalía general del Estado, para que se apliquen las medidas correctivas pertinentes y que se siente un precedente que ponga en forma definitiva y tajante punto final a “Las Novatadas de Veterinaria”.
Mismas que, en lo personal, daba como finiquitadas y que solo estaban en la memoria histórica de quienes las vivimos en directo, a todo color y en todo su apogeo, incluidos los excesos y abusos porriles de antaño.

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