Un gran hueco en la salud pública es el estado mental, incluye la brillantez que en ocasiones se acompaña de disfunción social, aunque la gran mayoría sin problema se relaciona e interactúa.
Andrew Almazán, director de Investigación y Sicología del Centro de Atención al Talento (Cedat), advirtió que México pierde más de 50% de jóvenes sobre dotados intelectuales (inteligencia superior), además de que muchas mentes brillantes no se detectan. Siete de cada 10 pasan desapercibidas, lamentó. De un millón de niños y adolescentes sobre dotados en el país, se ha identificado a 14 mil, menos de 2%.
Especialista con estudios en las universidades de Oxford, Yale y Harvard, resaltó: “en el Cedat hemos detectado la fuga de cerebros. Jóvenes y niños talentosos se van del país. Con cada joven inteligente que se va del país a los 18 años, según el especialista, México pierde 70 mil dólares, cantidad que se invierte entre educación y crianza desde su nacimiento a los 18 años. México pierde porque cuando una nación como EE. UU., recibe a este joven, “ya no tiene que invertir en jardín de niños, primaria, secundaria y preparatoria, sólo en la última parte.
“De cada 10 niños con inteligencia superior que recibimos en el Cedat, 90% viene mal diagnosticado: trastornos de hiperactividad, déficit de atención, autismo, disgenesia, y mal atendidos. Un niño con problemas, en lugar de ser atendido de manera correcta, lo tratan como un enfermo. Cuando se junta todo esto, hablamos, que del millón de menores con inteligencia superior que existe, 90% se pierde por falta de detección y ponerles etiquetas de enfermos.
Tenemos, fuga de cerebros de 150 mil al año. Las causas, “aquí no hay nada que hacer, deben marchar a otro país para desarrollarse, aún no terminan la prepa y no piensan buscar empleo porque no lo voy a encontrar. Hay pesimismo sobre el país.
La fuga de cerebros consolida a México como el país latinoamericano más afectado por este fenómeno (séptimo a nivel mundial) con pérdida de más de 1.2 millones de profesionales altamente calificados que emigran principalmente a EE. UU., según reportes de la OCDE.
Este fenómeno representa un desfalco doble; el gasto en educación que no genera retorno y la riqueza que el profesionista genera en el exterior. Históricamente se estima el costo del éxodo en más de $100 mil millones. El país invierte poco en retención, destinando menos del 0.4% del PIB a Ciencia y Tecnología. Al perder investigadores de áreas exactas y sociales, el país se rezaga en innovación y se obliga a importar patentes. Los estudiantes de posdoctorado se quedan fuera por la severa escasez de plazas de investigación para regresar.

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