Anteayer fui a Matamoros, andaba buscando un caballo, de la región claro, un caballo que me garantizara la llegada a la meta, no se trata de alguno de carreras, porque por lo general esos lucen los ojos inyectados.
No, un simple caballo fino de buena estirpe, no de pedigrí, porque son bastante caros, uno del pueblo, de esos que aguantan grandes cabalgatas, que no se rinden nunca y que además con silla lucen de maravilla.
Pero resultó infructuosa la búsqueda, pues si bien es cierto que hay varios en el mercado, todos tienen el fierro bien marcado en la enanca, no sé por qué a los dueños se les ocurre marcarlos como vacas, eso en los nobles equinos se ve muy mal.
Lo que menos me gustó es que algunos rebuznan, y esto en los pencos es muy feo, denotan luego, luego, que sus genes no son los adecuados, que se les ha engordado de más con alimentos importados, y adquirir un caballo así, resulta oneroso, porque después ya no sabes ni cómo sacarlo del corral.
El intento de compra me ha enseñado que los mejores caballos no están a la venta, vi varios por allá, pero esos no se venden, ahí están en su territorio, pero no tienen el cartel, ni se anuncian en avisos de ocasión.
Me recomendaron buscar en Reynosa o Nuevo Laredo, pero por allá hay más yeguas que pencos, pues muchos vientres los cruzan por el Rio Bravo y no quiero correr el riesgo de que se enoje Mr. Trump.
Los caballos de registro necesitan papeles que los avalen, pero los buenos jacos, a leguas de distancia se les ve la estampa, se placean orondos y no tienen marcas corporales, al menos a la vista.
Los de registro tienen sobreprecio, pero esto no te garantiza la nobleza del animal, a veces la vista engaña, así que lo mejor es calarlo, ponerle la silla y ver cómo responde, porque oiga usted, llevarse a la casa grande a un animal de deshecho, es la peor tontería que pudiera usted hacer.
Yo no llevo prisa, seguiré buscando, cuando vaya a Matamoros trataré de hacerlo con más calma, sé que algunos, aunque no se vendan están disponibles, y en una de esas hasta se podría llevar a cabo una “Catafixia”, cuestión simple de entender, cuando uno se ha educado con Chabelo.
Trataré de tener cuidado, para no adquirir alguno con falso linaje, porque se dan caso de que a algunos se les esconde el pasado, como si no quisieran que se supiera de dónde vienen, donde estuvieron o con quien se juntaron.
Y esto es importante saberlo, porque las mañas se aprenden, todavía me acuerdo de uno que me prestaron hace ya muchos años y el animal tiraba mordidas a diestra y siniestra, hasta que averigüé quien era el dueño.
Yo prefiero los caballos de la región, porque ya están aclimatados, existen otros, los del otro lado, pero como siempre han tenido granero, luego se vuelven muy ambiciosos y no alcanza nunca para llenarlos y cuando esto sucede, luego hasta se brincan las trancas para robarse el alimento de la pasta del vecino.
Lo bueno es que no tengo prisa, tal vez después del invierno, porque ahora se ven verdes y en Matamoros, LA CABALLADA ESTÁ FLACA.
Jorge Alberto Pérez González
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