Hay decisiones que un país puede posponer. La defensa de su soberanía no debería ser una de ellas. La soberanía no se hereda, no se comparte y no puede quedar subordinada a los intereses de otra nación
México se encuentra ante una discusión constitucional que va mucho más allá de un requisito electoral: ¿quién debe tener acceso a la conducción del Estado mexicano cuando una persona mantiene simultáneamente la nacionalidad de México y la de otra nación? La pregunta es incómoda, pero legítima.
Y debe hacerse sin atacar a nuestros paisanos, sin discriminar a quienes emigraron y sin convertir la doble nacionalidad en una acusación de deslealtad. Millones de mexicanos tienen vínculos legítimos con otros países. Eso no los convierte en menos mexicanos. Pero gobernar una nación es diferente de ser ciudadano de ella.
La Cámara de Diputados aprobó el pasado 22 de septiembre de 2026 la reforma de nacionalidad única para la Presidencia de la República, Gubernaturas y Jefe de Gobierno de la CDMX con 344 votos a favor, 116 en contra y una abstención, en las Comisiones Unidas y Puntos Constitucionales fue aprobada con votación de 23 votos a favor y 9 en contra y turnada al pleno para su votación la cual está programada para ser votada en el pleno del Senado el día martes 29 de septiembre del presente año.
LA SOBERANÍA EXIGE CLARIDAD un ciudadano puede tener dos nacionalidades. Un presidente de la República tiene una responsabilidad constitucional extraordinaria: representar, conducir y defender al Estado mexicano, lo mismo que un gobernador de un Estado Libre y Soberano, los cuales no pueden tener juramentos de servir a otras naciones, los intereses en juego son mayúsculos, por ellos se hacen guerras.
La embestida imperial así lo demuestra, se han impuesto mediante la manipulación gobiernos en Latinoamérica que tienen a muchos países en la miseria, entregando sus recursos y adoptando políticas de derecha que atentan contra los programas sociales, dándoles las ganancias al gran capital. Sólo vean quienes conforman el mal llamado escudo de las américas.
La soberanía exige claridad México mantiene con Estados Unidos una relación económica, política, migratoria, energética y de seguridad de enorme magnitud. Precisamente por eso debemos ser capaces de reconocer que entre Estados existen intereses que no siempre coinciden.
Las grandes potencias defienden sus intereses estratégicos. Estados Unidos lo hace. China lo hace. Rusia lo hace. Las potencias europeas lo hacen. México también tiene derecho —y obligación— de defender los suyos.El problema no es que una persona tenga una segunda nacionalidad.
El problema aparece cuando esa persona pretende ocupar el cargo desde el cual puede tomar decisiones sobre energía, petróleo, minerales, agua, territorio, infraestructura estratégica, seguridad nacional, relaciones internacionales y patrimonio público, mientras conserva simultáneamente vínculos jurídicos con otro Estado.
¿Es razonable prevenir ese posible conflicto antes de que ocurra? Yo sostengo que sí. No porque todo ciudadano con doble nacionalidad sea un agente extranjero. Eso sería absurdo. Sino porque una Constitución seria no debe esperar a que aparezca el conflicto de interés para comenzar a resolverlo.
México ya reconoció el problema
La propia Constitución establece en su artículo 32 una regla especial para los cargos que requieren nacionalidad mexicana por nacimiento. Sin embargo, el propio Gobierno Federal reconoció en 2026 que la redacción había generado interpretaciones distintas y propuso hacerla explícita.
La iniciativa plantea que quienes aspiren a la Presidencia, a una gubernatura o a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México no tengan otra nacionalidad o renuncien a ella antes de solicitar su registro. También contempla restricciones durante el ejercicio del cargo respecto de adquirir otra nacionalidad, utilizar documentos extranjeros, ejercer derechos políticos derivados de otra ciudadanía o acogerse a protección diplomática extranjera.
No confundamos al migrante con quien gobierna, Hay que decirlo con absoluta claridad: Esta reforma no debe convertirse en una campaña contra los mexicanos que viven en Estados Unidos.
Nuestros paisanos tienen derecho a conservar sus vínculos con México. Pueden tener familia, patrimonio, negocios y, conforme a la legislación aplicable, otra nacionalidad. Pero existe una diferencia fundamental:
una cosa es conservar una nacionalidad y otra es ejercer el Poder Ejecutivo de una nación.
El propio debate legislativo refleja esta diferencia. Quienes apoyan la reforma argumentan que se trata de una condición específica para las máximas responsabilidades ejecutivas y no de eliminar la doble nacionalidad para la población en general.
. Pero tampoco debemos suponer que los conflictos de interés no existen simplemente porque no hayan sido demostrados en un caso determinado. La política internacional está llena de intereses económicos y estratégicos
Los recursos naturales son estratégicos.
El agua es estratégica. La energía es estratégica. Los minerales críticos son estratégicos.La posición geográfica de México es estratégica. Y cuando existen intereses estratégicos, un Estado soberano tiene derecho a establecer candados preventivos.
La pregunta que debemos hacernos:
“¿Debe quien gobierna México tener vínculos jurídicos de nacionalidad con otro Estado mientras ejerce la máxima responsabilidad política de la nación?” Esa es la discusión.
Y esa discusión merece ser respondida pensando no solamente en el gobierno actual, sino en los gobiernos que tendremos dentro de diez, veinte o cincuenta años.Porque las Constituciones no deben escribirse pensando en una persona.
Defender la soberanía mexicana no significa odiar a Estados Unidos, no significa cerrar las fronteras, no significa perseguir migrantes, no significa negar derechos a los mexicanos que viven fuera del país,significa algo mucho más sencillo:
que quien aspire a dirigir el Estado mexicano tenga una responsabilidad jurídica inequívoca frente a México.
Si algún día aparecieran pruebas de que un gobierno extranjero intentó utilizar ciudadanos, empresas, recursos financieros o estructuras políticas para influir en decisiones estratégicas mexicanas, nuestras instituciones deberían estar preparadas para detectarlo y sancionarlo.
Pero la defensa de México tampoco puede construirse sobre rumores: La soberanía necesita Constitución, transparencia, inteligencia institucional y pruebas. México no puede darse el lujo de ser ingenuo. Pero tampoco puede darse el lujo de convertirse en un país que acusa sin demostrar.
Nuestra defensa debe estar en medio de esos dos extremos: ni ingenuidad frente a las potencias, ni paranoia frente al extranjero. La solución está en establecer reglas claras. Si una persona quiere conservar dos nacionalidades, debe poder hacerlo dentro de la ley.
Pero si quiere ocupar la Presidencia de México o gobernar una entidad federativa, la sociedad tiene derecho a exigirle un nivel superior de compromiso jurídico con el Estado mexicano. Porque gobernar no es solamente ocupar un cargo.
Gobernar es decidir sobre el territorio, los recursos, la seguridad, la economía y el futuro de millones de mexicanos.
Aún recuerdo algunos comentarios emitidos por gente del gabinete de Francisco Javier Cabeza de Vaca la mayoría pochos con doble nacionalidad y otros sin nacionalidad mexicana, pero de origen Mexica, decían que el plan de los americanos era infiltrar en los
gobiernos de México pura gente de USA con ascendencia mexicana, dichas reuniones se hacían petit comité, discriminando a los mexicanos, entre ellos había un “líder migrante” ahora con aspiraciones a diputado federal por los migrantes.
En México esta decisión les cerrará la puerta a tiburones como Ricardo Salinas Pliego y al mismo Cabeza de Vaca, entre muchos indeseables que pretenden revertir los alcances ganados por la sociedad, repitiendo lo de Argentina y las políticas prianistas que hundieron a México.

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