“Ningún arte traspasa nuestra conciencia de la misma forma que lo hace el cine, tocando deliberadamente nuestras emociones, profundizando en los obscuros habitáculos de nuestras almas.
Ingmar Bergman Director de Cine.
El cinematógrafo es un aparato del siglo XIX capaz de filmar, revelar y proyectar imágenes en movimiento sobre una pantalla. Fue patentado en 1895 por los hermanos franceses Auguste y Louis Lumiere.
Consiste en una caja de madera ligera y portátil que funciona simultáneamente como cámara de filmación y proyector.
Lo más ingenioso es que los hermanos Lumiere con una gran visión de negocio enviaron por todo el mundo “Directores Técnicos” quiénes con cámara en mano, filmaron inicialmente en Europa y América.
A nuestro país arribó en el año 1896 el francés Gabriel Antoine Veyre acompañado de un camarógrafo de nombre Claude Ferdinand Bon Bernard. Ellos fueron invitados nada más y nada menos que por el presidente de la República, Porfirio Díaz quién les dio todas las facilidades para que desarrollaran su trabajo.
Produjeron alrededor de 35 cortometrajes o “vistas” (filmes cortos de aproximadamente un minuto de duración).
Entre los temas destaca que retrató la vida cotidiana de ciudades y pueblos, un paseo del propio presidente con su escolta cabalgando por el Bosque de Chapultepec, donde era saludado por hombres que se bajan de su bicicleta para hacerlo.
Entre septiembre a octubre de ese mismo año, se trasladaron a Jalisco filmando lugares como Guadalajara y la Hacienda de Atequiza donde capturó peleas de gallos y la emblemática vista: “Danse mexicaine” (El Jarabe Tapatío).
Otra “vista” que tuvo mucho impacto en ese tiempo fue filmar un supuesto “duelo a muerte” entre dos hombres. En realidad, fue una recreación de uno real que había sucedido tiempo atrás. En esas escenas el mundo vio por primera vez la muerte “cara a cara”.
Gabriele tuvo una gran sensibilidad pues en su trabajo dejó plasmada una visión real de nuestro país: sus habitantes, costumbres, paisajes, pueblos, mercados. Mientras otros directores técnicos filmaban monumentos y castillos, él mostro al mundo la riqueza cultural de México.
No había sonido en esas escenas que se proyectaban en una pantalla, pero no era necesario, esas escenas hablaban por sí solas.
Vaya un reconocimiento a Gabriel Antoine Veyre y Claude Ferdinand Bon Bernard quienes se convirtieron sin saberlo, en los primeros embajadores culturales de nuestro país pues con su cámara en mano, abrieron la puerta de México al mundo entero.
PAZ Y BIEN

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