En el año 2019, cuatro buques cargados con cocaína proveniente de Colombia fueron asegurados por la Armada de México en el poroso puerto de Altamira, y con ello se abrió un colosal frente para el personal naval, pues lo que primero se identificó en Tamaulipas pronto comenzó a detectarse en otros puertos del país.
El reto de combatir el narcotráfico en los puertos de la República Mexicana era equivalente a una guerra de espadas contra cañones, ya que teníamos un problema nuevo, bajo reglas nuevas, pero con la misma gente de siempre; sin embargo, realmente se detectó gracias al temperamento de un oficial con grado de Primer Maestre de la Armada de México.
El hallazgo principal fue que las empresas navieras no estaban siendo suficientemente diligentes al momento de prevenir la comisión de delitos, y eso derivó en la detención de más de 100 tripulantes de embarcaciones extranjeras, por lo que el escándalo internacional escaló.
El problema verdaderamente era novedoso, al grado que, en el año 2024, y con motivo de las acciones iniciadas en el puerto de Altamira, la Organización Marítima Internacional y la Organización Internacional del Trabajo emitieron las Directrices sobre el trato justo de la gente de mar detenida en relación con presuntos delitos, ya que no existía ninguna normativa a ese nivel sobre este tema.
Por lo anterior, no debería extrañarnos que, con motivo de todas las acciones contra el huachicol fiscal iniciadas por la Secretaría de Marina en el puerto de Altamira, continúen reformándose las leyes mexicanas, por una parte, y por otra, se genere alguna norma internacional que deje un precedente de cómo hacerle frente a este problema en el futuro.
Tampoco debería extrañarnos que el puerto de Altamira siga siendo un lugar donde se descubren problemas de gran calado: seguirán llegando nuevos retos y nuevas reglas. Pero mientras la Armada de México cuente con personal naval de honor, valentía y determinación, ese será el único factor que marque la diferencia, porque ni a las personas ni a las instituciones se les mide por el tamaño del reto que tienen enfrente, sino por su forma de resolverlo.
La tenacidad para enfrentar los retos de los marinos de hoy es la misma de Pedro Sainz de Baranda cuando rindió a los españoles aquel 23 de noviembre de 1825 en las costas de Veracruz, y la misma del Teniente José Azueta y del Cadete Virgilio Uribe cuando nos defendieron de los norteamericanos en 1914; y es que cuando la Armada de México enfrenta y resiste, deja historia y cada vez se vuelve más heroica.
Así que, con la piel erizada y con lágrimas de orgullo corriendo por las mejillas, contemplemos a nuestros marinos: de pie frente a lo desconocido, con la frente en alto, resistiendo y superando cada reto que llega desde el mar. Ellos son los que zarpan cuando otros se resguardan, los que sostienen la guardia en la madrugada para que México duerma tranquilo. Mientras haya un marino mexicano de guardia, habrá patria. ¡Hurra, marinos: se merecen su meridiana!

Discussion about this post