No sé para qué sirve una Secretaría de las Mujeres, ni tampoco he sabido para qué sirve el desangelado Instituto de la Mujer. Pero sí sé para qué sirve una Secretaría de Cultura y estoy convencida de que su creación es necesaria en Tamaulipas, como lo es para muchos artistas, promotores culturales, gestores y trabajadores del ramo.
“Poltiquería”, me dijo un amigo funcionario estatal cuando le pregunté por qué el gobierno del estado creaba una Secretaría de las Mujeres y por qué a la cultura no se le había otorgado ese rango.
Y es que es una cuestión sencilla: la cultura es una actividad fundamental para la formación “humanista” de los individuos; su acción atiende, penetra, incide y transforma a todos los sectores sociales, impacta a toda la sociedad, a todas las edades y a todos los géneros.
La política cultural de un gobierno no es solo promocionar la banda de música, el Conjunto Típico Tamaulipeco, hacer un festival, editar libros a cuentagotas, administrar con austeridad los espacios culturales, promover de manera doméstica las artes, mantener en “apenitas” las bibliotecas y los museos; navegando entre la precariedad y la indiferencia. Pero, aun así, muchos tenemos la fortuna de disfrutar algo de la actividad artística o cultural, a diferencia de lo que sucede con el Instituto de la Mujer, cuyas políticas nunca me han brindado ningún servicio como ciudadana.
Basta con poner en esta balanza la infraestructura: por una parte, el área de cultura cuenta con recintos, teatros y bibliotecas en todo el estado; por otra, un amplio espectro de atención y una demanda constante por parte del público y de los sectores que lo componen, como artistas, promotores y gestores culturales.
Pero como siempre sucede con los genios del gobierno del estado, esos pequeños seres que se dedican a hablarle al gobernador al oído y hacer creer realidades que solo en sus cabezas geniales existen, que se hacen llamar asesores y creen saber interpretar al mundo aunque nunca hayan leído ni a Cervantes, ni a Tolstoi, Shakespeare, Dostoyevski, bueno, ni siquiera a Maquiavelo, porque confunden la obra de “El Príncipe” con “El Principito”, que nunca se han sentado en la soledad de sus privilegios a escuchar una sinfonía, llorar con una ópera o gozar de una buena película de arte, creen que son capaces de asumir que a Tamaulipas le irá mejor si hacen de las mujeres un símbolo político para quedar bien con el gobierno federal, desconociendo que la cultura es un factor de cambio, de transformación; un instrumento para la paz en las comunidades y un acicate para la prosperidad. Por eso han decidido crear la Secretaría de las Mujeres, ignorando la cultura, concebida por ellos como parte de las dádivas del bienestar.
¿Qué hilos mueven los intereses políticos detrás de este desacierto? Segura estoy de que no es para mejorar la vida de las mujeres, sino para obtener prebendas políticas y económicas para alguien con nombre y apellido de una élite gobernante y familiar que ni siquiera sabe qué son la derecha y la izquierda, que, en su conservadurismo, prefiere ignorar la cultura porque la considera suntuaria.
E-mail: [email protected]

Discussion about this post