Cada vez son más las voces que piden regular la IA y las redes sociales; actualmente, gobiernos de diversas partes del mundo trabajan en la redacción de leyes que permitan establecer límites en cuanto al uso. Lo anterior con la finalidad de proteger a la infancia.
La Unión Europea lanzó recientemente su ley de regulación de la IA (BIS). La ley clasifica los niveles de riesgo y aplica sanciones correspondientes al nivel.
En México existe una iniciativa de ley que busca el desarrollo ético de la IA. (BIS).
Al margen de estos esfuerzos, existen otros actores que buscan la regulación. Uno de ellos es Bernie Sanders. Propone crear un fondo soberano de riqueza financiado mediante la propiedad del 50% de las empresas desarrolladoras de IA. (BIS).
La argumentación en realidad es muy sencilla, los modelos de IA son entrenados con datos que no les pertenecen a las empresas dueñas de los modelos. Si están entrenando sus modelos con datos que no les pertenecen, deberían pagar por ellos.
Otro ejemplo de regulación de la IA viene del gobierno de Trump. El cual busca que solo los ciudadanos estadounidenses tengan acceso a los modelos más avanzados de IA; además, el presidente presiona al CEO de ChatGPT para otorgar el 10% de sus acciones al gobierno estadounidense. La contraoferta por parte de la empresa fue del 5% (Bis).
El hecho de que se esté discutiendo la regulación de la IA es un triunfo cultural para todos los ciudadanos. Lo anterior puede sentar las bases para cambios más profundos en la industria tecnológica; cabe resaltar que las ideas trascendentales que transforman a las sociedades ocurren en 4 etapas: ignorar, ridiculizar, discutir y adoptar.
Lo anterior se da en periodos de tiempo largos, décadas, pero parece ser que cuando se habla de IA, esas etapas se aceleran. Hoy nadie ignora ni ridiculiza a la IA. Por el contrario, se está discutiendo su regulación.
En México hay quienes mencionan que la IA se debe regular como una ley federal y ley general. Sin entrar en debates técnico-jurídicos, la ley federal dota de competencia a la Federación, mientras que la ley general parte de una concurrencia y, si no hay la misma, no hay competencia.
No falta, por supuesto, quienes defienden la no regulación de la IA; “argumentan” que la tecnología es neutra, por lo tanto, no se debe sancionar, y que el uso pernicioso es lo que conlleva una conducta sancionable.
Dicen que de la misma manera que los fabricantes de carros no tienen la culpa de que se usen los mismos para atropellar personas, así los fabricantes de los modelos de IA no tienen la culpa de cómo se usa su tecnología.
Siguiendo la misma línea argumental, podemos refutar diciendo que los fabricantes de carros tienen que cumplir con una normativa de seguridad implementada por los Estados para permitirles la fabricación y venta del vehículo en los países.
De la misma manera, las compañías de IA tienen que cumplir con ciertas normas si quieren que su modelo sea usado en México.
En aras de la transparencia que deben tener todos los procesos concernientes al Estado, el dictamen de ley debería ser público; sin embargo, después de buscarlo por media hora en internet, no se logró encontrar.
No queda más que esperar que se apruebe para conocer los términos del mismo, ya que, como dice el dicho popular, el diablo está en los detalles.
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