La huelga en el Instituto Politécnico Nacional, la crisis humanitaria causada por las desapariciones forzadas, la llegada de soldados israelíes al Caribe mexicano a recuperarse del estrés postraumático producido por el genocidio que llevan a cabo en contra del pueblo Palestino, el conflicto magisterial con la Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación (CNTE) y las constantes presiones del Gobierno de Estados Unidos para operar en territorio nacional en contra de los cárteles mexicanos. Son crisis coyunturales que ponen a prueba el liderazgo de la presidenta.
De los problemas mencionados, salvo la diferencia con nuestro vecino del norte, todos tiene un impacto directo a miles de mexicanos y ninguno parece tener una solución en el corto plazo.
Políticamente, el conflicto con la CNTE está siendo el más costoso, los maestros de la Coordinadora han logrado exhibir a la presidenta de la República con respecto a la derogación de la ley del ISSSTE del año 2007, la cual fue una promesa de Campaña y ahora que es presidenta argumenta que dicha ley no se puede derogar por falta de recursos (bis).
Los maestros, mediante su lucha, obligaron a la presidenta, a asumir sus contradicciones. A sufrir el examen de la opinión pública. Proponer para luego desdecirse lleva a la pérdida de confianza y de ahí al fracaso político solo hay un paso.
A estas problemáticas se suman las críticas, de diversos sectores de la sociedad, debido a la inacción del gobierno federal frente al genocidio contra el pueblo palestino. No hay que olvidar que cinco ciudadanos mexicanos fueron secuestrados en aguas internacionales por el ejército israelí (bis), todos ellos sufrieron torturas, vejaciones, y al menos una compatriota sufrió agresiones sexuales (bis).
Además, investigaciones periodísticas realizadas por el medio Al Jazeera (bis) demuestran que soldados israelíes de élite pertenecientes a la FDI, es decir soldados que han estado en operaciones en territorio palestino y que por lo tanto pueden haber cometido crímenes de guerra, tienen en territorio nacional “retiros de sanación” en Cozumel, con la intención de curar el estrés postraumático.
Esto genera una profunda contradicción con el principio del humanismo mexicano que tanto pregona el gobierno. En lugar de ser un territorio alienado con la defensa de los derechos humanos, el territorio nacional se convierte de facto en un paraíso para posibles criminales de guerra que pueden venir a vacacionar impunemente.
La pérdida de confianza de un pueblo hacia su clase gobernante es el primer síntoma de su declive, la separación de la clase gobernante y del pueblo al que gobierna es un segundo.
Esa pérdida ocurre cuando comienzan a incumplir sus promesas de campaña o traicionan los principios éticos y morales del movimiento que los llevó al poder.
También se evidencia cuando demuestran por acción o por discurso la pérdida de contacto con la realidad de la mayoría de sus gobernados.
En última instancia, el mayor enemigo del actual gobierno es su falta de congruencia y coherencia con los principios que prometió respetar.
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