Durante 2024, el 12.9 por ciento de los adultos en Estados Unidos utilizó algún tipo de ayuda para conciliar o mantener el sueño la mayoría de los días, según un informe de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC). La tendencia refleja una dependencia creciente a productos de venta libre, fármacos recetados y derivados del cannabis para enfrentar el descanso insuficiente.
El reporte detalla que los medicamentos de venta libre y suplementos fueron los más utilizados (5.7%), seguidos por fármacos recetados (5.2%) y productos con marihuana o CBD (3.7%). En cuanto a la segmentación por género, las mujeres recurrieron a estos apoyos en mayor medida (14.8%) que los hombres (10.8%).
Consumo de melatonina, magnesio y CBD como “atajos” al descanso
Especialistas en medicina del sueño advierten que la población busca soluciones rápidas para el insomnio sin abordar las causas subyacentes. El uso frecuente de melatonina, magnesio o antihistamínicos puede enmascarar trastornos graves como la apnea del sueño, el estrés crónico o la ansiedad.
Pese a que la Academia Estadounidense de Medicina del Sueño recomienda un mínimo de siete horas de descanso por noche, el 30.5% de los adultos durmió menos de ese tiempo en 2024. Los expertos subrayan que suplementos popularizados en redes sociales, como el magnesio, cuentan con evidencia científica limitada y pueden provocar efectos secundarios gastrointestinales o efectos laxantes si no existe supervisión.
Riesgos de los fármacos sin supervisión y alternativas eficaces
Los medicamentos de venta libre elaborados con antihistamínicos presentan riesgos específicos, incluyendo aturdimiento y somnolencia persistente al día siguiente. Sin una valoración profesional, estos productos no resuelven problemas derivados de rutinas desordenadas o efectos secundarios de otros tratamientos médicos.
En lugar de recurrir a fármacos de forma sistemática, la comunidad médica promueve la higiene del sueño como la medida más efectiva a largo plazo para restaurar el ciclo circadiano. Las recomendaciones clave incluyen:
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Mantener horarios regulares para dormir y despertar.
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Limitar la exposición a pantallas antes de acostarse.
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Realizar actividad física diaria y evitar cenas pesadas.
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Asegurar un entorno fresco, oscuro y silencioso.
Si el insomnio persiste, la intervención médica es fundamental. Identificar la raíz del trastorno permite evitar complicaciones de salud mayores y reduce la dependencia de productos que, en muchos casos, solo ofrecen una solución temporal.

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