
Este sábado 9 de mayo se cumplen cuatro años de la muerte del abogado, historiador y cronista tamaulipeco José Asención Maldonado Martínez.
Fue un hombre que amó su profesión y la puso al servicio de Tamaulipas durante su ejercicio en el sector público en la entidad, dejando un gran legado.
Además de su profunda huella en el Poder Judicial de Tamaulipas al que ingresó como Magistrado en 1981 y presidió como titular de 1983 a 1987, fue el artífice de la llegada del Décimo Noveno Tribunal Colegiado de Circuito del Poder Judicial Federal a Tamaulipas.
Por ello de la considera “El Padre de la Justicia Federal en Tamaulipas”.
Siendo titular del Poder Judicial en Tamaulipas, en el sexenio del gobernador Dr. Emilio Martínez Manautou, con quien en calidad de pisano había colaborado en el área jurídica de la Secretaría de Salud Federal, le planteó la necesidad de acercar la justicia federal a la entidad.
Obtuvo su aval y a partir de ahí inició las gestiones ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación en donde encontró eco por la coincidencia de la presencia de algunos contemporáneos de la etapa estudiantil en la UNAM y otros conocidos en el ejercicio de la libre profesión.
Su solicitud y argumentos fueron valorados por el entonces presidente de la Suprema Corte, Ministro Jorge Iñárritu Ramírez de Aguilar, quien ofreció plantear al seno del órgano colegiado contemplar a Tamaulipas como sede de un Tribunal de Circuito.
Entre ellos los Ministros Sergio Hugo Chapital Gutiérrez, Carlos García Vázquez y la Ministra Martha Chávez Padrón, quienes reconocieron la intensa labor de gestión del abogado nativo de Llera, Tamaulipas y su presencia frecuente con ese objetivo en las oficinas de la Corte.
Después del terremoto del 19 de septiembre de 1985 en que parte de las oficinas de la Corte fueron afectadas por el sismo y se perdieron algunas vidas de trabajadores del Poder Judicial Federal, parecía que se esfumaba la respuesta positiva a la gestión de Tamaulipas.
En esa ocasión, José Asención Maldonado Martínez, por iniciativa personal hizo una colecta entre los empleados del Poder Judicial de Tamaulipas y de inmediato viajó a la Ciudad de México para solidarizarse con la situación de la Corte, entregando un cheque a su presidente y a la esposa de este que hacían las tareas de auxilio.
Ese gesto, al ser el primer Tribunal del país que de manera voluntaria llevó una aportación solidaria con la causa de los caídos en el sismo, de alguna manera tuvo su impacto y tras el paso de la contingencia, una vez reestablecido el orden y operación, vino la anuencia para que iniciara el proceso de la instalación del Décimo Noveno Tribunal Colegiado de Circuito en Cd. Victoria, Tamaulipas.
Su primera sede la Vieja Escuela Leona Vicario, en frente del Palacio de Gobierno del Estado en el lado poniente (Calle 16), que a marchas forzadas se habilitó por parte del Gobierno de Tamaulipas a fin de que una misión de ministros viniese a hacer la inspección para probar que se tenía la infraestructura y equipo necesario para su instalación y operación.
Previamente, como magistrado del Poder Judicial de Tamauliipas en 1981 cuando por su mente se arraigada la idea de traer la justicia federal a la entidad, José Asención Maldonado Martínez, en coordinación con la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de Victoria de la Universidad Autónoma de Tamaulipas fundó la práctica del Juicio de Amparo y dirigió a sus alumnos en la formulación del proyecto para la descentralización de la Justicia Federal en Tamaulipas.
De esa forma logró empatar la respuesta de los ministros de la Corte, la infraestructura física provisional y los recursos humanos calificados para el inicio formal del Tribunal Colegiado de Circuito de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que hoy tiene ya edificio propio y más infraestructura en el Boulevard Praaxedis Balboa de la capital tamaulipeca.
Un sueño, que con mucho trabajo e incansable gestión en todas las áreas de la administración se hizo realidad y que con gran esfuerzo académico logró capacitar a los imberbes estudiantes con ilusiones de abogados y que, llevados de la mano por su maestro, también coronaron sus sueños.
Muchos de esos alumnos y primeros empleados del Poder Judicial Federal en Tamaulipas ya se jubilaron, luego de haber cumplido con el periodo de trabajo que les permitió un sustento digno y la formación de sus familias.
A la par de esa labor, por acercar la justicia federal a la entidad, el entonces presidente del Poder Judicial de Tamaulipas, que recién estrenaban oficinas para los Magistrados en el Complejo Gubernamental “José López Portillo” construido en el gobierno de Enrique Cárdenas González, se dio a la tarea de recorren la entidad en busca de dignificar los recintos que albergaban a los juzgados.
Fue también una labor importante para generar los espacios que el personal requería para su mejor operación y atención a la ciudadanía, llevando a la par una mejora sustancial a los salarios de aquella época.
Un doble y valioso legado de un hombre culto, de sólida formación en su profesión, probo y trabajador que con su ejemplo dejó el testimonio de su amor por Tamaulipas, por la Justicia y por los tamaulipecos.
Ejemplo digno de recordar, resaltar y valorar en estos nuevos tiempos modernos en los que esas cualidades de las personas, de los profesionales de la abogacía y de los funcionarios judiciales parecen ajenas y lejanas.
Aunque le llevaban unos años en la carrera de abogado en la UNAM, conoció y trató a Miguel de la Madrid Hurtado y a Porfirio Muñoz Ledo.
También a Genaro Vázquez Rojas, aunque este desistió de esta carrera y luego fue maestro “rojillo” y lo reencontró en un juzgado federal de Guerrero, cuando le solicitó un amparo para evitar ser capturado.
Conoció y admiró a la paisana tamaulipeca Amalia González Caballero, nativa de Jiménez, de quien escribió varios artículos sobre su vida, aportaciones a la cultura, a la diplomacia y a la lucha por los derechos de la mujer.
Cuando terminó su misión como Magistrado del Poder Judicial de Tamaulipas en 1990, regresó a la práctica de su profesión como litigante.
En prueba de su honestidad, al concluir el sexenio de Emilio Martínez Manautou rechazó un fiat notarial que le otorgaban. Tampoco aceptó un cargo en el Décimo Noveno Tribunal Colegiado de Circuito.
Su gusto por la historia le llevó a cursar diplomados y una maestría. Realizó varias investigaciones relevantes y publicó artículos en revistas especializadas en el tema. También en esa disciplina su tema central era Tamaulipas y algunos personajes icónicos de la entidad.
Y como buen hijo de su adorado pueblo de Llera, donde descansas sus restos mortales al lado de sus padres y hermanos, desde 2002 y hasta su muerte, fungió como Cronista Honorario, por encomienda del Ayuntamiento de esa época.
El recuerdo del Licenciado José Asención Maldonado Martínez y su legado para Tamaulipas y los tamaulipecos, vino a mi mente al acudir la mañana de este jueves al restaurante La Tía, ubicado en la esquina del 7 Aldama en el centro de Ciudad Victoria, donde era asiduo comensal de la mesa 1 contigua a la puerta de acceso.
Parece que fue ayer, pero ya son cuatro años de la partida de este “Pequeño Gigante de la Justicia de Tamaulipas”.
Espero que al menos en los círculos académicos y judiciales le recuerden y rindan algún homenaje.
En los terrenos del Doctor Edy Izaguirre Treviño, Director de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Tamaulipas.
O en los de la Maestra Tania Gisela Contreras López, Magistrada Presidenta del Poder Judicial de Tamaulipas.
Y obvio, en la imponente sede del Décimo Noveno Tribunal Colegiado de Circuito del Poder Judicial Federal en Cd. Victoria.
Que las buenas obras de los grandes tamaulipecos no se olviden, comparte para que perduren en la memoria de las recientes y nuevas generaciones.

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