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Movilidad Urbana: Invasión motociclista

Por: Javier Terrazas.
abril 17, 2026
in Opinion
Calidad, reto de la educación
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La aparente solución o alivio a la necesidad de las masas populares de movilidad ágil en las ciudades, la motocicleta, se convirtió en un peligro y riesgo para miles de personas y familias por el uso inadecuado, el fácil acceso y la ineficaz autoridad vial y administrativa para su regulación.

Una motocicleta se vende en cientos de lugares de una ciudad mediana, puede ser una agencia, una mueblería o una tienda o super. Solo falta que las vendan las farmacias similares.

Su costo es modesto en comparación con el de un automóvil, en el caso de las marcas más tradicionales y de menor “caballaje”. Se ofertan como si fuesen una estufa, bóiler o antecomedor, en abonos pequeños y hasta semanales.

Se venden a cualquier ciudadano, incluso menor de edad y no hay requisitos para una capacitación en la conducción, contar con licencia de manejo o haber tramitado placas para circulación y tener pagados derechos vehiculares.

Con esa facilidad se puede acceder a un vehículo de motor en dos ruedas.

Además de ello, el joven trabajador, el estudiante, el obrero, el padre de familia, se ve orillado a la búsqueda de una unidad de este tipo debido a que el servicio de transporte público es muy deficiente, es decir, pocas unidades, en malas condiciones, deficiente conectividad y horarios cortos.

Tampoco se tienen posibilidades de adquirir un automóvil de medio uso o un “chocolate”, de tal forma que la opción más viable es la motocicleta.

Esta situación ha propiciado la “fiebre de la motocicleta” en pueblos, ejidos, comunidades, ciudades pequeñas, ciudades medianas o en las grandes ciudades.

En el caso de Victoria, la capital de Tamaulipas, si usted se pone una hora a contar el tipo de vehículos que pasan por su calle o en algún crucero, se percatará de que por cada diez autos hay dos motocicletas.

Y a pesar de los esfuerzos de las autoridades estatales a través de las Oficinas Fiscales con sus campañas de emplacamiento, así como de las autoridades viales para el uso de las medidas de protección como el casco o que vayan máximo dos tripulantes, hay miles que las omiten.

Cuatro de cada diez motocicletas circulan sin placas y seis de cada diez conductores de estas unidades no utilizan el casco protector en sus cabezas.

En cada unidad de ese tipo previo al horario de ingreso a clases en las escuelas, o la salida de estas, se pueden apreciar tres y hasta cuatro tripulantes en una de cada cinco motos. Es decir, se convirtió en el transporte familiar.

Y obvio que ninguno de ellos lleva la debida protección entre los que figuran casco, pechera, coderas, rodilleras, botas y pantalones y camisas de manga larga. Otro elemento en contra de estas prendas de protección es el fuerte calor de esta región e Tamaulipas.

La pobre cultura vial que existe en nuestra ciudad en los automóviles, camionetas, camiones e incluso transporte pesado, se traslada a la conducción de motocicletas.

La velocidad que pueden alcanzar en solo segundos y la libertad que provoca la conducción de estos “caballos de acero” son un catalizador del riesgo o peligro que ellos no miden.

Y esto se traduce en gran número de accidentes de motocicleta, desde un simple derrape con caía, hasta un choque contra otro motociclista, un auto, un microbús o el atropellamiento de un peatón. De todo tipo de percances en los que, por lo general hay heridos, muchos de ellos fracturados, lesionados de columna y otros letales.

En mi lejana infancia me tocó presenciar como un amigo dos años mayor perdió parte de su pierna derecha, de la rodilla hacia abajo, en un accidente de motocicleta en un camino de terracería.

Desde entonces le guardo mucho respeto a ese medio de transporte.

Y aunque en la familia hubo una motocicleta en la etapa universitaria, siempre procuré operarla con cuidado y la protección necesaria, aun cuando Victoria era una ciudad pequeña y sin el tráfico de hoy.

En varias ocasiones he abordado este tema y desgraciadamente como sociedad no hemos sabido acompañar este mundo motociclista con la cultura vial, la reglamentación estricta y el control vehicular en busca de reducir los riesgos de accidentes y la peligrosidad para los usuarios y sus familias.

Lamentablemente normalizamos que el motociclista se accidente, se lesione o pierda movilidad corporal en su etapa juvenil, en lugar de exigir a la autoridad mayor rigor para cumplir con su responsabilidad.

Y no solo en los tres puntos citados: cultura vial, reglamentación de adquisición y uso, así como el control vehicular.

Se trata de ampliar, mejorar y modernizar el servicio de transporte colectivo que sea el facilitador de la movilidad de la sociedad en general. De aquellos que no pueden adquirir un automóvil o de aquellos que usan el auto como transporte personal y pudieran prescindir de él por el uso de transporte colectivo de calidad.

Las estadísticas de accidentes de motociclistas, de lisiados, discapacitados o muertos por este problema de la autoridad y la sociedad en su conjunto, debe movernos a la búsqueda de soluciones de fondo, porque al ritmo que vamos estaremos cortando muchas horas, semanas, meses y años a los jóvenes de hoy.

Victoria, Tamaulipas y México necesitan de sus jóvenes y no tan jóvenes son quienes ahora aportan con su esfuerzo y trabajo diario a la construcción de un mejor país. Son ellos los principales usuarios de las motocicletas.

Velemos por todos y cada uno de los medios de transporte colectivo o privado, además de su interacción armónica en el uso de los espacios públicos para la movilidad urbana.

Tarea de todos.

Pero en especial de delegados o directores de Tránsito como Javier Córdoba González en Victoria.

De presidentes municipales de nuestras principales ciudades entre ellos Carmen Lilia Cantú(rosas) Villarreal, de Nuevo Laredo; Carlos Peña Ortiz, de Reynosa; Alberto Granados Favila, de Matamoros; Eduardo Gattás Báez, de Victoria; Patricia Chío de la Garza, de El Mante; Armando Martínez Manríquez, de Altamira; Erasmo González Robledo, de Madero; y Mónica Villarreal Anaya, de Tampico.

De secretarios o directores de Desarrollo Urbano, como el recién estrenado Karl Becker Hernández.

De secretarios o directores de Transporte como Amando Núñez Montelongo.

De Diputados Locales como Ismael García, Juan Carlos Zertuche, Cynthia Jaime Castillo, Blanca Anzaldúa Nájera, Byron Cavazos Tapia, Mercedes Guillén Vicente y Vicente Verástegui, integrantes de la Comisión de Comunicaciones, Transportes y Movilidad en el Congreso Local.

Y obvio, del gobernador Américo Villarreal Anaya, quien, además, como galeno sabe del impacto que tiene en el sector salud y en la productividad y vida de una persona el impacto de un accidente fuerte como el que se produce en un “motocicletazo”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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