Hermanos y amigos en el Señor Jesús, el mensaje de nuestras lecturas de hoy es claro y sencillo: seamos dóciles a que nos enseñen, no importa lo lejos que lleguemos en la vida laboral o académica, siempre debemos encontrar espacio para ser humildes y aprender. El orgullo sería nuestra mayor perdición. Una persona que piensa que es autosuficiente y que no necesita ayuda de otros, sólo se estaría posicionando en una vida inflada de ego.
En las lecturas de la Santa Misa, encontramos tres puntos que nos van a orientar para ser humildes y reconocer la importancia de aprender.
Primero, necesitamos buenos ASESORES. En la escuela de posgrado, el asesor que tienes para tu tesis es un experto en ese campo de estudio, se te asignó un profesor que te puede ayudar a sacar lo mejor de ti. Necesitamos asesores en la vida profesional y en la vida espiritual y eso fue lo que Elí era para el joven Samuel. Cuando el Señor estaba tratando de interactuar con Samuel, fue Elí quien le ayudó a responder a la llamada del Señor.
La pregunta es: ¿Buscamos buenos asesores? Lo más probable es que estemos disfrutando de asesores que no nos ayudan a crecer y muchas veces estamos atrapados sin avanzar y sin poder crecer. Necesitamos buenos asesores, especialmente en nuestra vida de fe. Tengamos presente la figura del Director Espiritual como gran ayuda a nuestra vida de fe.
Segundo, para poder ser enseñados, tenemos que cuidar nuestros CUERPOS. No es cierto que podemos hacer lo que queramos con nuestro cuerpo. Nuestros cuerpos no son solo instrumentos, ellos son parte de lo que somos. Lo que somos es para ser respetados por la dignidad que tenemos como personas. San Pablo lo articula bien, “¿No sabes que tu cuerpo es un templo del Espíritu Santo? El pecado abusa del cuerpo, el pecado trata a uno mismo como un objeto. Cuando empezamos a cuidar y respetar nuestro cuerpo, también empezamos a cuidarnos y respetarnos como personas.
Tercero, para poder ser enseñados tenemos que estar COMPROMETIDOS con lo que somos. Jesús le dijo a Pedro: “Tú eres Simón el hijo de Juan; te llamaré Kefás”—que se traduce Pedro [o roca]. Pedro se convirtió en el Pastor y con él llega la fundación de la Iglesia porque permaneció fiel gracias a la la identidad que recibió.
Todos hemos recibido responsabilidades a lo largo de los años – como estudiantes, como empleados, como obreros, como jefes, como sacerdote. Cuando estamos comprometidos con lo que somos y con las responsabilidades que poseemos, entonces decimos sí a ser dóciles.
No se convierte en un buen sacerdote de la noche a la mañana, se aprende a través de los años, a través de una vida de fidelidad. No importa dónde estemos, qué responsabilidades tenemos, es nuestro compromiso con nuestra dones y carismas ser capaces que seamos enseñados.
Queridos hermanos y hermanas, como los discípulos en el Evangelio, llamemos a Jesús nuestro rabí-maestro y para abrazarlo realmente como maestro tenemos que encontrar un asesor o un director espiritual que nos lleve a él, tenemos que cuidar nuestros cuerpos como templos del Espíritu, y tenemos para comprometernos con nuestras responsabilidades.
Con mi oración, cercanía y gratitud.
Pbro. Lic. Andrés Figueroa Santos







Discussion about this post