No crea que se trata de un insulto al alcalde morenista de la capital tamaulipeca, Eduardo Abraham Gattás Báez. Es una petición para reducir accidentes viales en el centro de la ciudad y otras avenidas.
Provengo de estado con buena cultura vial, Chihuahua, de tal forma que siempre he percibido con más agudeza las deficiencias en ese campo en todo Tamaulipas, pero en especial en Victoria.
Radico en el centro de la ciudad y quizá es la zona que tiene más acentuado el problema de choques en algunos cruceros.
En múltiples ocasiones al presenciar los accidentes he llamado a los teléfonos de auxilio para que vengas las ambulancias o las patrullas de Tránsito Local.
Otras ocasiones, auxiliado a los conductores o acompañantes para faciliten el teléfono de sus familiares y avisar de los percances.
Y de la misma forma, en dos ocasiones en forma directa haber participado en el choque y una más en donde un colaborador lo hizo en una unidad de mi propiedad.
Uno de los elementos recurrentes causantes de los accidentes es que en las angostas calles de la ciudad, cuando son estacionados autos en áreas destinadas para ello, lo hacen sin respetar espacios prohibidos.
Se colocan casi al límite de la cuadra, obstruyen la visibilidad de quien viene por una calle perpendicular y va a cruzar.
Le cito tres ejemplos:
En la calle Fermín Legorreta (21) si usted viene en su auto por la calle Ocampo (poniente a oriente) o Morelos (poniente a oriente) , o Guerrero (poniente a oriente) e incluso algunas más adelante Mina ( poniente a oriente) y quizá la más complicada Conrado Castillo (poniente a oriente) y busca incorporarse al 21, es un tormento.
Los vecinos de la cuadra u otras personas no respetan los seis metros oficiales que deben dejarse para asegurar visibilidad. En la mayoría de los puntos no están marcados ni con línea amarilla.
Así es que incorporarse a la cale Fermín Legorreta o cruzarla para continuar en la misma dirección, es casi un “paso de la muerte”.
Y es que la calle 21 es uno de los ejes importantes sur-norte con intenso tráfico sobre todo de las 7:30 a las 9:30 de la mañana; de las 13:00 a las 16:30 de la tarde que son horarios de entrada y salida de las burocracias o de las escuelas.
El mismo problema se repite cuando los conductores buscan incorporarse a la calle Venustiano Carranza (22) que es un importante eje norte-sur.
Los autos estacionados al limite de la cuadra obstruyen casi totalmente la visibilidad por ejemplo cuando se transita por las calles Hidalgo, Matamoros, Bravo y Abasolo, por citar unos cuantos.
Pero se trata de un fenómeno de casi todo el centro de la ciudad.
Igual ocurre en las calles 18 y 19 desde Democracia a Carrera Torres, habilitadas como desfogue del tráfico sur a norte y norte sur.
Un caso muy lamentable es el 18 Morelos, pues está casi a espaldas de la presidencia municipal y ahí además de los vecinos, quienes obstruyen la visibilidad son los empleados municipales o quienes acuden a realizar trámites.
El problema de la falta de cultura vial en la capital tamaulipeca, tiene varios elementos que la hacen grave.
La ausencia de un servicio de transporte público eficiente obliga a la adquisición de autos, motocicletas o bicicletas para el transporte particular.
Ello aumenta el número de unidades en circulación, muy arriba del promedio de otras ciudades, si consideramos el número de habitantes.
El reducido número de agentes viales en la ciudad.
La tolerancia de las autoridades viales a la circulación de unidades sin placas, placas vencidas, conductores sin licencia.
La expedición de licencias de conducir sin exámenes previos de conocimiento del reglamento vial y de operación de la unidad.
El influyentísimo de muchos conductores.
Las calles angostas.
La deficiente señalización vial en muchas de las calles.
Las autoridades viales no actúan con un criterio preventivo. Lo hacen más con fines recaudatorios (personales o institucionales) y en la atención de las urgencias derivadas de los accidentes.
La prisa permanente de muchos conductores que quieren salir de su casa diez minutos antes de la entrada a sus centros escolares o laborales, alterando con su brusquedad el tráfico.
Corresponde a las autoridades municipales y estatales poner orden en irregularidades que hacen de la capital tamaulipeca y en particular de la zona centro de la ciudad un sector caótico.
Mayor coordinación y operación debe darse entre el Gobierno Municipal que preside Eduardo Abraham Gattás Báez y el Gobierno del Estado, en las áreas que tienen que ver con el Tránsito y la Movilidad Urbana.
Y estas se ubican en las Secretarías de Desarrollo Urbano y Medio Ambiente, donde su titular es una excolaboradora del alcalde en esa área, Karina Saldívar Lartigue y de la Secretaría General de Gobierno encomendada al ríobravense Héctor Villegas González, de quien depende la Dirección General de Tránsito y Transporte.
Por cierto, la mayor parte de las escasas patrullas de tránsito y vialidad que circulan en Victoria, lo hacen infringiendo el reglamento, traen placas vencidas.
Así es el problema de vialidad de la capital tamaulipeca. Indiferencia, negligencia, apatía, tolerancia, costumbre.
Más acentuado en el centro de la ciudad durante todo el día, porque en la noche se queda semi-desierta.
Y la alternativa de solución al menos para la visibilidad en los cruceros, es el separar esos seis metros para impedir los estacionamientos de autos.
Y como las líneas amarillas no se respetan.
La solución es construir las llamadas OREJAS DE ELEFANTE.
Que no es otra cosa que una ampliación de la banqueta para que nadie se estacione en ese espacio.
Y como la forma física que dejan se asemeja un poco a una oreja de elefante, así se les denomina en términos técnicos por los urbanistas.
No es que el alcalde Eduardo Abraham Gattás Báez tenga orejas de elefante y no escuche al pueblo.
Sería un gran detalle que ahora que se repavimentan muchas calles del centro de la ciudad, le agregaran esas “OREJAS DE ELEFANTE” al menos en los cruceros más peligrosos.
La estadística de tránsito donde despacha Libio Flores, hijo del ex secretario de Seguridad Pública Raúl Flores Morán, es más que evidente, encierra esos datos.
Por cierto que en el cruce de las calles 19 Zaragoza, a unos metros de la casa de Don Raúl, urge una Oreja de Elefante. El reciente choque con volcadura en el cruce, lo obliga.
Creo que las OREJAS DE ELEFANTE serían una obra muy rentable par ala comunidad. Salvarían vidas, lesiones y reducirían gastos fuertes en reparación de unidades dañadas en los accidentes.
Aunque obligue a algunos conductores o vecinos a caminar unos metros más.

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