Bustamante, Tula, Palmillas, Jaumave y Miquihuana, ubicados en el suroeste de
Tamaulipas, son una región semiárida conocida también como el “Altiplano
Tamaulipeco”, donde la vida siempre ha sido difícil y más en tiempos pasados, por
los destrozos de la Revolución Mexicana de 1910.
Por supuesto, lo que más ha hecho complicada la subsistencia de los habitantes
de Bustamante ha sido la carencia del agua, pues al padecer la falta del vital
líquido, la agricultura y la ganadería, son muy precarias, por lo que su gente ha
tenido la necesidad de buscar el sustento en otros lugares.
Sobre este tema el maestro Noé Báez Coronado, cronista y promotor cultural, nativo
de esa Villa de Bustamante, comentó que “algunos de sus familiares se iban a
trabajar a Estados Unidos, en los tiempos de cosecha, desde antes de la revolución
y muchos hicieron fortuna, allá se quedaron y otros huyeron de la lucha armada”.
Otros hombres aferrados a su tierra, siguieron cultivando maíz, frijol, calabaza o
tallando la lechuguilla, que cada día era más pobre como resultado de la misma
sequía. Hubo quienes emigraron a la región Mante, cuando esta se convirtió en un
emporio, gracias a la instalación de Ingenio Azucarero a principios de los años “30”.
En el caso de la familia del profesor Báez (30-04-1942), buscando su mejoría, iban
por temporadas a la “Frontera Norte” a la pizca del algodón, donde radicaban unos
paisanos de Bustamante, que a la postre eran colonos, pertenecientes a la colonia
Anáhuac, que era parte del “18 de Marzo”, hoy municipio de “Valle Hermoso”.
Esto sucedía en los meses de julio y agosto de cada año y refiere Báez Coronado,
que “el primer año que acompañó a su papá fue en 1948 y lo siguieron haciendo,
por casi diez años consecutivos” y agrega que “el transporte era un camión de
redilas con asientos de madera, en el que viajaban 50 personas aproximadamente”.
El referido camión era propiedad de los Hermanos Cardona, nativos de Miquihuana
. Una vez fijada la fecha de salida, empezaban los preparativos, para efectuar
el viaje e iniciado éste, en Bustamante, en condiciones normales, tardaba “ocho
horas para arribar a Ciudad Victoria, Tamaulipas.
Generalmente las partidas eran de madrugada, para no exponer a las personas al
sol y la primera parada era en Ciudad Victoria en una casa amiga, localizada en el
18 y 19 Democracia y en ocasiones cuando amenazaba el mal tiempo, se hacía la
pernocta para continuar con el recorrido hasta llegar a su destino final.
Cuenta el maestro Báez que por esos lustros la infraestructura era muy incipiente,
por lo que el traslado resultaba agotador, por ejemplo en los ríos Corona,
Purificación y Conchos o San Fernando, no había puentes, de tal modo que el cruce
era en chalanes de fierro y a veces se saturaban, volviéndose la travesía más lenta.
Además señala que como resultado de la Segunda Guerra Mundial (1942-1945),
muchos americanos tuvieron que enlistarse en el frente de batalla, por lo que en los
campos estadunidenses hicieron falta brazos, mismos que fueron importados de
otros países, principalmente de México, conocidos como “braceros”.
Al terminar el conflicto se repatriaron a miles de mexicanos y mediante un acuerdo,
entre el gobierno norteamericano y el mexicano, encabezado por el general Lázaro
Cárdenas del Río, ubicándolos en áreas al sur del Río Bravo, en ese tiempo casi
despobladas, pero con un enorme potencial, gracias a las aguas de dicho río.
En esos rumbos hubo ejidatarios, colonos y pequeños propietarios, que al principio
sufrieron infinidad de vicisitudes, por ejemplo la carencia de agua potable, plagas
de zancudos, víboras, inundaciones, altas temperaturas y enfermedades y decían
que la flora estaba conformada por mezquites y ébanos.
El comenzar, para esas familias fue muy azaroso, empero gracias a los apoyos del
gobierno, consiguieron máquinas desmontadoras, pero sobre todo con la
construcción de los sistemas de riego, pronto convirtieron estas dotaciones en un
emporio algodonero. Con el tiempo surgieron las máquinas cosechadoras.
El cambio de cultivos provocó la desocupación de jornaleros, por lo que quienes
antes realizaban faenas agrícolas fueron desplazados, sin embargo, para fortuna
de muchas familias bustamantenses, con los años sus hijos crecieron, se hicieron
profesionistas y salieron a trabajar por todo nuestro país y allende las fronteras.
Para concluir el profesor Báez, se despide con palabras llenas de amor a su terruño
y refiere: “Bustamante ya no es lo que era; tierra en los caminos, tierra en las casas,
tierra en las tripas, tierra en la mente, pues debido al gran esfuerzo de su pueblo y
autoridades, mi querido pueblo, ha alcanzado un satisfactorio grado de progreso y
para mi es la Villa Bella”.
Facebook/olimpobaezcedillo Twitter: @guiadelbien

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