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Clima: El Niño y La Niña

Por: Dr. Gerardo Flores Sánchez
junio 25, 2023
in Opinion
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En una familia, el anuncio y el arribo de un niño es motivo de alegría y de gran preocupación para los padres. Sin duda la noticia de su próxima o confirmada llegada, es una poderosa señal para realizar todos los preparativos a fin de resolver con éxito las situaciones que puedan ocurrir con su presencia.

Pero en este comentario no me refiero a la espera del nacimiento de un bebé, sino al arribo del fenómeno natural climático conocido como el Niño. Las preguntas cruciales son: ¿Conocemos lo suficiente este fenómeno climático, que viviremos en este y los siguientes años? ¿Qué podrá resultar de la suma potenciada del calentamiento global y del fenómeno del Niño, en cuanto olas de calor, sequías, tormentas, huracanes e inviernos crudos? Finalmente si nuestro país, estado y nosotros mismos estamos preparados para enfrentarlo y sobreponernos a él?

Los expertos en meteorología señalan que el Niño es un fenómeno que expresa la variabilidad cíclica del sistema climático océano-atmósfera, como resultado del proceso dinámico complejo de las interacciones aire-mar que tienen lugar en el Pacífico Tropical y que calientan o enfrían la superficie del agua del océano.

El nombre del Niño, es el que de manera tradicional, le dieron los pescadores del Perú y de Chile, debido a que sus manifestaciones más intensas (calentamiento del océano y escases de la pesca) ocurrían en los días más cercanos a la Navidad cuando se celebra el nacimiento del niño Jesús.

Instituciones de investigación y vigilancia meteorológica describen este fenómeno climático del océano-atmosfera como la Oscilación del Sur. Por sus siglas en inglés lo identifican como ENSO (Niño –Southern Oscillation). Consideran que es una oscilación porque se trata de ciclos alternos de calentamiento y enfriamiento del agua superficial del océano Pacífico en la región tropical del Ecuador.

Esta oscilación da origen no solo al fenómeno del Niño, sino también al de la Niña, que en realidad son los dos estados o extremos de un solo fenómeno. El primero es la fase cálida y el segundo, la fase fría.

El Niño ocurre cada 3-7 años, pero no hay constancia en su duración. Y su pico estacional es en el invierno boreal. La Niña tampoco tiene una duración constante. La más reciente duro tres años.

En condiciones de normalidad el proceso de esta fluctuación climática consiste en que la atmósfera a través de los fuertes y constantes vientos llamados Alisios, que van en dirección este-oeste, empujan el agua caliente de la superficie del mar hacia el occidente llevándola hasta las aguas que bañan las costas del Índico y Australia causando lluvias y tifones.

El desplazamiento en las costas del Perú y Chile de esta agua caliente, provoca que emerja el agua fría rica en nutrientes desde las profundidades del océano, llevando con ella otras variedades de especies para la pesquería en las costas de Perú y Chile. Pero esta abundancia de especies distintas, coincide con escases las de pescado que son la base de la economía local y nacional.

En contraste cuando se presenta el fenómeno del Niño, los vientos Alisios son más débiles de lo normal e incluso ausentes, lo que causa la acumulación de las aguas cálidas en el centro de la cuenca del Pacífico ecuatorial. Este calentamiento del océano Pacífico por la alteración del termo-clima de esta zona centro-este, da lugar a sistemas de baja presión (temperaturas frías) en la atmósfera que produce abundantes lluvias, deslaves e inundaciones en la costa oeste de América del Sur.

La Niña es un enfriamiento en el centro y este del Pacífico ecuatorial. Los vientos Alisios se fortalecen alejando la reserva de agua caliente más hacia el oeste, por tanto la zona de lluvias se sitúa a su vez a la parte más occidental del Pacífico.

Debido que el clima de nuestro planeta es un sistema global en el que están estrechamente vinculadas las temperaturas y las presiones el mar, los vientos de la atmosfera y las corrientes submarinas de todas las regiones del mundo, los efectos del Niño y de la Niña no son solo locales sino mundiales y de difícil predicción. La temperatura del sistema siempre busca el equilibrio, generando ajustes entre las de sus componentes, ya sea de manera regular moderada y constante o abrupta y violenta mediante fenómenos meteorológicos extremos.

Así el Niño ha causado humedad y lluvias torrenciales en las islas centrales del Pacífico, la destrucción de las vitales barreras de coral en el Índico que son fundamentales para mantener la biodiversidad en todo el Pacífico. Por su parte la Niña ha provocado temporadas invernales catastróficas en Norteamérica y Europa; lluvias abundantes en Filipinas y sequías en Sudamérica.

La Agencia Meteorológica de Estados Unidos (NOAA) anunció en mayo que la temporada de la Niña terminó este primer trimestre de 2023. Y que el Niño arribaría a finales del verano. Durante esa espera, los océanos estarían en una condición climatológica neutra y el mundo tendría unas semanas para prepararse.

Sin embargo al iniciar junio, confirmó que el Niño ya llegó. También pronosticó que en los siguientes seis o nueve meses se hará más fuerte, ocasionando abundantes lluvias. En Tamaulipas influirá en las características de los huracanes.

No hay certeza de la intensidad que tendrá, pero la Organización Meteorológica Mundial estima que hay un 98% de probabilidades de que al menos uno de los cinco siguientes años, sea mucho más cálido de los antes registrados.

Entre 2014 y 2016 el Niño tuvo una fuerza inusitada, por el contrario el de periodo de febrero a agosto de 2019, su intensidad fue relativamente débil.

Algunos especialistas e investigadores independientes como los del Colegio de Sonora afirman que México aún no cuenta con las suficientes políticas públicas preventivas y de aprovechamiento sustentable para prepararse ante los efectos del Niño y de la Niña, es decir las olas de calor, sequías, tormentas, abundantes lluvias, inundaciones, olas gélidas, daños a la agricultura y ganadería. Y que sus acciones generalmente son solo reactivas ante las contingencias.

El tiempo dirá si en nuestro país y en nuestra región norte, existe la voluntad y la capacidad de proteger a la población. Si hemos aprendido de las lecciones que hemos vivido en el pasado y si estamos dando importancia a las advertencias e información de los organismos meteorológicos nacionales e internacionales.

Se trata de proteger con eficacia y efectividad la salud y la seguridad de nuestra población, de nuestro sistema agroalimentario y en general del carácter sustentable de nuestro desarrollo económico social.

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