Y todo empezó cuando a la edad de 4 años el pequeño Mateo ya retumbaba el teclado con
las notas musicales en su casa, deleitando a quienes lo escuchaban, y no es para menos sus
padres son reconocidos concertistas.
Este niño que es un prodigioso pianista tiene raíces victorenses sus abuelos son los
maestros de bellas artes Don Chava Castillo y la pintora Olivia Malibrán, quienes
heredaron sus talentos a sus generaciones.
Pero le cuento que Mateo es multifacético en este asunto de las bellas artes, no solo
domina a la perfección el teclado, sino que sobresale en temas como de escultura, pintura,
y elaboración de bocetos.
Y esta habilidad la adquirió desde a una corta edad pues se extasiaba ver el modelado y el
trabajo con el barro de don Chava Castillo su abuelo materno y la vez su instructor en estas
artes plásticas.
Y hoy por hoy con tan solo 12 años el pianista mexicano Mateo Hurtado Castillo, sigue
cosechando reconocimientos por sus habilidades de sus notas musicales para cautivar con
sus majestuosos conciertos.
Recientemente destacó con el tercer lugar en el Segundo Concurso Latinoamericano de
Piano “América para todos”, de entre decenas de participantes de su misma edad
provenientes de toda Latinoamérica, y también se puede sumar otros tantos premios
recibidos en concursos de corte internacional de países como Alemania, Bosnia, Inglaterra
solo por mencionar algunos.
Tiene habilidad para cautivar con la música clásica como la Sonata en Do Mayor L.104 del
compositor barroco Domenico Scarlatti, el primer movimiento de la Sonata No.1 de L.V.
Beethoven, así como la Fantasía-Impromptu de Fréderic Chopin, y Malambo del Argentino
Alberto Ginastera.
Además a este pequeño concertista le seducen las letras, es un devorador de libros, otra de
sus pasiones es la lectura impresa, ha encontrado la magia de las letras plasmadas para
deleitarse y cultivar su acervo cultural, en hora buena Mateo.
“La música es para el alma lo que la gimnasia para el cuerpo”.
Cuánta razón, tenía el filósofo Platón, con su máxima sobre la música, y es que en estas
artes se destaca esta disciplina, porque fortalece la estructura necesaria para llevar a cabo
procesos, genera en nosotros la constancia y la necesidad de concluir tareas, ya que ayuda a
desarrollar el hábito de terminar lo que empezamos.
También infunde tolerancia y paciencia, virtudes que cada día se vuelven escasas en nuestra
sociedad, también nos enseña a controlar la frustración, a fortalecer la voluntad, a valorar el
esfuerzo necesario para alcanzar nuestros objetivos.
Consideremos que el llevar a los niños a la cultura musical donde, de manera lúdica,
aprendan, se diviertan y se estrechen más los lazos de amistad, fraternidad, respeto,
empatía y amor por el prójimo entre otras cosas; es un acto de bondad y de empatía para
cultivar valores en su corazón.
Y es que los seres humanos convivimos con la música en todo momento, es un arte que nos
hace disfrutar de tiempos placenteros, nos estimula a recordar hechos del pasado, nos hace
compartir emociones en canciones grupales, conciertos o tribunas deportivas.
Pero eso que resulta por demás natural, que se produzca sorprendentes mecanismos
neuronales, es por eso que desde las neurociencias nos hacemos muchas veces esta
pregunta: ¿qué le hace la música a nuestro cerebro?
Verá usted, escuchamos música desde la cuna o, incluso, en el período de gestación, los
bebés, en los primeros meses de vida, tienen la capacidad de responder a melodías antes
que a una comunicación verbal de sus padres.
Y es que el efecto tonificador de los sonidos musicales suaves los relaja, se sabe, por
ejemplo, que niños prematuros que no pueden dormir; son beneficiados por los latidos de
la madre o sonidos que los imitan.
Además de está considerada entre los elementos que causan más placer en la vida, libera
dopamina en el cerebro, proporcionando etapas placenteras de bienestar, en donde se
impulsa la creatividad.
Nos vemos en la próxima.
gildateran@yahoo,com.mx

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