Antes de iniciar el espacio de hoy, le comento que las intenciones eran tomar unos
días de descanso y salir un poco de la rutina del confinamiento en casa a causa de la
pandemia del COVID-19 y sus anexos o derivaciones que nos vulnera más la salud.
Proyectamos un viaje en el Tren Chihuahua-Pacífico (CHEPE) que ofrece
espectáculos visuales de la naturaleza de la Sierra Madre Occidental, en su región de los
Tarahumaras o Rarámuris.
Lamentablemente camino a Los Mochis, Sin., la Agencia de Viajes nos contactó para
avisar que las lluvias recientes sobre el Pacífico y en general por todo el país, provocaron
derrumbes sobre las vías del CHEPE y no tenían tiempo aproximado de reparación, por lo
tanto, el viaje contratado estaba suspendido indefinidamente.
Este fue un mal negocio de los viajeros… pero lo que no, es lo siguiente:
Empiezo reflexionando que quizá un mejor título para el espacio de hoy pudo haber
sido… Reflexiones, Análisis, ¿Para qué? O tal vez: Unos Cuántos. El caso es que surge el
tema, al reiniciar por unos días, esta columna periodística.
El material surge por la mañana de hoy, cuando me entero del rotundo triunfo de 4
goles contra uno, en el fútbol, México contra Francia, de las olimpiadas de Japón 2020 y
que, por las muy distantes horas de diferencia, muchos mexicanos nos lo perdimos por la
televisión, aunque nos deleitamos con la repetición de los goles y no ha de faltar quién vea
la repetición de todo el partido.
Aclaro al respetable que no soy aficionado a los deportes, aunque eso no obsta, no
contradice la reflexión y el análisis, no del partido de fútbol, sino lo que pudiera haber
detrás de este deporte.
La noticia del triunfo mexicano en el futbol amateur desde luego que es una
satisfacción y orgullo… ¿Para quién? Pudiera preguntar cualquiera. No faltaría quien
contestara que para los mexicanos… ¿todos? Claro, ¿O solo representa la selección a unos
cuantos?
Este tipo de reflexión, quizá hasta sin sentido, me llevó a recordar a la primera
potencia mundial en el deporte de la patada: Brasil, que a nivel interconfederativo
continental, posee dos Campeonatos Panamericanos de Fútbol: en la edición de 1952 y en
la de 1956. Brasil ganó un total de 69 títulos internacionales oficiales.
Insisto, no soy experto y la información que comparto con el lector es de varios sitios
de internet. “Nadie tiene más títulos en la historia que la Verdeamarela, que se quedó con la
Copa del Mundo en 1958, 1962, 1970, 1994 y 2002” y hay mucho más de los triunfos de
Brasil.
La interrogante necia, torpe y hasta irónica que me diseñé fue simple y sencilla:
¿y…?
Las conclusiones a las que llegué me parecieron reales porque, Brasil, campeón
mundial en Fútbol, una potencia en este deporte… sigue siendo una tierra tercenmundista,
tiene muchísimos millones de pobres, deficiencias en salud, débiles niveles de educación,
prolifera el subempleo y hacen falta millones de empleos, incontables registros de
inseguridad, pésima economía social y por lo tanto de servicios públicos, etc., etc.
El fútbol lamentablemente no ha ayudado en nada, por lo menos a un sector de la
población brasileña… Corrijo: ha beneficiado a los jugadores, sus apoderados y a quienes
viven de la comercialización del deporte.
Tan simple como los dueños de los equipos, las empresas de ropa o calzado
deportivo, las de aseo y limpieza personal, perfumes, bebidas con o sin azúcar, ropa casual,
vehículos automotores, líneas aéreas, etc.
Los patrocinadores de los juegos de este deporte ganan por la publicidad que entregan
‘gratuitamente’ al consumidor… a usted, a los aficionados de ‘hueso colorado’ que no se
conforman con una playera de imitación, porque son capaces de pagar hasta miles de pesos
por una ‘oficial’.
Exacto, los aficionados al futbol o a cualquier otro deporte invierten cantidades
simples o importantes de dinero en ropa, calzado, accesorios y hasta en destinos turísticos o
el transporte.
El fútbol es pasión, es cierto. Ha llegado a entrar tan hondo en la mente de muchos
aficionados del mundo que ya existen estadísticas sobre suicidios u homicidios por algunos
deportes, aunque también las autoridades de salud han reportado muertes a causa del
corazón, por la angustia o depresión que vivieron después de un partido, de lo que me diga,
pero más del muy popular fútbol.
El capitalismo nos ha mostrado el sendero del consumismo y es muy difícil salir de
ahí, a pesar de los esfuerzos que se hagan por luchar contra el fenómeno de “comprar
porque me gusta”

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