Como a todos me encanta viajar, y tengo buena memoria, así que a petición de mis lectores les
compartiré algunas historias de mis viajes.
Hoy les comparto mi Historia con Tula, que está a solo 130 km de Cd. Victoria y la carretera –al
menos la última vez que yo fui- está en muy buen estado, así que podemos ir manejando
tranquilamente.
Salimos a las 8 de la mañana de Victoria para desayunar en Jaumave en las gorditas de Don
Pedro, a mí me gusta ir a las que están en el centro, muy cerca de la plaza y suelo pedir 3
gorditas: una de barbacoa, una de costilla y otra que no pique, por supuesto con coca de dieta,
que me llevo desde aquí con hielo, por si no tienen.
Ahora si nos pasamos de buen humor a Tula, la ciudad más antigua del estado y en algún
tiempo su capital, donde encontramos varios lugares de interés, tanto dentro de la ciudad
como en los alrededores.
Cuanto amó Porfirio Díaz a su esposa Carmelita Romero Rubio quien nació en Tula, que le
mando construir la iglesia del Rosario y muchos de sus valiosos edificios; el Centro Histórico
cuenta con varios edificios del siglo XVIII y XIX; en la plaza principal, destaca el Templo de San
Antonio de Padua. Este templo fue construido a mediados del siglo XVIII y una de sus
características es que en su torre cuenta con un reloj inglés desde 1889.
En el centro de la ciudad se encuentra también la Casa de la Cultura, con su característica
fachada de las ventanas góticas, y los portales con sus arcos clásicos bien conservados, así
como otros edificios tradicionales como el antiguo Hotel Diligencias.
De ahí nos pasamos a caminar al paseo “arroyo loco” donde puedes disfrutar tranquilamente
dos horas viendo la gran variedad de plantas de la región, tomarte muchas fotos en sus arcos
de sillar y comprar algunos productos de sábila, cuero o ixtle. En el arroyo loco también hay un
restaurante, pero para ser sincera nunca he comido ahí.
La última vez que estuve en Tula, fui de trabajo, para grabar un video para Mexicana Universal,
así que tuve la oportunidad de conocer el casco de “Congregación Los Charcos”, que está a
unos 5 minutos de la ciudad; el lugar definitivamente es mágico, además tuve la suerte de
poder grabar a los danzantes, aprender su baile, e incluso danzar con ellos. Vale la pena
cuando todo esto pase ir a Tula en alguna festividad para poder ver este baile.
Después de caminar o bailar es urgente la comida, a mí me gustan dos lugares: el “Casino
Tulteco” y “Casa Carrera”, en ambos puedes comer delicioso además los restaurantes son muy
bonitos; la comida de Tula me encanta ahí si pedimos al centro muchas cosas para comer de
todo, son imperdibles las tradicionales enchiladas tultecas que las preparan con tortilla roja, y
llevan un guiso de papa, chorizo, queso, tomate, y chile piquín en vinagre, si quieres las pides
con cecina; también pido cabrito que a mí en lo particular me gusta mucho como me lo den,
siempre y cuando no tenga cabeza.
El postre lo encuentran en esa misma calle, con las nieves de sabores únicos de la región,
como garambullo, pitaya o tuna; yo prefiero la de garambullo y su divino color moradito.
El casino de Tula aunque es pequeño también fue el primero de Tamaulipas y en sus buenos
tiempos los hombres tenían que ir vestidos de esmoquin y las mujeres de vestido largo, al
subir y escuchar el crujir de las escaleras de madera no puedo evitar imaginarme el lujo de los
tiempos de Don Porfirio Y Carmelita, las fiestas hermosas que se hacían en ese lugar y el ir y
venir del champagne. En el segundo piso tienen un espejo antiguo maravilloso, y sus ventanas
de madera enmarcan la vista de la plaza.
Si quieren quedarse a dormir, al día siguiente pueden visitar la zona arqueológica de
Tammapul donde se ubica el Cuizillo, una pirámide prehispánica considerada única en su tipo y
la más grande de Tamaulipas, aunque aclaro: la última vez que fui, estaba cerrada y
descuidada, por la pandemia, espero esto cambie.
Antes de regresar a Victoria hay que visitar la tortillería para traerme dos kilos de tortillas
rojas para hacerme después unas entomatadas y por supuesto un litro de nieve de
garambullo.
Si no han visitado Tula aún los invito a que no se queden con las ganas de conocer la magia de
la ciudad, la amabilidad de su gente y la delicia de su comida.

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