Es un hecho que las relaciones del titular del poder Ejecutivo Federal con los Gobernadores de las entidades del
país, siempre será de lejecitos y con mucha prudencia, para que no le estorben en sus propósitos transformadores desde la administración federal.
Don Andrés López Obrador, dejó que los desaires de sus seguidores en contra de los mandatarios creciera al grado tal que, muchos terminaron por dejar de preocuparse si el presidente de la República taba en sus entidades o no, al fin y al cabo cada cual tenía sus propios intereses de tipo político y de realización de programas en beneficio de las regiones de cada entidad.
Incluso, durante los dos primeros años, el Presidente de México dio muestras claras de los desaires a los
mandatarios estatales del Norte de la República debido a que, se agruparon en su contra porque no les pareció que haya tanta inversión en el sur sureste, mientras que, las otras entidades que aportan la mayor parte de los recursos fiscales no tienen ni para sostener las acciones de seguridad porque la administración central ha cambiado las prioridades y no es la región más productiva del país, sino aquella que más requiere de dinero público para sostenerse.
El solo hecho de que, en las entidades del país haya un designado para que coordine las acciones de la Federación generó mil y una complicación política y redujo a casi cero la intervención de los funcionarios federales para aplicar recursos de forma coordinada con los funcionarios federales y los sectores que más resintieron esa extraña relación, son el rural, porque no hay manera de que las prioridades de agricultores y ganaderos interesen al gobierno central.
Incluso, para la designación de esos a quienes llamaron súper delegados, se tomaron en cuenta criterios como el
hecho de que fueran adversarios del Gobernador o de su equipo de colaboradores, para que no hubiera duda de
que serían como cuñas y que presionarían a los mandatarios hasta el límite, para que las acciones populista se
ejecutarán y con ello garantizar clientelismo electoral para que, a la vuelta de las votación para el relevo en las
gubernaturas, el Partido Movimiento de Regeneración Nacional, PMRN, siente sus reales.
Ahora a casi tres años de distancia, la relación del presidente de la República con los Gobernadores da la idea de
ser a conveniencia del inquilino del Palacio Nacional, por ello es que, desde la administración federal salen
acusaciones contra aquellos mandatarios que no se dejan pisotear y cuándo quieren exponer sus razones, son
marginados, como sucedió con el Gobernador de Michoacán, Silvano Aureoles Conejo, a quien ya, en forma directa López Obrador dijo que no le recibiría.
También, a unas semanas de que haya 15 nuevos mandatarios, el propio titular del Poder Ejecutivo Federal, señala que se entrevistará con los Gobernadores de las entidades y que los recibirá a todos poco a poco, para tratar temas como el de la seguridad con la idea de optimizar los planes existentes, sin embargo, la apertura para escucharles no es total, irán para que les tomen la foto con el presidente de la República y que los mexicanos se percaten de que les atención, sin embargo, eso jamás querrá decir que se llevarán a cabo acciones conjuntas para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.
Obvio, los hay como el de Nuevo León, Jaime Rodríguez Calderón, quien fuera adversario de López Obrador en la
elección presidencial del 2018, que sabe a la perfección que así como la entidad que él gobierno no ha tenido el
respaldo dela federación, no la tendrá durante el tiempo que le queda a él al frente de la administración, es decir,
unas 10 semanas más, por ello, su interés para lograr acuerdos en Palacio Nacional es mínimo.
Obvio, el hecho de que, como no se veía ante, las relaciones entre el presidente de la República y los Gobernadores no sean correctas, cordiales y al menos de coordinación, nada tiene que ver con las dudas sobre el Pacto Federal, aunque queda bien claro que la intención del Gobierno central no es de estar bien con la entidad, mientras no haya mandatarios del PMRN, aunque también eso dista mucho de ser garantía de coordinación, porque al menos, el Gobernador de Veracruz, Cuitláhuac García Jiménez, anda por la libre y no le hace caso a nadie del equipo presidencia, y ante la sarta de errores que ha cometido al presidente López Obrador parece no llamarle la atención establecer acuerdos a partir de las necesidades de los veracruzanos, más bien, en la práctica se ve que el Gobernador tiene trabajar sobre los dictados que le llegan desde la capital del país.
Por cierto, el Gobernador de Tabasco, Adán Augusto López Hernández, es de los que parecen no tener iniciativa
propia y tampoco se le ve capacidad para generar acciones que enfilen al crecimiento de la entidad, más bien está listo para la foto con funcionarios federales y dejarles que hagan aquello que quieran en su entidad, por ello hay que pensar que dentro de unas 10 semanas habrá 11 mandatarias y mandatario más en el país que se convertirán en súbditos del poder federal.
Extraña relación entre los protagonistas del Pacto Federal, cuándo debería de ser al revés, es decir, una gran
coordinación para los programas, estrategias, planes y desde luego en el otorgamiento de inversiones que apunten al desarrollo y progreso de los estados.
Además, mientras las preferencias presidenciales apunte al sur sureste no se requiere ser un buen gobernador de
esas entidad, con solo ser responsable del poder Ejecutivo Estatal será suficiente, en tanto que, desarrollar ese
encargo en el Norte y Centro del país entraña fortaleza y la toma de decisiones políticas y administrativas que
multipliquen el trabajo estatal en el entendido de que, el respaldo de la Federación jamás llegará, así se pidan mil y una audiencia en Palacio Nacional.
Tampoco es correcto pensar que las gubernaturas mengüen en estos tiempos de izquierda light, pero, jamás será
igual el desempeño de un gobernador de los de antes en Veracruz, en comparación con el de ahora. Ahí está el
dilema.

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