Se le ubicó porque nunca tuvo un pelo en la lengua y
además porque desde su espacio laboral siempre empujó para
que sus compañeros burócratas se abrieran el camino que les
permita no formar parte de un mundo jodido, que hoy es tan
clásico.
Alta, morena y con rasgos que eran comunes en la época de
las mujeres que adornaban con loas a Pancho Villa, ella era
única porque nunca aceptó la crítica destructiva o, sea,
porque siempre se imponía su última palabra.
Fue secretaria particular de la polémica Nelly Camacho, en el
SUTSPET, lugar desde el que premió con trabajo y bases
laborales a todos aquellos que se le acercaron y que sabían
que era como la luz al final del túnel para enfrentar su
precaria situación.
Y Blanca Valles Rodríguez, actual lideresa de ese organismo
defensor, siempre la calificó como “Una mujer chingona”.
porque tenía garra, carácter fuerte, carisma y muy bromista,
algo que hace poco común a muchas féminas tamaulipecas,
sobre todo aquellas que son originarias de Jiménez,
Tamaulipas.
Fue tal vez por eso rápido hacia química con quien tenía
enfrente, no obstante de su cara dura y del manotazo, en su
escritorio.
De su vida privada escasean los datos, pero su familia me
pidió que escribiera esto, porque en vida le hubiera agradado
leer y mentarme la madre, si me paso de listo.
Ella casi nunca separó el cigarrillo de la boca, disfrutaba de la
comida picosa y del café, pero sobre todo de un aparato de
televisión, porque era muy fanática y valoraba cada deporte,
aunque nunca practicó uno de ellos.
En los cumpleaños familiares a su edad sacaba fuerzas para
embarrar de pastel el rostro del festejado y le gustaba jugar
con las muñecas de tela, por lo menos esa era la broma a la
que siempre recurría.
Como amigos, figuraban en su lista famosos artistas plásticos
locales que siempre la miraron con admiración y cariño,
porque ya jubilada montó un taller para enmarcar sus
cuadros, como si fuera la piel resistente de cada obra.
Ayer falleció como consecuencia de varias enfermedades
crónicas ALVILDA LUDIVINA DE LA FUENTE GARCIA a
los 83 años en su casa luego de transitar por varios hospitales,
una mujer que pidió eso, ver por última vez las cuatro
paredes de su habitación y a su familia cerca de ella.
Se fue y en ese momento se escuchó el fuerte sonido de un
rayo que provocó que en su cuadra se suspendiera él servicio
eléctrico. “Apenas acaba de llegar al cielo y nuestra mujer
chingona ya hace de las suyas”, dijo sonriente uno de sus
familiares.
Doña LUDIVINA, a quien también se le conocía como “La
huerca cabrona”, tuvo 8 hijos entre mujeres y hombres, pero
su adoración era su nieta KARINA LIZBET VILLA LOPEZ,
una doctora que no tiene palabras en este momento para
describir su sufrimiento.
La señora fue esposa de Don JOSE NIEVES LOPEZ LARA
(qepd), y es seguro que siempre se le recordará entre la
burocracia de Tamaulipas, porque se las ingenió para
esquivar los abrojos.
Adiós Doña y desde allá espero que no se enoje.
Y, que me miente la madre.
Correo electrónico; [email protected]

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