Quienes hemos logrado brincar el año, para fortuna de nosotros y
nuestras familias, debemos agradecerlo y con este 2021 reconocer
también el cambio.
Ahora que se avecinan los procesos electorales, campañas y cosas de
candidatos, muchos prometerán el anhelado cambio que a muchos
seduce, y provoca, empujando y dirigiendo hacia lo que quisiéramos
como individuos y sociedad lograr para el estar bien.
Pero estimados lectores no me refiero a ese cambio. Eso es ilusorio,
mero espejismo, un reflejo nada más. Me refiero al cambio genuino, al
que se valida en la voluntad y decisión personal, al que nos empodera
y adueña de la situación, moviéndonos como personas a un mejor
estado de cosas en el plano individual y colectivo, como producto de la
consciencia crítica, de la reflexión, así como la valoración profunda de
lo que representa cada cosa en nuestra vida y en la de nuestros seres
queridos.
Este 2021 y el cambio anhelado indiscutiblemente es en los temas de
la salud, la economía, la estabilidad emocional, el equilibrio ecológico,
la alimentación, el trabajo y por supuesto no falte el sustento en la mesa
de ninguno de los hogares, ante la crisis que se ha venido gestando
debido a la nueva normalidad, donde se han perdido empleos, con el
cierre de empresas y negocios.
¿Qué podemos cambiar, para lograr este 2021 se convierta en un año
con más probabilidades para el bienestar general?
Lo platicaba con mi equipo, poco antes de presentar el
libro Mujeres y Hombres de Cambio, preguntándoles ¿Qué consideran
ustedes, debemos cambiar en estos tiempos difíciles que se han
tornado además convulsos y de incertidumbre?
Definitivamente, el egoísmo, eso debemos cambiar, y ser más
solidarios, fraternos, empáticos, sensibles, con una nueva actitud de
servicio, dispuestos a sumarnos a los retos, de aprender a unirnos frente
a la adversidad, de dejar a un lado el ser indiferentes, ser más humanos.
Eso y mucho más respondieron amables mis colaboradores.
Y acto continuo, repliqué ¿Y por qué no hacerlo desde antes que
surgiera esta crisis sanitaria por la que atravesamos todos?
Un breve silencio se apoderó de casi todos, hasta que volví a inquirir,
¿Alguien sabe por qué no cambiamos antes de las crisis, para lograr
evitarlas?
El dolor o el placer, estos dos estados ambivalentes son los que nos
provocan el cambio, es decir mientras no experimentemos uno u otro,
no habrá un cambio real. Todo lo demás es demagogia.
Así que los estragos que ha provocado la actual crisis, por el covid-19,
irremediablemente traerá aparejado un fuerte cambio, y esperamos
desde luego que este sea para bien de la sociedad, así como la
humanidad.
Solo así podremos alcanzar a comprender el poder de las crisis, y sin
perder la esperanza, la re construyamos para pensar en términos de
2021 y el cambio.
La autora es Máster en Derecho Público y doblemente Doctorada Honoris Causa. Abogada,
Catedrática, Escritora y Conferencista. Presidenta de Vive Mejor Ciudadano A.C. Comisionada
Nacional e Internacional de Derechos Humanos.







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