Es indudable que la Palabra de Dios escrita en la Biblia que se
proclama cada semana en la misa dominical es un alimento, una
orientación y una reflexión para el creyente.
Este domingo se puede decir a quien debemos servir a Dios o a
los hombres.
En la primera lectura tomada del libro del profeta Isaías, 45, 1. 4 –
6, Dios se vale de un rey no judío, Ciro, para realizar sus planes, porque
Dios saca bienes de males, “Por amor a Jacob, mi siervo, y a Israel, mi
escogido, te llamé por tu nombre y te di un título de honor, aunque tú no
me conocieras. Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mí no hay Dios”.
Y san Pablo en la segunda lectura tomada de la carta a los
Tesalonicenses, 1, 1 – 5, dice: “En todo momento damos gracias por
ustedes y los tenemos presentes en nuestras oraciones. Ante Dios,
nuestro Padre, recordamos sin cesar las obras que manifiestan la fe de
ustedes, los trabajos fatigosos que ha emprendido su amor y la
perseverancia que les da su esperanza en Jesucristo, nuestro Señor”.
Y frente a esta doble invitación a renovar la fe en el Dios verdadero
se presenta el texto evangélico, presentado por san Mateo: 22, 15 – 21,
en donde el evangelista presenta a los fariseos buscando la manera de
hacer caer a Jesús, y, por decirlo así, lo tientan para ver si cae. No hay
que olvidar que Diablo quiere decir “El Tentador”, y la pregunta que le
hacen es: “Maestro, sabemos que eres sincero y enseñas con la verdad
el camino de Dios y que nada te arredra, porque no buscas el favor de
nadie. Dinos, pues, qué piensas: ¿Es lícito o no pagar el tributo al
César?
Es interesante contemplar a Jesús como un hombre totalmente
libre que no se deja atar por las alabanzas; ni tampoco por el miedo que
pude generar la reacción de la gente.
Ya lo dije se le tiende una trampa a Jesús: Jesús solicita la
moneda donde está grabada la efigie del César, por lo cual se reconoce
la soberanía del César. Y Jesús responde “al César lo que es del César”.
Pero es más interesante la segunda parte de la respuesta de
Jesús: “a Dios lo que es de Dios”. Que esto viene a confirmar lo que ya
dijo la primera, y la segunda lectura. Jesús distingue claramente quien
es Dios, e invita a cumplir con los compromisos sociales siempre y
cuando no vayan en contra de la enseñanza de Dios. Esto presupone
una conciencia del creyente madura, iluminada por la fe y animada por
la caridad.
Que el buen Padre Dios conceda a todos los creyentes la claridad
para saber poner a Dios en primer lugar en todas sus actividades.
Conscientes que cuando se aporta algo para mejorar la sociedad, se
está sirviendo a Dios y cumpliendo su voluntad.
Que el buen Padre Dios les conceda su paz, amor y alegría.
Obispo Antonio González Sánchez






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