Los bonos de guerra son un instrumento financiero que emplean los estados para financiar las
operaciones militares durante un periodo de guerra. Al igual que cualquier otro tipo de bono,
devenga intereses y el Estado amortiza la deuda (es decir, el Estado adquiere una deuda con un
particular o una institución y tiene que devolverle al acreedor el dinero prestado y pagarle los
intereses correspondientes). Estos bonos también son objeto de clasificación por organizaciones
independientes que evalúan la seguridad del bono.
Pueden estar garantizados o no, y tener una duración de corto, mediano o largo plazo. Aun
cuando los bonos estén garantizados, si el gobierno emisor queda en mal estado después de la
guerra, el acreedor corre el riesgo de perder el dinero invertido.
Una vez que estalló la guerra en Europa el gobierno federal de Estados Unidos decidió seguir la
recomendación de Morgenthau reduciendo la inflación sacando dinero de circulación mediante
la emisión de Bonos de Defensa. En el momento en que Japón atacó Pearl Harbor, los Bonos
de Defensa cambiaron de nombre a Bonos de Guerra. Estos títulos de deuda tenían el propósito
de financiar la construcción de armas y daban un retorno de apenas 2,9% después de 10 años de
plazo.
Pese al reducido salario familiar promedio se estima que el gobierno le pidió a unos 134
millones de estadounidenses que compraran Bonos de Guerra, además y de manera simultánea
emitieron sellos de correos desde 10 centavos de dólar para posteriormente ser cambiados por
Bonos de Guerra.
El Comité de Finanzas de Guerra fue el encargado de supervisar la venta de todos los bonos, y
el Consejo Publicitario de Guerra promovió el cumplimiento voluntario con la compra de
títulos. El trabajo de esas dos organizaciones produjo el mayor volumen de publicidad en la
historia de EE.UU. En nombre de la defensa de la libertad de Estados Unidos y la democracia,
y como refugio seguros para la inversión, se le instaba constantemente al público a adquirir
bonos.
Los anuncios comenzaron por la radio y los periódicos, y más tarde se incorporaron las revistas
para llegar a las masas. La campaña de bonos fue única, puesto que tanto el gobierno, como las
empresas privadas, participaron creando anuncios publicitarios. Millones de avisos
publicitarios, desde alimentos para bebés hasta fabricantes de aviones, contenían cuando menos
una línea que rezaba: “Compre Bonos de Guerra” o “Apoye el esfuerzo de guerra comprando
Bonos”.
La industria del cine se puso manos a la obra para fomentar la venta de bonos. La primera actriz
que colaboró en la guerra fue Marlene Dietrich ya que tenía fuertes convicciones políticas. La
actriz Carole Lombard, esposa de Clark Gable, fallecía en accidente de avión cuando regresaba
de su estado natal en acto de apoyo de las acciones bélicas contra Hitler.
Dorothy Lamour fue una de las más activas en promover la venta de bonos de guerra, se estima
que gracias a ella se recaudaron 21 millones de dólares. Cary Grant destinó todas las ganancias
de la película The Philadelphia Story a esta causa.
Finalmente la crisis económica que se padece en el mundo a causa del coronavirus, para muchos
europeos es lo más parecido a los estragos vividos en la segunda guerra mundial, por lo que
algunos restaurantes en Londres, están vendiendo “bonos de guerra”.
Los clientes compran bonos hoy, que podrán usar en el 2020 cuando vuelvan a abrir y durante el
2021. La ventaja que están otorgando a sus clientes es estar vendiendo bienes y servicios con
un porcentaje de beneficio para no quebrar… ósea las empresas londinenses están vendiendo
algún bien a 100 para retribuirlo en un 125 a 150 y de esa manera siguen recibiendo ingresos.
Este tipo de bono de guerra causada por el Covid-19 puede ser una buena opción para las
empresas que necesitan seguir recibiendo ingresos para seguir pagando a sus empleados, y
mantener la empresa a flote.

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