La vida en el polo norte y en el polo sur

La vida en el polo norte y en el polo sur

Polo norte y polo sur.


Cd. de México.-El Ártico, en el norte, y el Antártico, en el sur, son los dos océanos polares de nuestro planeta. Pero hay notables diferencias entre ambos ecosistemas que repercuten en las diversas especies animales que los habitan. En última instancia, el polo norte es un océano circundado de continentes y grandes islas, mientras que la Antártida es un continente rodeado por un océano. Este hecho explica, por ejemplo, que las temperaturas en el sur sean más extremas que en el norte.

Los griegos le dieron el nombre a la Constelación de la Osa, formada por un conjunto de estrellas situado al norte. La región más septentrional del planeta fue bautizada Ártico porque arktos era el término griego para “oso”. Lo curioso fue el posterior descubrimiento de que sólo en la región ártica había osos. El oso polar, el más grande y carnívoro de los úrsidos, es también uno de los más amenazados. Después de la caza furtiva descontrolada, la amenaza más peligrosa y difícil de afrontar es sin duda la del calentamiento.

En el sur no tienen osos, pero su fauna también tiene especímenes propios. La foca leopardo es la única que se alimenta de presas de sangre caliente. Uno de sus platos preferidos son los pingüinos. Estas aves, tan torpes en tierra como ágiles y veloces en el agua, se distinguen de sus primos del hemisferio norte (araos, frailecillos, etc.), en un detalle apenas, pero de vital importancia: no vuelan. Quizá sea la existencia de predadores terrestres como lobos, zorros y comadrejas, amén de los osos, lo que explique que las aves marinas del Ártico sí hayan desarrollado sus capacidades de vuelo.

En el Antártico tampoco se dan los pequeños cetáceos dentados (beluga y narval). Y sin embargo, el más extraño o al menos peculiar de los dos polos sigue siendo el sur. El Antártico es un gran ecosistema cerrado, determinado por las corrientes marinas que se generan en sus propias aguas. Las corrientes marinas que circunscriben el continente helado arrastran grandes masas de krill, un diminuto crustáceo de 50mm de longitud. El krill es la base de la pirámide alimenticia del Antártico, el alimento del pingüino, del petrel, de las focas y de las ballenas.

Como la adaptación de las especies a las bajas temperaturas ha sido admirable, el mayor escollo no es el frío sino la falta de luz. Cuando los días se acortan, la Antártida presencia una serie de migraciones, sólo omitidas por algunos pocos animales. Entre las aves, el pingüino emperador, decide pasar el invierno allí mismo. También La foca de Weddell se queda. Debido a su incapacidad para largos desplazamientos, se sumerge en las oscuras aguas bajo los hielos. Las aguas están frías pero en ningún caso lo están tanto como en la planicie, donde las temperaturas pueden caer hasta los 90º bajo cero.

Por su parte, en las migraciones el Ártico se convierte en una casa de locos. Grandes bandadas de gansos, patos, araos y todo tipo de gaviotas alzan el vuelo dirección sur. Huyen del frío y de la oscuridad. Algunos, como los charranes árticos, emprenden un viaje extraordinario que los llevará al polo contrario, a la Antártida, en busca del entonces tan querido verano austral. Para que luego los humanos se quejen a causa de insignificantes viajes y atascos de cinco horas en la Operación Salida.