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La Escuela Gral. Pedro José Méndez

Por: Agencias
octubre 20, 2021
in Opinion
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Los antecedentes de la educación pública en Tamaulipas, incluyen una historia de
esfuerzos, carencias, escenarios violentos, obstáculos y triunfos. Si bien existieron avances
sustanciales durante los gobiernos del porfiriato y post revolución, todavía en la actualidad
varios de los problemas relevantes se refieren a la cobertura, falta de maestros y eficiencia
educativa, sobre todo en municipios de menor desarrollo.

Uno de los momentos de mayor inclusión de las clases populares a la escuela
primaria, sucedió durante el gobierno del General Lázaro Cárdenas del Río, quien instauró
desde su llegada a la presidencia de México, la reforma constitucional del artículo 3º. Esta
medida, trajo como consecuencia no sólo la implementación de la ideología socialista en la
educación, sino también el surgimiento de numerosos planteles educativos y urbanos. La
mayoría se fundaron en condiciones precarias, bajo la iniciativa de obreros, campesinos y
el entusiasmo de jóvenes maestros.

La Escuela Primaria General Pedro J. Méndez de Ciudad Victoria, es un ejemplo de
esta modalidad que llama la atención de los investigadores del tema. Acerca de sus
orígenes, no contamos con documentos de la fecha exacta del inicio de labores. Algunas
fuentes orales, aseguran que se creó a mediados de los años treinta del siglo pasado, gracias
a un grupo de vecinos del famoso Barrio El Pitayal. En aquel tiempo, era un sector periférico
de la capital tamaulipeca habitado por una sociedad de artesanos, peluqueros y jornaleros
agrícolas, entre ellos Ignacio Castillo, Luciano Torres y Simón Saldaña -jarcieros- y Juan
Castillo Aguilar -originario de Guadalcázar-, alfarero y constructor del templo de Cristo Rey.

A pesar de las enormes dificultades, existieron en este lugar personas que apoyaron
el proyecto encaminado a transformar el contexto social de los habitantes del Pitayal. La
primera sede de la escuela, fue una casa particular de la calle 20 Aldama y Mina, propiedad
de don Gregorio Acuña y posteriormente de la familia Gatica. Parte de esa enorme
residencia, habilitada como plantel escolar colindaba con un callejón que conducía al
antiguo Camino Real a Tula. Don Goyo, como era conocido el mencionado filántropo, tenía
suficientes recursos económicos, por lo cual decidió apoyar las tareas educativas.

Todo inició entre 1934-1935, es decir en los albores de la educación socialista
cuando aparece su primer director el maestro y después notable masón Jesús Ornelas
Zavala, originario de San Carlos, Tamaulipas quien egresó en 1918 de la Escuela Normal del
Instituto Científico y Literario del Estado. En esos momentos, basado en la enseñanza de la
historia el gobierno federal centraba sus esfuerzos en diseñar un modelo educativo
nacionalista, bajo el espíritu de la unidad humanitaria entre los mexicanos. Probablemente
otro de sus directivos o maestro fue Antonio Ilizaliturri, miembro de una familia de
profesores y abogados entre ellos Luis, Manuel y Emigdio Ilizaliturri, impulsor del
sindicalismo magisterial en esa época.

Ante la necesidad de un edificio propio, el director Tito Mota Tijerina acudió ante el
gobernador Magdaleno Aguilar vecino de ese barrio, para solicitar la construcción de
instalaciones modernas. El 15 de mayo -Día del Maestro- de 1943 el gobernador, los
integrantes de la Liga de Padres de Familia, el Comité de Mejores Materiales, autoridades
militares y funcionarios de gobierno colocaron la primera piedra del plantel en un amplio
solar al poniente de la Escuela Industrial Álvaro Obregón.

Como parte del protocolo, se redactó un pergamino colocado en una cápsula del
tiempo. Además del ejecutivo, entre la lista de firmantes se encontraban Tito Mota Tijerina,
Jesús Ornelas Zavala, Pilar Barrón, E. Aguilar, Refugio Gatica, Alfonso Cervantes, María de
los Ángeles de León, Virginia Z. de Aguilar, José Luis Castillo L., Moisés Barrón, L. Cepeda M.,
M. Medina B. y otros.

Después de más de un año de trabajos de arquitectura, el edificio fue inaugurado a
principios de enero de 1944 casi al concluir la Segunda Guerra Mundial. Asistieron al acto
el gobernador Aguilar, el profesor José Martínez y Martínez, director de la Escuela Industrial
Álvaro Obregón y otros invitados. El nombre de la escuela fue dedicado uno de los héroes
más importantes de Tamaulipas, luchador en varias batallas durante la Guerra de
Intervención Francesa hasta su muerte en Tantoyuquita en enero de 1867.

La construcción de la nueva escuela, tuvo un costo aproximado de 80 mil pesos.
Pedagógicamente se desarrolló en el contexto político del presidente de México Maximino
Ávila Camacho, quien implementó un importante modelo educativo de la mano del notable
escritor y secretario de educación Jaime Torres Bodet. En ese tiempo se impulsó un
proyecto de alfabetización masiva en todo el país. Para ello, se fundó el Instituto Federal de
Capacitación del Magisterio, donde se actualizaron miles de maestros empíricos. Es decir
quienes no habían concluido o realizado estudios normalistas.

Originalmente la Escuela General Pedro José Méndez era para niñas y niños, es decir
bajo el sistema de coeducación. Sin embargo, al paso del tiempo se abrió el servicio de turno
vespertino en la Escuela Adalberto Argüelles, la cual funcionó provisionalmente en el
Mercado Argüelles y después en el 10 Matamoros esquina norponiente. En ciclos escolares
de diferentes épocas, se hicieron cargo de la dirección las maestras Epigmenia Galarza
Martínez, Sorais García Cerda de Castañeda y Rita Balboa de Falcón.

El sólido edificio que operó con sus mismas características durante varias décadas,
era arquitectónicamente similar a la escuela del Ejido La Libertad y el primer plantel de la
Colonia Nacozari. La entrada era por la calle Berriozabal y en lo alto de la fachada aún
sobrevive el Escudo de Armas de Tamaulipas, en colores brillantes y alto relieve. En una de
las paredes del zaguán, había un óleo del General Pedro J. Méndez y una biografía del prócer
escrita por el ingeniero candelario Reyes.

Sus muros son de piedra, ladrillo, sillar y originalmente los techos de lámina de
asbesto. Tenía 8 aulas, dirección, 2 sanitarios, canchas deportivas de voleibol y un patio de
recreo de tierra donde los niños jugaban canicas y trompo. Aún se conserva el teatro al aire
libre, donde se realizan actividades culturales, graduaciones, festivales escolares, honores
a la bandera y ceremonias cívicas. Por sus aulas han transitado alumnos, maestros y
directivos que durante más de 70 años dejaron huella en este plantel educativo. Por
ejemplo, Concepción González Sánchez, Elvia Rangel de la Fuente, Luz María Hinojosa,
María Alicia Garza, Araceli Rodríguez Rodríguez y Candelario Balderas.

Desde su apertura, el contexto social y territorial de la escuela era modesto, rodeado
de importantes espacios públicos por ejemplo el parque de beisbol, estadio Marte R.
Gómez, alberca olímpica, Escuela Industrial Álvaro Obregón, Plaza de Toros, centros
comerciales y amplias vialidades. Al paso del tiempo se convirtió en uno de los sectores
más privilegiados de la capital, sin perder el espíritu de identidad tradicional del antiguo
Barrio El Pitayal.

Inicialmente, la escuela como institución pública educativa de prestigio contribuyó
a cubrir la demanda de los habitantes del sector norte y norponiente de la capital
tamaulipeca. Al paso del tiempo su cobertura se amplió a otras colonias del sector, por
ejemplo Pedro José Méndez, Ascención Gómez, San Francisco Terán, Periodistas, Viviendas
Populares, Tamatán y otras. A casi cien años de su existencia, la Escuela Primaria General
Pedro J. Méndez, vive en la memoria de los victorenses.

Fuentes: Luciano González Mireles; ex alumno 75 años de edad, Araceli Ibarra Malibrán, ex
alumna y bailarina del Conjunto Típico Tamaulipaco; Dorita Imelda Aguilar Ibarra, ex
alumna; profesor Carlos Benavides, yerno del profesor Jesús Ornelas; escultor Salvador
Castillo Malibrán, ex alumno 88 años de edad y profesora Aracely Rodríguez, ex directora
del plantel.

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