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Victoria y Los Garajes

Por: Agencias
agosto 11, 2021
in Opinion
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El desarrollo de la industria automotriz a partir de la segunda década del siglo XX,
generó la apertura de gasolineras, refaccionarias, llanteras y garajes por diferentes rumbos
de la calurosa capital tamaulipeca. Años más tarde, debido a la construcción de la Carretera
Nacional estos lugares proporcionaron servicio a caravanas de turistas conductores de
inmensos y elegantes automóviles de marcas famosas, procedentes de Estados Unidos y
Canadá. Además de proteger bajo techo los lujosos vehículos Lincoln, Houdson, Oldsmobile,
Cadillac, Chevrolet Coupe y otras marcas clásicas, los propietarios de las pensiones ofrecían
recarga de gasolina, talleres mecánicos y refacciones de importación.

En 1918 la palabra “Garage” de origen francés, se pronunciaba con frecuencia en la
localidad. En la calle Morelos 93, operaba el Garaje Ford de Antonio Sánchez Saldaña, uno
de los primeros negocios de ese giro, donde reparaban automóviles, parchaban llantas,
vendían accesorios y refacciones a precios equitativos.

Para 1920 sobre la avenida Hidalgo No. 82 estaba el almacén Higuera Hermanos,
expendedores de llantas Good-Year para camiones, carruajes y automóviles, gasolina Pierce
Oil de alto octanaje, accesorios para vehículos y las famosas llantas Kelly Springfield. Sobre
al comercio llantero, su principal competidor era Cruz Medina y Hermanos bajo la marca
General Tires. Dichos comerciantes despachaban en la misma avenida bajo el anuncio: “El
75% de los automóviles de Victoria, usan estas llantas” mientras el parque vehicular no
rebasaba las cien unidades, incluyendo las carrozas de la funeraria de María de Jesús
González. Otro empresario llantero fue Alejandro Aznar Gutiérrez, establecido en la calle
Hidalgo en la década de los cuarenta.

Benito de la Garza y su hermano, eran dos mayoristas importadores muy conocidos
en la capital tamaulipeca. Después de abrir El Puerto un próspero almacén de abarrotes en la
esquina poniente del 9 Morelos, decidieron dedicarse a otro ramo mercantil que novedoso
prometía futuro y buenas ganancias. Además de la maderería y ferretería, se convirtieron en
concesionarios y vendedores de carros y refacciones de automóviles Ford, llantas y tubos –
cámaras- Good-Year y Firestone.

En 1921 cuando inauguraron el Gran Hotel Palacio, ya existía el Garaje Internacional
atendido por López y Sánchez en la Avenida Francisco I. Madero ó 17. Reparaban toda clase
de maquinaria de gasolina, con especialidad de motores estacionarios, arreglo y carga de
acumuladores. Por esos años -marzo de 1923- durante cuatro noches consecutivas se exhibió
en el Teatro Juárez la serie La Banda del Automóvil Gris. La asistencia fue regular porque la
gente se quejó debido al precio de cuatro pesos cada función, considerado desorbitante
porque afectaba la economía de las familias victorenses.

En 1929, el Congreso del Estado aprobó a Marcos Angulo representante de la
Compañía de Petróleo El Águila, permiso para instalar en el camellón central en contra
esquina de Palacio de Gobierno y sobre la acequia de la avenida, una estación de servicio de
combustible de automóviles. Años más tarde Zenón Zuani, abrió por el mismo rumbo una
gasolinera en el 16 Hidalgo.

Definitivamente a partir de la década de los cuarenta, los garajes aumentaron de
manera considerable. En el 8 Juárez existía otro, propiedad del señor Salvador Cano a un
costado del Restaurant Quick Lunch Ritz de Pedro Téllez. Primero se denominó Garaje Cano
y en 1937 se transformó en Garaje Huasteca con servicio de gasolina, lubricantes, reparación
de automóviles, lavado y engrasado a presión. En tanto el Garaje Azteca atendido por Amado
y Héctor Treviño Saldaña operaba en la calle Juan B. Tijerina y Carrera Torres, uno de los
cruceros más importantes de la Carretera Nacional México-Laredo. Inicialmente en 1932 el
Garaje Central del 8 Hidalgo y Morelos fue propiedad de E. Villarreal, especializado en
reparación de automóviles, venta de refacciones y enderezado de carrocería. “Taller de
pintura Duco-Hilacar, gasolina, aceites y grasas. Servicio de aire a toda hora, vulcanizadora
de llantas y tubos. Engrasamos y lavamos su coche gratis.”

El negocio con la misma nomenclatura pasó temporalmente a manos de Vicente Gil.
En la década de los cuarenta se inauguró en ese lugar una refaccionaria de las hermanas
Fernández, originarias de Monterrey, Nuevo León. Su hermano Rubén traspasó el negocio a
Vicente López y Pascual Ruiz denominándose Refaccionaria Garaje Central. Vicente López
fue hijo de Jesús López nacido en Morelia, quien logró un importante capital gracias a sus
actividades en camiones de volteo durante la construcción de la carretera Victoria-Soto La
Marina. Al poco tiempo de arribar a Victoria, contrajo matrimonio en Ciudad Victoria con
Luz Contreras.

El Garaje Victoria, establecido en 8 Guerrero y Bravo, fue propiedad de Oralia
Guerra  viuda de Villarreal. Su ubicación era de las mejores en la ciudad, en pleno tránsito
de la Carretera Panamericana. Tenía servicio de estacionamiento y gasolinera. Rodeado del
Hotel Bryson, Café California, Transportes del Norte, cafés, El Nacional y restaurantes
algunos de ellos abiertos las 24 horas del día. La mayoría de los garajes aparecían en revistas
internacionales de turismo y automóviles, por ejemplo la Comercial Travelers Guía de
Latinoamérica, AMA y El Automóvil en México. El costo de pensión por una noche, costaba
entre uno y dos dólares. En esa época algunos de los pocos atractivos de la ciudad para los
turistas varones, era la zona de tolerancia, salir de cacería y practicar la pesca.

Enfrente de la Plaza Hidalgo a un costado de la Iglesia de Nuestra Señora del Refugio
se encontraba el Garaje América. El predio era propiedad de la familia Zorrilla y comprendía
una estación de gasolina PEMEX, estacionamiento, servicio mecánico, combustible, lavado,
engrasado y un café administrado por Gervacio Sánchez en los años cuarenta. Una década
más tarde se concesionó al chef cubano Antonio Martínez. En los años setenta, cambio su
nombre por Restaurante La Tía en recuerdo a la legendaria cocinera fallecida en un trágico
accidente.

El contexto de este ambiente comercial, generó para un gran sector victorense una
economía de subsistencia. De igual manera, el desarrollo tecnológico automotriz fortaleció
la mano de obra calificada al surgir mecánicos, vendedores de refacciones, despachadores de
gasolina, vulcanizadores, pintores, hojalateros, choferes, especialistas en grúas, lava carros,
electricistas y otros oficios relacionados con el giro vehicular. En el mismo sentido, la
comunicación hacia el centro del país y otras ciudades de la República, fue más rápida gracias
a las líneas de transportes foráneos de pasajeros -Frontera, Blancos, Flecha Roja, Rojos y
Matamoros- que instalaron sus oficinas alrededor de la Plaza Hidalgo.

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