Esta pandemia ha resultado un revulsivo que desprogramo a la sociedad de una
vorágine suicida a donde se encaminaba.
La tecnología especialmente los celulares resultaron el agente que propicio un
cambio brutal en el comportamiento de la sociedad, eliminó barreras de idioma y
distancias, de pronto vimos matrimonios logrados a través de noviazgos virtuales,
desuniones matrimoniales, engaños por falsa información etc.
Pero también la delincuencia se adaptó a la cibernética y encontramos redes de
prostitución, pornografía, sectas religiosas etc. Por la otra faceta se dieron nuevos
nichos de mercado a través de ventas por internet, una nueva fase laboral se
empieza a generar y es el trabajo en casa.
Sin embargo los más afectados son los jóvenes, las futuras generaciones de
ciudadanos que aún no se casan, hay cifras espeluznantes que nos invitan a la
reflexión, según la UNICEF (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia y la
Adolescencia) el 46% de los jóvenes reporta menos motivación para realizar
actividades que antes disfrutaban.
El 27% reporta ansiedad severa a causa del encierro y la falta de interacción física
con sus amistades, un 15% padecen depresión lo cual es aún más grave toda
vez que están en la antesala del suicidio de no atenderse;
Un 30% están muy preocupados por la situación económica de sus padres,
rematando con que el 43% de los jóvenes están pesimistas por su futuro, hay
mucha deserción escolar, jóvenes a punto de culminar sus estudios ya no les
interesa, porque no ven fecha próxima para la reanudación de sus cursos
escolares.
Hay algo importante que considerar los hábitos se rompen en 21 días, muchos de
estos se rompieron, las personas aprendieron a gozar de su soledad y lo que
antes motivaba en las reuniones de amigos, ya no les parece interesante, dejaron
de importar los lujos, el glamour y lo ostentoso, cada vez más el ser humano se
dio cuenta de su vulnerabilidad al ver familiares, amigos y afectos caídos por el
coronavirus..
Por ello muchas prioridades cambiaron, sobre todo para los adultos y personas en
plenitud de vida, pero la juventud está en caos, su etapa de desarrollo se colapsó,
se acabaron las reuniones de amigos, noviazgos, fiestas escolares, juegos
deportivos y programaciones vacacionales, los círculos de amistades se redujeron
territorialmente a su entorno vecinal.
La mayoría alteraron su reloj biológico, se duermen a las 3 o 4 de la mañana
chateando y alimentándose de noticias de la red, se levantan a las 11 am , el
desayuno lo hacen en horas de comida, a veces ya no comen, cenan a las 2 am
y hay una desconexión y falta de comunicación con sus padres porque los
horarios ya no compaginan.
El sector salud está detectando mucho embarazo adolescente con una variante,
las mujeres se embarazan solteras, antes lo hacían en unión libre, ahora ya no se
ve que el padre se haga cargo del producto, parece ser que son relaciones
intrascendentes tal vez al calor de encuentros ocasionales.
El gran problema se da en los niños de 1 a 14 años, es conocido que en esa etapa
se absorbe todo del entorno y los buenos o malos hábitos adquiridos formarán
parte de ellos de por vida, no sabemos aún como impactará en el futuro de ellos y
del mundo en general, toda vez que ellos serán los que lo dirijan.
En fin querido lector los valores de la sociedad están extraviados, las instituciones
religiosas ya no hacen su papel de inculcar el buen vivir, el buen hacer y el bien
servir, los gobiernos poco pueden hacer por la sociedad, es un fenómeno fuera de
su alcance del ámbito psicológico, Es responsabilidad de los padres de familia
rescatar la familia y los padres debemos hacerlo por el bien del mundo futuro.
Buen provecho.

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