Recuerdo que en la etapa de adolescencia, siempre pedía a mis padres, que me
dieran permiso para ir a vacacionar en los meses de julio y agosto, a la Ciudad de
México, con mi tío Álvaro Abundis Noriega (+), nativo de Ocampo, Tamaulipas y mi
tía Alicia Luna, además de sus hijos Héctor, Álvaro, Alfredo, Agustín y Francisco.
Aunque me hacían repetidas travesuras los primos, me gustaba andar en el Distrito
Federal, a la edad de 10 años, conocí la Basílica de Guadalupe, el Palacio Nacional,
el Zócalo, el Castillo de Chapultepec, el Instituto Politécnico Nacional, la Universidad
Nacional Autónoma de México y la Torre Latinoamericana, por manifestar algo.
Pero de las cosas que más disfrutaba, era viajar diez horas en autobús, claro
acompañado de mi padre o bien de un pariente cercano, desde Ciudad Mante,
Tamaulipas, hasta la capital de la república, recorriendo la vieja carretera nacional
México-Nuevo Laredo, que seguía la ruta de la sierra del estado de Hidalgo.
A pesar de que el periplo era generalmente de noche, tanto de ida como de regreso,
sí alcanzaba a comprender la peligrosidad del trayecto, pues a finales de los
setentas, la carretera nacional “85”, se caracterizaba por su estrecho trazo, lo que
obligaba a los operadores de autobuses, estar muy atentos para evitar accidentes.
Con el paso del tiempo, me enteré de los innumerables percances carreteros, que
hubo por décadas en la montaña, en ocasiones los vehículos ligeros, camionetas
pickup, transporte de carga y autobuses foráneos, surcaban la ruta de noche,
lloviendo y con bancos de niebla, con destino a México y la frontera.
Según Wikipedia, la MEX 85, “fue la primera carretera que unió a la Ciudad de
México con la frontera de los Estados Unidos, dicha obra fue ejecutada por la
Comisión Nacional de Caminos en 1925, gracias a los auspicios del presidente
Plutarco Elías Calles”.
Para 1926 se efectuó un estudio técnico, buscando el trazo entre Pachuca y Ciudad
Victoria, pasando por Ixmiquilpan, Zimapán, Jacala y Tamazunchale, así como una
ruta alterna por Real del Monte, Atotonilco el Grande, Vega de Metztitlán y Molango
y la obra fue entregada el 1 de julio de 1936, por el mandatario Lázaro Cárdenas.
Este camino fue un logro de la ingeniería civil, al conseguir descender en diferentes
tramos de la carretera, desde la Ciudad de México cuya altitud es de 2,250 metros
sobre el nivel del mar, hasta llegar a Tamazunchale (SLP) con 140 msnm, lo que es
uno de los sectores más accidentados de la Sierra Madre Oriental.
Para tal efecto se abrieron terracerías en la bajada al Valle de Tasquillo, se tuvo que
llegar a las Barrancas de los Mármoles, localizadas en el estado de Hidalgo, en
donde trabajaron las cuadrillas de ingenieros y técnicos, en la que resaltan cantiles
y desfiladeros, ejecutándose terraplenes de gran volumen en toda la localización.
La multicitada carretera bordea Pachuca (HGO), Tamazunchale (SLP), Ciudad
Victoria (TAM) y Montemorelos (NL), incluso su trayecto inicia en la Puerta Central
del Palacio Nacional de la CDMX y la “85” es la ruta original de la Carretera
Panamericana, desde la capital de la república hasta la frontera norte (Wikipedia).
La longitud total del camino es de mil doscientos treinta y un kilómetros, desde la
puerta central del Palacio Nacional en la Ciudad de México, hasta un Puente
Internacional, que une las poblaciones de Nuevo Laredo, Tamaulipas, en México y
Laredo, Texas, en los Estados Unidos refiere Wikipedia.
Cuentan los cronistas de la carretera federal 85, que se buscó “un trazo
complementario al de los ferrocarriles de la época, evitando en lo posible que la
nueva carretera, corriera paralela a una vía férrea, integrando de esta manera,
regiones tradicionalmente aisladas y ricas en recursos a la economía nacional”.
Cabe mencionar que en Ciudad Valles, S.L.P., existe el boulevard México-Laredo,
que sigue el trazo original de la carretera nacional “85”, en Ciudad Mante (Tam),
también hay la avenida Juárez, que recorre la ruta de la carretera México-Laredo y
en Ciudad Victoria (Tam), se da el mismo caso con la vía Juan B Tijerina (calle 8).
Regresando con mis paseos por CDMX, quiero citar que fueron muy significativos y
aleccionadores, dado que en cada rincón de esa gran metrópoli, se respira la
historia de nuestra nación, por ejemplo visitar el Palacio Nacional, el Castillo de
Chapultepec y la Basílica de Guadalupe, es revivir el espíritu patrio y el culto a la fe.
Facebook: olimpobaezcedillo Twitter: @guiadelbien







Discussion about this post