No era necesario un doctorado sobre
relaciones exteriores ni una larga carrera en
ese ámbito para tomar una decisión sensata y
acorde a la realidad, simplemente debió imperar
el sentido común en la relación no siempre
tersa entre nuestro país y Estados Unidos.
Por eso la posición del gobierno mexicano al
retardar el reconocimiento del triunfo electoral
de Joe Biden sobre el actual presidente Donald
Trump, motiva muchos y diversos comentarios
de quienes recomendaron actuar de esa
manera.
Y desde luego aparece en la punta de la
crítica el Secretario de Relaciones Exteriores
Marcelo Ebrard, que demostró falta de tacto y
conocimiento de la política norteamericana o
compromiso de algún tipo con Trump, que por
cierto se ha cansado de demostrar el poco
afecto que tiene por el pueblo mexicano.
Aquí lo malo es que no solo queda en la picota
del ridículo Ebrard sino que embarca al
Presidente Andrés Manuel López Obrador en un
asunto que debería ser de mero trámite, y que
puede complicarse en el trato cotidiano con el
nuevo gobierno del norte.
Volviendo con nuestro país los que “bailan en
una pata” son los que quieren aparecer en la
boleta electoral el 2024, donde el canciller
mexicano parece puntear por los logros
obtenidos en los encargos que le ha dado el
Presidente, y además por incrustar como
dirigente de MORENA a Mario Delgado en una
cuestionada elección de la que formaron parte
los órganos electorales.
Por cierto en la elección estadounidense el 75
por ciento de los mexicanos que viven en aquel
país votaron por Joe Baiden, dejando claro el
poco arrastre y labor de convencimiento de los
mexicanos de los que se valió Donald Trump
para la conquista del voto latino que creía tener
en la bolsa.






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