Poniendo al frente de Morena a un candidato
comprometido con un presidenciable malos
augurios hay para el partido del Presidente,
porque seguirán los jaloneos de los grupos
hacia el interior ya que hay otros que también
acarician la idea de estar en la boleta electoral
el 2024.
Y sin duda quienes tomaron la decisión
perdieron la gran oportunidad de fortalecer el
partido, poniendo en la dirigencia a alguien no
comprometido con grupos, de confianza total
del Presidente Andrés Manuel López Obrador,
que le entiende a estos menesteres, y que por
su edad solo tiene el propósito de irse de éste
mundo haciendo historia y contribuyendo a la
democracia de México.
También se espera que mengue la eficacia del
equipo gobernante, porque quienes “tienen su
corazoncito” buscaran evitar soluciones
efectivas de los grupos de otros aspirante “a la
grande”, simplemente quedándose quietos.
Sera necesaria una actitud drástica del jefe
del gobierno, pero no debe olvidarse que donde
anidan aspirantes presidenciales son instancias
claves para la vida política y el desarrollo del
gobierno mexicano, y en un momento dado
habrá de notarse.
Por otra parte sin pararse a reconocer si las
mentadas encuestas para elegir dirigente
partidista estuvieron bien o mal, la
participación de los órganos electorales está
dando mucho de qué hablar, pues aun cuando
estuviera apegada a la verdad mal sabor de
boca deja en muchos de los militantes y
simpatizantes de Morena.
Y al perderse la gran oportunidad de una
elección clara en todos los aspectos y sin la
mínima sombra de duda, los ciudadanos
mexicanos seguirán esperando que algún día se
haga el milagro de creer que cuando haya una
elección llegara siempre el que decidan las
mayorías.







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