Al llegar a la presidencia Adolfo López Mateos (1958-1964), encargó a su
Secretario de Educación el humanista Jaime Torres Bodet, que realizara un
diagnóstico del sistema educativo mexicano. Los resultados fueron tan graves
como el de que, de cada mil niños que ingresaban a la primaria, 866 desertaban
en algún punto de este nivel de educación y solo uno lograba terminar una carrera
universitaria.
Para abatir este rezago en la atención de la demanda social en educación y
prevenir las fluctuaciones de las políticas públicas y del financiamiento en la
educación básica, emprendió su Plan de Once Años o Plan para el Mejoramiento y
la Expansión de la Educación Primaria en México, cuyos ejes principales fueron: la
expansión de la educación primaria, la profesionalización de los docentes y la
creación de la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos.
El gobierno de López Mateos construyó miles de Aulas-Casa para las más
apartadas localidades rurales, a las que dotó de una biblioteca de 40 volúmenes
de autores consagrados a nivel mundial en literatura, historia y ciencias. Además
creó el programa de desayunos escolares. Pero su mayor obra, de más
trascendencia histórica e impacto social fue la de los libros de texto gratuito. Cuya
elaboración, encargó a los intelectuales, historiadores, pedagogos y artistas más
distinguidos y reconocidos de su época.
Al frente de este magno desafío editorial estuvo el escritor, periodista y editor
Martin Luis Guzmán. Nunca, en la historia de México, se había hecho un tiraje de
16 millones de libros.
En el artículo tercero constitucional se garantizaba que la educación pública
debería ser gratuita. Pero esa promesa no podía ser cumplida mientras la
enseñanza no llegara a todos los rincones del país y la gratuidad incluyera
también los libros de texto que son indispensables para los estudios y tareas de
los niños en formación.
Pero además no era solo la cantidad de libros lo que importaba al presidente
López Mateos y a su secretario de educación, sino sobre todo el contenido que
fuera el más eficaz para “desarrollar armónicamente las facultades de los
educandos, prepararlos para la vida práctica, fomentarles la conciencia de la
solidaridad humana, orientarlos hacia las virtudes cívicas y principalmente,
inculcarles el amor a la Patria”
Para 1960, en solo dos años sorteando todo tipo de problemas y dificultades se
logró la proeza de elaborar, imprimir y poner en las manos de todos los niños de
primero a sexto de primaria sus libros de texto gratuito. En 1998 y 1999, esta
política para los libros de texto se extendió al nivel de la educación secundaria.
Pero este reto de la gratuidad que hace 62 años, el Estado mexicano surgido de la
Revolución Mexicana afrontó con éxito, hoy en plena hegemonía de la sociedad
digital y de la crisis sanitaria mundial por la pandemia por COVID-19, tiene una
demanda social adicional: la de la inclusión. Este reto implica hacer llegar los
libros de texto gratuito todos los niños, niñas y adolescentes incluyendo los que
deben ser especialmente elaborados para los menores de pueblos originarios, es
decir indígenas y niñas y niños con discapacidad.
La Lic. Gisela Leticia Galicia, graduada en Historia por la Facultad de Filosofía y
Letras de UNAM), con más de 20 años de experiencia en la industria editorial
nacional e internacional, afirma que aunque existe un marco jurídico internacional
y nacional para garantizar la inclusión educativa en educación básica y existe
programas y acuerdos y mecanismos para la elaboración y producción de libros de
texto especialmente elaborados para estudiante indígenas y con discapacidad,
todavía existe retraso en la incorporación de los conceptos, lenguaje y materiales
para considerar que ya se ha logrado la meta de la inclusión educativa en México,
particularmente en cuanto a libros de texto gratuito.
Pese a todo el trabajo de la Comisión no es para nada desdeñable pues
actualmente edita y publica los libros de texto de todos los niveles de educación
básica, además de telesecundaria, de 64 lenguas indígenas, braille y macrotipo.
Para cubrir los 200 millones de ejemplares necesarios se complementa en la
contratación de empresas editoras privadas. También se ha iniciado el uso de las
versiones digitales para reducir el impacto en la tala de árboles y para incorporar
las nuevas tecnologías de la comunicación y el aprendizaje en la educación de los
niños.
En resumen, ante la magnitud y la complejidad de las necesidades educativas en
el nuevo contexto de la sociedad digital y del imperativo de una educación gratuita,
universal, de calidad e inclusiva, no hay todavía una plena satisfacción, menos
aún en medio de una crisis sanitaria y económica como la actual, sin embargo el
esfuerzo del Estado mexicano y la conciencia de padres de familias y de
estudiantes con discapacidad cada vez más conocedores de sus derechos y
empoderados, hacen abrigar la esperanza de que pronto estaremos en el camino
de mejorar y reducir los rezagos de la educación inclusiva, para la cual como en
1958, los libros de texto gratuito tanto en su versión impresa como digital son
recursos fundamentales e indispensables.







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