Cd. De México, 04 de Octubre del 2020.- Recientemente se ha publicado un estudio sobre la susceptibilidad de 410 especies de vertebrados a SARS-CoV-2 basado en modelos de ordenador de la proteína ACE2, el receptor que permite la entrada del virus en la célula.
En la membrana de determinadas células de los vertebrados existen unas moléculas, denominadas ACE2, cuya función es convertir las hormonas angiotensina I y II en moléculas que funcionan como vasodilatadores y participan en la regulación de la tensión arterial y en el sistema cardiovascular.
Aunque la función es la misma en todos los cordados, la secuencia de estas moléculas es diferente en los diferentes grupos y familias. Por avatares del destino, la ACE2 humana encaja perfectamente en determinados aminoácidos (que llamaremos RBD, de receptor binding domain) de la glucoproteína S de SARS-CoV-2, la más externa y expuesta del virus. Por eso, actúa como receptor del virus.
Tras producirse el acoplamiento, se envían señales al interior de la célula (como si fuera la contraseña correcta) que permiten al virus penetrar en la célula.
La cantidad de virus ha sido tan alta que ha permitido que, aunque la contraseña distara de ser perfecta, algunas células fueran engañadas y permitieran la entrada de los virus, sobre todo si los animales mostraban otras patologías. Sin embargo, cuesta creer que este haya sido el caso del tigre de Siberia del zoo de Nueva York.
Una posible explicación a estos casos de infección con riesgo medio podría ser que el virus empleara alguna molécula diferente de ACE2 como correceptor, una segunda contraseña. No sería excepcional puesto que en virología se conocen bastantes ejemplos de este fenómeno. Uno de ellos es el HIV-1 (el virus del sida), que además de utilizar el receptor CD4, necesita también una segunda molécula, bien CCR5 o bien CXCR4, nombres que esconden moléculas receptoras de quimioquinas.
Por tanto, se puede hipotetizar que SARS-CoV-2 también emplea un correceptor en el caso de especies animales cuya ACE2 no es idéntica a la humana. Por otra parte, no debemos olvidar que el estudio en cuestión se basa en modelos de ordenador que podrían no haber identificado perfectamente los aminoácidos claves en el reconocimiento ACE2-RBD de S. Los propios autores recuerdan la necesidad de ser cautos en la interpretación.

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