Como sociedad estamos viviendo una realidad muy triste, nos
hemos alejado de Dios. Y aquí entramos personas de todas las edades.
La Palabra de Dios escrita en la Biblia que hoy se proclama en la
misa dominical es una invitación a acercarnos a Dios. No como
concepto teológico, sino como lo que es una persona. Dios Padre
amoroso que ama a la humanidad. Y que es fuente de todo bien.
En la primera lectura de la misa de este domingo tomada del
primer libro de los Reyes, 19, 9. 11 – 13, presenta al profeta Elías que
sube al monte Horeb entró a una cueva y permaneció allí. “El Señor le
dijo: “Sal de la cueva y quédate en el monte para ver al Señor, porque
el Señor va a pasar”. Elías se queda en el monte y llega un viento
huracanado, pero el Señor no estaba ahí. Se produce un terremoto,
pero el Señor no estaba en el terremoto; vino un fuego pero el Señor no
estaba en el fuego. Después se escuchó el murmullo de una brisa
suave. Al oírlo, Elías se cubrió el rostro con el manto y salió a la entrada
de la cueva.
Les invito a reflexionar: es necesario alejarnos a un lugar solitario
sin ruido para poder sentir la presencia de Dios. Vivimos con demasiado
ruido y no podemos escuchar a Dios.
En el texto del Evangelio, tomado del evangelista san Mateo, 14,
22 – 33; es un texto que sigue inmediatamente al texto del domingo
pasado, después de la multiplicación de los panes.
Jesucristo envía a los discípulos delante de Él, como queriendo
enseñar que es importante que los creyentes, y las comunidades, y las
familias aprendan a caminar delante de Él.
Y algo parecido a la primera lectura: “Después de despedir a la
gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba él solo
ahí”.
Jesucristo, el Maestro enseña que es necesario buscar el silencio
para hablar con Dios. Para orar con Dios. Dice el Catecismo de la Iglesia
Católica que el creyente aprende a orar contemplando Jesús orando.
En la segunda parte del texto evangélico se narra que la barca iba
ya muy lejos, y las olas la sacudían, porque el viento era contrario. Y a
la madrugada vieron a Jesús acercarse a ellos caminando sobre el
agua. Ellos se asustaron y Jesús les dijo esa frase que se encuentra
muchas veces en la Biblia: “Tranquilícense, y no teman. Soy yo”.
En la vida cotidiana de todo creyente existen muchos
problemas que a veces se siente que los agobian; ahorita se está
viviendo un problema de salud, es aquí cuando se tiene que
escuchar esa Palabra alentadora de Jesús: “No Teman” pero
necesitamos hacer oración, pedirle a Él. Y se tiene que sentir lo
que le pasó a San Pedro cuando sintió miedo: “Inmediatamente
Jesús le tendió la mano, lo sostuvo y le dijo: Hombre de poca fe,
¿por qué dudaste?”.
Se puede orar con las palabras de la oración de la misa: “Dios
todopoderoso y eterno, a quien, enseñados por el Espíritu Santo,
invocamos con el nombre de Padre, intensifica en nuestros
corazones el espíritu de hijos adoptivos tuyos, para que
merezcamos entrar en posesión de la herencia que nos tienes
prometida.
Que el amor y la paz del buen Padre Dios les acompañe siempre.
Antonio González Sánchez







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