Cd. De México, 01 de Agosto del 2020.- El antropólogo Brian Hare ha escrito Hipótesis de la domesticación donde explica que los perros pasaron de ser lobos grises a animales con habilidades sociales con los que interactuamos igual que lo hacemos con otras personas.
Puede que uno de los motivos por los que nuestra relación con los perros es más satisfactoria que con los humanos es que los perros nos dan un amor incondicional, sin críticas y positivo.
No es casualidad. Han sido criados de manera selectiva para que estén pendientes de las personas. Una resonancia magnética muestra cómo el cerebro del perro reacciona con el mismo entusiasmo antes sus dueños que con la comida. Los perros reconocen a las personas y aprenden a interpretar las emociones de los humanos y sus expresiones faciales.

No es de extrañar que los humanos respondan positivamente a este afecto, a esta ayuda y a esta lealtad. Mirar a un perro puede hacer que las personas sonrían.
La psicóloga Julie Axelrod afirmó que la pérdida de un perro es tan dolorosa porque los propietarios no están perdiendo solo a una mascota. Puede significar la pérdida de un amor incondicional, de un compañero que les brinda seguridad y comodidad, y puede que haya protegido a ese ser como a un hijo.
La pérdida de un perro puede alterar también gravemente la rutina del propietario, mucho más que si hubiera perdido a un pariente o a un amigo. Para los dueños, sus horarios diarios, incluso en vacaciones, pueden girar en torno a las necesidades su mascota. Los cambios en el estilo de vida y en la rutina diaria son unos de los principales causantes del estrés.

Es cierto que la muerte de un perro es terrible. Pero los dueños están tan acostumbrados a la presencia reconfortante y sin críticas de sus compañeros caninos que, muy frecuentemente, acaban adquiriendo uno nuevo.

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