El tema de la corrupción, sin dudarlo, es uno de los principales problemas en México y el mundo. Eso lo sabemos todos, sin embargo, parece indicar que no todos están dispuestos a no ser parte de ella.
Y en nuestro país menos, porque simplemente “Quien no transa, no avanza”, piensan quienes se han enriquecido a expensas de incurrir en sobornos, tráfico de influencias, nepotismo y un sinnúmero de formas de corrupción.
Así de descarado está el asunto, por lo que ese nociva conducta se desarrolla en todos los niveles y
de distintas maneras, pero que en cualquier nivel que se presente no deja de ser menos grave y
lesivo a los intereses tanto de la Nación, Estados y ciudades como de sus ciudadanos.
Baste mencionar los recientes sucesos de políticos como el ex gobernador de Chihuahua César
Duarte detenido en Estados Unidos, hace poco más de una semana y en proceso de extradición; y
quien es investigado por peculado.
Por otro lado el ex director de PEMEX, Emilio Lozoya, apenas este viernes devuelto a México extraditado de España por presuntos sobornos ante el mayor escándalo de corrupción de los últimos tiempos: Obedrecht, y sus millonarios tratos por el petróleo, propiedad por cierto de todos los mexicanos, según mandata nuestra Constitución.
Ahora bien, estos asuntos como muchos otros que se han mediatizado, donde se ven involucrados principalmente políticos y funcionarios, así como empresas y particulares, a la mayoría de la
ciudadanía parece no importarle, dado que están ocupados en lo cotidiano.
La ciudadanía anda en su propia lucha y en mucho tienen razón, aunque no obsta para no dejar de enterarse, así como mantenerse informados de los hechos que mucho daño provocan malos servidores a la nación y que se refleja principalmente en la economía de los mexicanos y su derecho inalienable a tener acceso a mejores
condiciones de vida.
Hoy por ejemplo con la pandemia, el cierre de empresas, crisis económica, las muertes por Covid19, la falta de recursos para insumos hospitalarios, el desempleo, la ausencia de oportunidades concretas que garanticen bienestar y que en suma genera un clima en extremo adverso para los ciudadanos, nos debe hacer conscientes de la importancia para nuestra sociedad que combatir la corrupción es tarea de todos.
La información y la transparencia, así como un adecuado manejo de los recursos y la capacidad de exigencia de rendición de cuentas, son cualidades de los gobiernos modernos.
Los ciudadanos, por ende, nos corresponde hacer lo propio, y nunca será tarde para comenzar, por
un lado a través de inculcar valores a nuestros hijos, exigir un sistema de mayor calidad en la
educación, fomentar la cultura y el acceso a las manifestaciones del arte. Eso por cuanto hace a la
promoción de los valores y el ejercicio efectivo de los derechos.
Toda vez que la corrupción es un asunto intergeneracional, por lo que evidentemente no se erradicará de un día para otro, menos aún sin la participación de una ciudadanía consciente, participativa, exigente, mayormente informada, así como de pensamiento crítico, dispuesta a denunciar.
Por otro lado, atentos a los nuevos tiempos, mismos que traen aparejadas profundas lecciones para la sociedad y la humanidad en entero, en torno a muchos temas, en el que no puede soslayar la honestidad y la ética como principios reguladores de la conducta de los individuos como agentes decisivos para el cambio de fondo.
Consecuentemente, alentar a nuestros hijos a aspirar a las virtudes que engrandecen al ser humano, y nos hacen mayormente dignos y respetables como personas; por lo que impulsar a las nuevas generaciones a la cultura del respeto con cuestiones simples que van desde no comprar una calificación, a no pagar por una plaza, a no darle “moche” al tránsito, a no sobornar para agilizar trámites, solo por mencionar algunos malos ejemplos; es decir todos podemos contribuir al combate de la corrupción. Recordemos que cuando menos es de dos para que pueda gestarse el proceso de la corrupción.
Al respecto, conviene mencionar que si este tópico es motivo de reflexión no solamente lo es por
los casos de Duarte y Lozoya, que muchísimos más casos existen y del que la memoria colectiva
tiene registro, sino también por la negativa imagen que esto conlleva en el plano de los intereses
como país en el escenario del mundo y los costos que esto representa para el progreso como grupo
social.
Ahí tiene usted estimado lector, que de acuerdo a Índice de Percepción de Corrupción de Transparencia Internacional en 2019, ubica a México en el lugar 130 entre 180 países, mejorando 8 posiciones, dado que se encontraba en el lugar 138 en 2019. Aun así falta mucho por hacer, por lo que nos atrevemos a sostener que el combate a la corrupción es tarea de todos.
La Autora es Máster en Derecho Público, Egresada de UAT- UANL. Abogada, Ex Catedrática, Escritora
y Conferencista. Fundadora de Vive Mejor Ciudadano A.C. Impulsora de Estrategias sociales por la
infancia y la juventud.







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