Llegó de madrugada el príncipe de la inmundicia, un personaje, sobre el cual
pesan acusaciones de corrupción, en épocas del presidente Enrique Peña
Nieto. Como director general de PEMEX, Emilio Lozoya Austin, fue un pilar y
amigo del presidente de la república, y su amistad era quizá del más rancio
abolengo político mexicano, desde la época de sus progenitores.
Los Lozoya y Peña Nieto, el primero amigo personal de Carlos Salinas y el
segundo descendiente directo de Grupo Atlacomulco, fueron tejiendo sus
alianzas y si no hubiera sido por su alter ego, Luis Videgaray, entonces quizá
Lozoya, termina la gestión junto a Peña como presidente.
Pero eso no lo es todo, la Reforma Energética y el financiamiento de
campañas políticas, es quizá lo que más le interesa a López Obrador, y es
donde el fiscal Alejandro Gertz Manero, apretó las bolsas de plástico. Para
que todo lo que chorree, sea él, el primero en saberlo.
El junior de la realeza llegó en primera clase, se presentó en el reclusorio
norte y de ahí a un hospital privado, de los más caros y lujosos del país, el
glamour, nunca se debe de perder y la clase menos, dirían algunos
aristócratas; desde ese hospital, Lozoya, llevará su juicio, la negociación
estaba hecha desde antes, y el ex director no pasaría una sola noche en una
celda de ningún penal mexicano, y ha quedado comprobado.
Pero la función viene acompañada de más show político y electoral, La
pandemia se comió a muchos aspirantes, dejó por completo fuera de la
jugada a muchos súper delegados en el país, como el de Tamaulipas, que
entre repartidores de pizzas y aseadores de calzado, trata de explicar los
grandes retos para combatir el coronavirus, por parte del gobierno federal.
Parece ser, que así como el gobernador de Tamaulipas, copó todos los
espacios, y en bloque, con las propuestas de un nuevo pacto fiscal, el
presidente metido en problemas económicos, políticos y de imagen pública,
tuvo que soltar las amarras y dejarse querer por los gobernadores del país, a
cambio de la cooperación regional, donde los números tienen a Morena en la
lona política electoral.
Con la responsabilidad adquirida por los mandatarios estatales, el gobierno
federal empequeñece ante el público votante, y las rechiflas de Tabasco y
otras ciudades, prendieron las antenas de Palacio Nacional, y cuando vieron
las últimas encuestas, se dieron cuenta de la gravedad del asunto, o cuando
menos espero que se haya tomado la decisión de no polarizar y ponerse a
trabajar en conjunto, por el bien de todos los mexicanos, cuando menos en el
tema de la pandemia, que de plano, ya no se siente lo duro, sino lo tupido.
Pero para desfogar la atención está puesto el escenario, el director de escena
es López Obrador, el tramoyista se llama Alejandro Gertz, el coordinador de
reparto, es Santiago Nieto, y el actor y payaso Principal, se llama Emilio
Lozoya Austin.
Los números como suelen ser, son fríos, los resultados en las encuestas,
como lo demuestran las últimas del financiero, no favorecen, a Morena en
Puebla por ejemplo, y quizá por eso se explican los desdenes, del presidente
al gobernador de esa entidad, dicho de otra manera el presidente, se quiere
lavar la manos y no ser el culpable de la pérdida de Pueblana.
Pero también le crecieron algunos, que se pensaban muertos, como Miguel
Riquelme, de Coahuila, Silvano Aureoles de Michoacán, que aprovecharon la
pandemia y se subieron al barco de la popularidad.
Con estos números, el presidente no podría llegar ni a primera, si se habla en
términos beisbolisticos, y sus ajustes se ven y se notan, a los gobernadores
los atendió con delicadeza, aceptó la propuesta de estudiar, un nuevo pacto
fiscal, y se vio en términos políticos, conciliador y abierto, esperemos que sea
para bien de todos y no solo una llamarada de petate.
Al tiempo.

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