La Revolución Mexicana fue una de las épocas que dejó una marca muy profunda en la historia del país. Se trató de una etapa en la que México trató de salir adelante después de las revueltas y las guerrillas con repercusiones a nivel nacional.
En ese sentido, el sector del juego tuvo un papel relevante para el desarrollo del país, debido a que durante la década de los años veinte, se prohibieron las actividades de suerte y azar en Estados Unidos, lo cual provocó que muchos apostadores cruzaran la frontera para aprovechar y jugar en México.
El Hipódromo de Agua Caliente fue uno de esos principales centros que atrajeron a los estadounidenses. Fue construido en 1927 en Tijuana, debido a que la ley Volstead en Estados Unidos, la cual limitó mucho a la industria en Norteamérica y prohibió las bebidas alcohólicas.
Con inversión de cuatro socios, entre ellos Abelardo L. Rodríguez, quien después fungiría como presidente interino, el casino fue posible y se convirtió en uno de los más exitosos, debido a su cercanía con Estados Unidos y al ser el único en la región.
Sin embargo, fue expropiado por el presidente Lázaro Cárdenas en 1937 y clausurado. Actual complejo de juegos y deportes, el territorio actualmente tiene un hipódromo, un galgódromo, el estadio de Xolos de Tijuana y un complejo de juegos de azar, todos pertenecientes a Grupo Caliente.
El centro del país también tuvo grandes complejos que ayudaron en el desarrollo del juego. En 1931, el Hotel Casino de la Selva fue inaugurado en Cuernavaca, como un espacio que buscaba activar el turismo después de la Revolución. Su cercanía a la Ciudad de México lo hizo un centro de entretenimiento muy popular.
Con murales de David Alfaro Siqueiros, una vasta vegetación y un casino completo, muchas figuras de la época llegaron a hospedarse, como Miguel Alemán y Manuel Ávila Camacho, así como el escritor inglés Malcolm Lowry.
El complejo dejó de atender y su terreno fue comprado por una cadena de tiendas de autoservicio. Muchos se opusieron a su demolición, aunque solo pudieron salvarse los murales, la vegetación y la sala principal.
Asimismo, el Hipódromo de las Américas, en el poniente de la Ciudad de México, llegó a desarrollar el juego en México, desde su fundación en 1943, durante la presidencia de Ávila Camacho.
Gracias a las acciones de Bruno Pagliai, Gustavo Zepeda Carranza, Carlos Gómez y Gómez, José “Che” Méndez Salazar, Ben Smith y John L. Sullivan, el hipódromo fue una realidad, al erigirse sobre un terreno que le pertenecía a la Secretaría de Defensa Nacional.

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