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Arturo Castillo El Refranero de la Huasteca

Por: Francisco Ramos Aguirre
octubre 18, 2026
in Opinion
Alfabetizadores con Stalin en la Calle Hidalgo (2)
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El huapango o son huasteco, es un elemento de identidad y expresión cultural popular donde se conjugan la música, canto, poesía, baile, gastronomía y vestuario de una de las regiones más exuberantes de la República Mexicana, integrada por varias entidades principalmente Tamaulipas, San Luis Potosí, Hidalgo y Veracruz.

De acuerdo a documentos difundidos por el Archivo General de la Nación, una de las primeras referencias acerca de los bailes huastecos se remonta a 1629. Ese año la Santa Inquisición registró que entre los límites de lo que actualmente se denomina Veracruz y Tamaulipas, existieron bailes indígenas huastecos al son de un instrumento de palo llamado teponaxtle y una tambora, en honor del Dios Cantarillo. El ritmo fue catalogado cómo supersticioso, porque aseguraban que este ritual servía para curar a los enfermos. “Había mestizos, mulatos y personas afrodescendientes. Destaca el caso de Lucas Olola, esclavo de Hernán Pérez. Según la descripción bailaba desnudo, en cada cierto momento expulsaba espuma por la boca y pedía a una mujer indígena para aprovecharse de ella, sin que nadie interviniera, con argumento de curar enfermedades.”

A la par de los instrumentos musicales -jarana, violín y guitarra quinta- propios de este género musical; se empezaron agregar las canciones, topadas o trovas populares con diversas métricas literarias de origen español -cuartetas, sextillas y décimas- algunas de manera espontánea. Por su contenido temático y destinatarios, se estructuran de acuerdo a circunstancias y escenarios. Es decir, ceremonias sociales, funerales, gastronomía popular, conciertos y cantinas.

Similar a los sones jarochos, los habilidosos poetas repentistas intercalan entre los acordes musicales versos sorprendentemente amenos, burlones y divertidos, expresiones picarescas, alusiones sexuales y humorísticas. Desde el siglo XVIII los antiguos tamaulipecos se divertían en fandangos, jarabes y jaranas, según lo muestra en la litografía Fandango Mexicano (1847) el pintor M. Murguía donde aparece un grupo de parroquianos que se divierten bailando al ritmo de arpa, guitarra ççjarana o mandolina.

Arturo Tristán entre versos y Jaranas

El canto del son huasteco, narra Guillermo Prieto se interpreta con un falsete llorón y agudo, sin llevar compás ni tomar aire; pronunciando juntos la última palabra del canto. Es decir, el falsete surge dentro de los elementos que lo distinguen de otros géneros vernáculos, similares al son de La Acamaya en honor a un langostino de los ríos huastecos.

Yo me subí a una lomita,

a cortar hojas de té,

y me dijo mi negrita,

no corte, yo le daré,

hasta el sueño se me quita,

cuando me acuerdo de Usté.

Si te fueras a bañar,

no bebas agua del pozo,

ahí está un animalito,

que le dicen el roñoso.

No podemos hablar del huapango sin mencionar a los versificadores, que con sus cuartetas y décimas agregan sabor, sal y pimienta a las celebraciones musicales. Un ejemplo de Arturo Castillo Tristán, quien posee la genética y circula por sus las venas la tradición o herencia familiar poética de sus ancestros. Pertenece a la Asociación Cultural del Tamoanchan que significa “Ciudad donde habitaban los dioses.”

El poeta, decimero y trovador huasteco nació en Ciudad Mante, Tamaulipas en 1959 rodeado de un entorno propio de una exuberante región donde predomina la caña de azúcar, árboles de mango, cecina de novillo huasteco, zacahuil y hornos panaderos donde se elaboran pemoles, gordas de horno, aguardiente y tostado de sal.

El Mante es un municipio cercano a la población de Antiguo Morelos, donde nacieron sus progenitores Isaura Tristán Gámez y Juan Castillo Bautista. Es maestro de educación primaria, egresado de la Escuela Normal Federalizada de Tamaulipas y prestó sus servicios profesionales Citlaltépec, al norte de Veracruz donde se jubiló recientemente dedicándose desde hace varias décadas a la promoción cultural.

Desde 2005 fundó y coordinó la Fiesta Huasteca en Citlaltépec, Ver. Además de participar en diferentes foros, festivales y encuentros culturales en poblaciones pertenecientes a las seis entidades que conforman la región huasteca celebrados en México, D.F. y Manhattan, Nueva York. En varias ocasiones ha sido invitado por CONACULTA a los encuentros de música tradicional mexicana Son Raíz en Tlayacapan, Morelos (2006); Jalpan de Serra, Querétaro (2007); Playa Vicente, Veracurz (2008) y Arcelia, Guerrero (2009).

Respecto a la difusión de la música y versería huasteca, se ha distinguido por varios años cómo integrante del Consejo Editorial del Instituto de Antropología de la Universidad Veracruzana, publicando los cancioneros Del Gusto al Gusto, Mi Amor por ti nunca muere y otros. La Secretaría de Cultura de San Luis Potosí lo inscribió en el Encuentro de Decimistas de América Latina y el Caribe celebrados en Ciudad Valles (2005) y Río Verde (2007).

Arturo Castillo es un reconocido poeta relámpago de versos huastecos, gracias a su ingenio y habilidad para improvisar poemas populares. En determinadas circunstancias surgieron de su inspiración sorprendentes y sencillas metáforas impresas en obras literarias, compiladas en varios libros.

Algunos de sus poemas consignados en diversas publicaciones, se relacionan con el Orgullo de ser mexicano, poema que conecta elementos nacionalistas, tierra y cultura; en A mí me pinta la aurora, describe la belleza de México, diversidad de sus culturas y paisajes; sobre Mi México, muestra su cariño por este país y su conexión de enorme riqueza cultural. Parte de su obra ha sido publicada en la Revista de Literaturas Populares y está incluido en la Enciclopedia de la Literatura en México.

Refranes en la Música Huasteca

El refrán como expresión oral y literaria en México, se origina en España y terminó por extenderse en América Latina. En Ecuador por ejemplo se conocen versos donde se incorporan refranes, como éste que consigna Juan León Mera en el libro Cantares del Pueblo Ecuatoriano:

Mi padre fue carpintero

mi madre carpinterilla:

por eso dice el refrán:

“de tal palo tal astilla”.

Gran parte de las letras de los Aires Mexicanos y origen de la canción ranchera, están basadas en coplas mexicanas y refranes, es decir en composiciones derivadas del habla popular o campirana. En sus permanentes afanes para difundir el son huasteco, recientemente Arturo Castillo publicó en una edición de autor su obra ¡Ay! Reata No te Revientes (2026) basado en una selección refranes mexicanos.

Se trata de un interesante compendio de veros sobre nuestras tradiciones tamaulipecas que nos acerca de manera amena y sencilla, relacionada con el son huasteco. No se trata de refranes modificados, sino más bien de una interpretación literaria de los mismos, en la que destaca el ingenio e ideas a manera de rimas. El libro está dedicado al “Sabio, poeta y músico Román Güemes Jiménez (1953-2012).

Entre décimas y sextillas el lector se introduce al prodigioso mundo de la versería y música propia de las celebraciones huapangueras. Cada autor de las rimas de la lírica popular huasteca, se distingue porque le impone su propio estilo. Esto se logra a través del lenguaje y riqueza de sus palabras, metáforas, contexto social, picardía, calidad de sus rimas y sin sobre todo el impacto de quien las escucha.

Inspirado en la figura y significado de los refranes populares, una de las expresiones más antiguas de la literatura vernácula que aparece en las primeras novelas españolas, Arturo Castillo nos ofrece un repertorio de versos basados principalmente en dichos, frases, decires y sentencias campiranas. Algunos de ellos son muy antiguos, pero gracias a sus enseñanzas continúan vigentes en el imaginario colectivo. Después de todo, para salir de un apuro en los problemas o devenir de la vida cotidiana, siempre habrá un refrán entre los miles que existen, que nos ayude con su chispa de humor o consejo, a salir al paso de las dificultades.

De manera coloquial el maestro Castillo, quien tiene una larga trayectoria en asuntos de la cultura huasteca, nos ofrece en las páginas de este ameno libro, una apretada antología de frases vestidas con una breve explicación del autor, relacionada con la enseñanza que nos aporta la lectura o pronunciación de un refrán mexicano.

I

Así cómo estoy de añejo

yo quise tocar La Leva,

mi amigo me dio un consejo

para que nunca me atreva,

me dijo que chango viejo

no aprende maroma nueva.

II

Nadie cambia en los retratos,

cada quien es cada quien,

los retoños son muy gratos

nos dan ternura también,

no le aunque que nazcan chatos

nomás que respiren bien.

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