Chile, reconocido mundialmente por su producción vitivinícola, enfrenta una caída en el consumo de vino, menores exportaciones y dificultades para colocar su producción en los mercados internacionales.
El consumo interno de vino en Chile disminuyó 17.5% durante 2025, una de las mayores caídas registradas entre los principales mercados vitivinícolas. En una década, el consumo nacional se redujo aproximadamente 39.5%, reflejando un cambio importante en los hábitos de los consumidores.
La disminución de la demanda también ha repercutido en los viñedos. La superficie destinada a este cultivo se ha reducido, mientras algunas empresas enfrentan dificultades financieras y buscan alternativas para mantener sus operaciones.
A esta situación se suma el exceso de vino almacenado en las bodegas, que presiona los precios y complica la rentabilidad de los productores. El problema no afecta únicamente a las grandes compañías, sino también a pequeños viticultores que dependen de la venta de sus cosechas.
Las condiciones climáticas adversas y los bajos precios de la uva agravan el panorama, obligando al sector a revisar sus estrategias de producción y comercialización.
Los jóvenes cambian sus hábitos y las exportaciones retroceden
Uno de los factores detrás de la caída es el cambio generacional. Muchos consumidores jóvenes prefieren cervezas, cócteles preparados y bebidas con menor contenido de alcohol, mientras el vino pierde presencia en reuniones y celebraciones cotidianas.
La situación también afecta las ventas internacionales. Entre enero y agosto de 2026, las exportaciones chilenas de vino cayeron 9.9% en volumen y 7.4% en valor, según los datos recogidos por El País. Estados Unidos, uno de sus mercados importantes, redujo sus compras en valor un 33%, en un contexto marcado además por nuevos aranceles.
Ante este escenario, las autoridades y las empresas buscan abrir nuevos mercados, incluidos India y países del sudeste asiático, además de desarrollar productos que respondan a las nuevas preferencias de los consumidores.
Chile también ha comenzado a adaptar su oferta con alternativas de menor graduación alcohólica. La intención es atraer a quienes buscan moderar el consumo sin abandonar por completo el vino.
El ministro de Agricultura ha descrito la situación como un “proceso de ajuste importante”. El futuro del sector dependerá de su capacidad para recuperar compradores, diversificar sus productos y encontrar nuevos destinos para una producción que enfrenta una demanda cada vez más débil.

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