El Ejército estadounidense anunció nuevas restricciones para sus militares desplegados en Okinawa, Japón, luego de la detención de un marine de 20 años, sospechoso del asesinato de una mujer de 39 años.
La máxima autoridad militar estadounidense en la isla, el teniente general Benjamin T. Watson, informó que durante 48 horas se suspenderán las operaciones y no habrá permisos para que el personal abandone las bases.
Además, se estableció una prohibición total del consumo de alcohol, tanto dentro como fuera de las instalaciones militares.
Las medidas comenzaron a aplicarse este miércoles y forman parte de un periodo de capacitación y reflexión sobre la disciplina y las responsabilidades de los militares estadounidenses con la comunidad local.
El caso que provocó las restricciones ocurrió en la ciudad de Naha, donde la policía detuvo el domingo a un marine estadounidense señalado como sospechoso de matar y robar las pertenencias de una mujer en un hotel.
El militar permanece bajo investigación y, de acuerdo con reportes locales, niega las acusaciones en su contra.
Toque de queda durante 30 días
Además de la prohibición temporal del alcohol, el Ejército estadounidense estableció un toque de queda durante 30 días para sus tropas en Okinawa.
La restricción será de medianoche a las 5:00 de la mañana, a partir de este viernes.
Watson señaló que situaciones como la ocurrida requieren una pausa para reflexionar sobre la conducta, las normas y la relación entre las fuerzas estadounidenses y la población japonesa.
La decisión ocurre en un territorio donde la presencia militar estadounidense ha generado durante años debates y protestas entre habitantes, debido a incidentes relacionados con soldados extranjeros.
Estados Unidos mantiene aproximadamente 54 mil efectivos militares en Japón, de los cuales cerca del 70% se encuentran concentrados en Okinawa.
El gobernador de Okinawa, Genta Koja, volvió a plantear la necesidad de reducir las cargas que representa la presencia de las bases militares para la población local.
El caso también provocó reacciones del Gobierno japonés. La primera ministra Sanae Takaichi pidió tomar las medidas necesarias para responder al hecho, mientras que autoridades japonesas solicitaron explicaciones a Washington.
La situación vuelve a colocar bajo escrutinio la relación entre las comunidades de Okinawa y las fuerzas militares estadounidenses, mientras continúa la investigación sobre el asesinato.

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